–¡Te amo Bells!– fueron las últimas palabras que brotaron de la boca de
Jake.
Los perdigones caían sobre la carretera, como una lluvia de
granizo.
Una sórdida explosión
avisaba que las ruedas delanteras habían estallado por los impactos de las
balas.
Imagino que Charly había ordenado solo
detenernos, pero jamás de matarnos.
Jake pierde el control del vehículo
, me incorporo para visualizar
por la parte trasera de los cristales del auto y observar la escena.
Un fuerte estruendo contra el mismo y mi cabeza astillando
el parabrisas, anunciaba que frente a nosotros se percibía el trágico descenlace.
Una bala realizó estragos dentro del cuerpo de Jacobo.
Al detenerse el coche baja rápidamente en un intento de fuga,
pero por su gran pérdida de sangre desde su hombro, cae
pesadamente golpeando su rostro duramente contra el pavimento.
Todo sucedió en un segundo, mi rostro ensangrentado contra
el panel delantero. Y mi cuerpo adormecido en el asiento del copiloto.
De pronto la oscuridad.
En los últimos
momentos, la oscuridad más que una circunstancia paso a ser una
situación cotidiana en mi vida.
La imagen de Jake tendido y rodeado por un fluido
sanguinolento quedó grabado
en mi retina.
A lo lejos el sonido de las sirenas de las móviles
policiales, servicio de emergencias retumbaban en mi cabeza golpeada.
Una voz familiar sonó en mi alma alertándome que aún vivía.
En mi vida he estado
tantas veces cara a cara con la muerte y he salido victoriosa.
He llegado a pensar que se estaba ensañando conmigo con un juego macabro de poder, en el cual
hasta ahora he ganado.
–¡Edward! ¿Jacobo
aún respira?
–¡ Su pulso
tiende a desaparecer!– le respondieron a Charly desde el otro lado del coche.
Mucho mejor deberá
darme una muy buena razón para que viva.–los brazos de mi padre me cargaron
fuera del lugar del accidente. En
el móvil de emergencias me atendieron rápidamente, estaba consciente.
Jake era retirado con una mascarilla y la sirena de la
emergencia sonaba escandalosamente fuerte
junto a un móvil policial que hacia de escolta. Me imagino que iría a
ser arrestado.
Una vez asistida corrí torpemente arrojándome a sus brazos para llorar desconsoladamente.
–Edward no me abandones.–mi tono suplicante
hizo estragos en su corazón.
–Bella, siempre estaré a tu
lado.–sus labios se fundieron con los míos en lo que sería nuestro primer beso
de amor, que sellaría así su promesa.
–¡ Edward !–lo
llamó mi padre rompiendo el clima–acompaña a Bella a la estación, quiero saber
que esta pasando.
–Charly no creo que
sea el momento.–le sugirió – Deseo
llevar a Bella a un lugar alejado del pueblo y poder cuidar de ella.–sus palabras
más que suplicas le pedían permiso a mi padre.
Mi padre se quedo
pensativo por un momento, palmeo la espalda de él–Muchacho sé que cuidarás de
mi Bella – sus palabras fueron de confianza hacia él.
Gracias Charly ¡No te arrepentirás!– su corazón sonreía por
la victoria.
Mientras conducía hacia el pueblo realizó un par de llamadas
desde su móvil pidiendo comestibles para una larga temporada.
La única que conocía nuestro destina era Alice. Él debía
tomar todos los recaudos necesarios para evitar un nuevo atentado, aunque Jake pasaría unas
largas vacaciones internado.
–Pasaremos por el
pueblo a comprar algunas prendas y para tu aseo personal.–me habló en un tono sin derecho a replica.–Por el
dinero no te preocupes.–me dio la sensación de haber leído mis pensamientos,
sólo asentí con mi cabeza.
La carretera hacia
el pueblo parecía interminable, tenía mi visión puesta en la misma nada, no
podía dejar de pensar en los últimos días de mi vida.
Mi gran
interrogante era si Jake siempre fue así o había enfermado de repente.
Paso de ser un
esposo frío, distante y mujeriego a uno posesivo enloquecido por mi, alguien digno de temer y mantenerlo
alejado.
Quería convertir la
pesadilla de mi matrimonio en una añorada vida feliz junto a Edward al planificar la huida.
Pasamos por la
tienda de Mike.
Mis manos descansaban al costado de mi cuerpo
observando como la pila de todo tipo de ropa y calzado aumentaba de tamaño
sobre el mostrador.
Mike solo atinó a
preguntar algo sonrojado a donde iríamos de viaje.
–Bella saldrá del
pueblo con mi hermana. Estudiara medicina con ella.–se apresuró a contestarle a Mike. Fue conciso y cortante.
–¡Ya veo!–respondió
Mike alegremente porque había evacuado
su duda, de si vacacionaríamos juntos.
