CAPITULO XVI...QUIETUD DEL ALMA.

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Me encontraba arrodillada sintiendo el mismo frio del suelo, en mi corazón.
El sonido pesado de un cuerpo rodando por la escalera retumbara en mi interior.
Mis lagrimas mojaban el único sostén para mi cuerpo, el frio piso de madera encerada.
Unos pasos apresurados rompían mi letargo en estado de shock , una voz decía mi nombre iracundo.
–¡Bella, amor!–. mi alma volvía a mi cuerpo–¡Bella! – corrió hacia mi, envolviéndome con sus brazos y besándome preso por la desesperación. Había perdido el habla. Solo recibía sus besos que creía que nunca más mis labios disfrutarían,