Extrajo de su
bolsillo su plástico y subimos al coche
con rumbo desconocido para mí.
Condujo fuera del
pueblo, cruzamos un puente con escasa agua y algo turbia.
–Sabes de niño
solíamos pescar aquí con mis hermanos.– miró hacia su lado con nostalgia en sus ojos.
–Algunas cabañas aparecían de manera
intermitente simulando un pueblo fantasma.
La noche realizó
su aparición con una gran luna brillante.
El pánico a lo
desconocido me invadía. Hacia horas que conducía absorto en sus pensamientos y
en silencio.
Quería decidir si
preguntar a donde me llevaba o simplemente esperar a que me sorprendiera,
cuando giro bruscamente para tomar un camino alterno que casi se desdibujaba en
el interior de la noche.
Se veía como un
sendero, sin señalizar, apenas visible entre el follaje.
Podría jurar que
de tener que venir sola, no encontraría el lugar.
Entre la
oscuridad circundante y la vegetación mi mente imaginaba sombras malévolas que
acechaban a nuestro andar.
Disminuyó la
velocidad a paso de hombre y apagó los
faroles de su vehículo
–¿ Tenebroso,
no?– me sorprendió su comentario en un hilo de voz mas tenebroso aún.
–¡Por
supuesto!–le respondí en un susurro.–¿Por qué no enciendes las luces?
–Supongo que es
mejor que los vecinos aledaños no nos vean llegar.
A escasos
kilómetros en la penumbra del bosque, se divisaba una cabaña como la de los
cuentos de hadas, toda iluminada, podría decirse hasta que estaba habitada.
–¿Te gusta?–me
preguntó con una amplia sonrisa.
–Tiene cierto …¿encanto?–sonó más una pregunta que una
afirmación, en realidad me sentía una princesa guarecida en el bosque de su
cruel y malvada madrastra.
–Cuando
terminamos el instituto mi padre me la obsequió. Junto a mis hermanos la
acondicionamos y ha sido nuestra guarida
por años .–me miró con picardía y me guiño su ojo.
–¡Qué bien!¿me traes a tu escondite?–le dije algo
ofendida, debo confesar que me dieron celos imaginar que otras mujeres han
pasado por su cabaña.
–¿Te has quedado
en silencio?–me dijo preocupado.
Detuvo la marcha.
Descendimos del coche. Me tomó la mano
de forma casual sin preámbulos.
Caminamos hacia
la puerta principal. Entramos.
El interior era
aún más majestuoso que el exterior.
Se encontraba muy
iluminada por lámparas colgantes, otras de pie y apliques sobre la pared formando
un zócalo sobre la parte superior de la pared.
Me llamó
poderosamente la atención que la planta baja sea una amplia habitación separada
por arcadas de madera antigua tallada a
mano. Una gran alfombra roja en el centro simulando la sala de estar deliciosamente amueblada, predominando la
madera por doquier hasta el bajo techo de vigas.
Aún sostenía mi
mano, subimos las escaleras alfombradas.
Este piso estaba
bien delimitado por paredes. Una gran habitación con colores cálidos, inmensos
ventanales, uno de ellos con una hermosa vista al lago generando cierta
majestuosidad.
¿mi sensación?. Si
no fuera por su compañía sería estar
totalmente desprotegida y expuesta por tantas aperturas.
–Bella ponte cómoda
–me dijo con una voz dulce y acogedora–estacionaré el coche y bajaré tus cosas.
–Me daré un
baño.–le dije sonriendo .Realmente me sentía atraída por él. Amaba a ese hombre, deseaba ser suya
en ese momento, mis pensamientos vagaban
por la habitación.
Mi cuerpo ansiaba
cada centímetro del suyo.
Seguramente por
ser tan caballero ignoraría mis deseos pensando que entre nosotros no pasaría
nada por lo mal que me sentía y por todo lo vivido. Que pena, en realidad tenía
sed de él y lo necesitaba para olvidarme de este día.
–Te dejaré sobre
el cobertor la ropa y cocinaré algo para
festejar.–se río por lo bajo.
–¿festejaremos? ¿Qué
cosa?¿que aún sigo con vida?–le dije riendo sarcásticamente.
–¡No Bella!,
festejaremos que estamos juntos.–me respondió mirándome a los ojos.
A decir verdad no
había prestado mucha atención en el almacén de Mike cuando compró la ropa.
La ropa de dormir
no eran lo que acostumbraba a usar y la braguita demasiada pequeña, para ocultar
mi parte femenina, aunque mis pantuflas de peluche eran graciosas.
La atmósfera
impregnaba mis fosas nasales de exquisito aroma a pollo frito haciendo agua mi
boca.
Baje las
escaleras apresuradamente como mis torpes movimientos me lo permitieron.
–Tome asiento
señorita Swan.–me arrimó el taburete a la barra desayunador. Creó que comí por los ojos, apenas probé un par de
bocados. Pero es digno de destacar que él sabía agasajar el estómago de una
mujer. Excelente cocinero.
Correspondía levantar
y lavar los trastos, mientras él los guardaba.
El aire se sentía
sexualmente tenso. Lo deseaba y supongo que el también.
Nos instalamos, apagó las luces y nos recostamos en el gran sillón de tres
cuerpos a mirar la tv que colgaba de la pared.
Su brazo pasó por encima de mis
hombros y me recosté en su pecho. Diablos que hermosa sensación de estar a
salvo me brindaba con solo tenerlo a mi lado.
Su mano comenzó a
frotar mi espalda, su aliento fresco rozaba mi mejilla.
Mi cuerpo se
encendía conforme sus manos realizaban un movimiento ascendente y descendente
por mi espalda. Rote sobre mi cuerpo, quedando mi rostro frente al suyo provocando
la irrefrenable necesidad de besarlo toda mi vida.
Su cuerpo se
tensó con mi proximidad y mi corazón palpitaba alocado.
–No haré nada que
tú no desees– me dijo con una mirada llena de deseos por mi boca.
Apoyo sus labios .–Bésame–apenas susurré cuando sus labios
ejercían presión sobre los míos y su lengua intentaba explorar mi boca.
El aire se sentía
viciado por la lujuria y la pasión que emanaban esos cuerpos. En un solo
movimiento me tomo por las muñecas y me coloco sobre su falda.
Mi fino piyama de
satén entró en contacto con su masculinidad a punto de explotar, sus dedos se entrelazaban en mi cabellera
jalando hacia atrás y autorizando a su lengua realizar un extenso recorrido por
mi cuello. Un mar de sensaciones encontradas me asaltaron desprevenida me sentía realmente deseada.
Mis caderas
comenzaron a realizar un suave movimiento ondulatorio que golpeaba sobre su
abdomen.–sigue así, no te detengan–las palabras sisearon entrecortadas en mi
cuello.
Diablos mi cuerpo
se prendía fuego, sus manos acariciaban
mis muslos y deseaba como una condenada perra que me hiciera suya.
Su boca buscaba
mis labios, mis movimientos habían mermado, eran lentos y jodidamente
provocativos. Sus enormes manos
acariciaban mi espalda con solo un movimiento me despojo de mi
camisolín dejando mis pechos al aire y vestida solo con mis diminutas
braguitas.
Su mano se
introdujo en mi entrepierna buscando mi sexo húmedo .Sentí la necesidad
imperiosa de retomar mis movimientos casi de manera instintiva acompasando el
suave movimiento de su mano. Manteníamos juntos el ritmo mientras me besaba
apasionadamente.
Mi cuerpo no
respondía a las órdenes de mi cerebro.
Con un movimiento
brusco se puso de pie, sosteniéndome desde mis muslos para luego tirarme sobre
la cama y despojarme de un tirón mi braguita de encaje.
Mientras buscaba
mi centro femenino, se despojaba de la poca ropa que aun tenia puesta con la
otra mano.
Ahí yacía mareada y desequilibrada por tanto
placer.
Mis gemidos
danzaban por toda la habitación. Presentía mi cuerpo que de un momento a otro
vendría la gran estocada.
–Te gusta, mi
amor–jadeo sobre mi oído. Enmudecí. Cuando por fin se encontraba en mi interior
apenas pude susurrar un si apagado.
Respirábamos con dificultad su rostro empapado de sudor me
regalo una gota que se depósito sobre mi pecho. Su movimiento se aceleraba
conforme mi corazón latía desbocado.
Podía sentirlo
dentro mio, su miembro erecto entraba y
salía acompañando una danza entre los dos. Miles de mariposas revoloteaban en
mi interior.
El tiempo quedo
detenido, el aire cargado de lujuria, despertaban mis sentidos más dormidos. Hacia
tiempo que no disfrutaba que me hagan el amor.
De repente la
noche nos arrebató los gemidos de ambos
para entrar en la quietud del remanso. Ambos nos habíamos fundidos en uno sólo.
Él permaneció
dentro mío descansando sobre mi cuerpo,
acariciando cada centímetro .Mis manos frotaban su espalda. Un lenguaje
corporal le daba las gracias a ese hermoso momento.
Así nos
sorprendió la mañana. Abrazados y sin ropa.
Cuando se
despertó para preparar el desayuno lo
observo con una mirada atenta hacia el
lago.
De repente, abrió
el ventanal y salió velozmente corriendo hacia el exterior.
–¡Bella! ¡Cierra todas las ventanas!–un escalofrío recorrió
todo mi cuerpo. El miedo me paralizó.


Aimss si que se nota la ampliación, me encanta el lemmon y nos dejas con unas ganas tremendas de saber que mas sucede. En realidad espero que jake se vaya a la porra o acabe en la cárcel y estos dos puedan estar juntos.
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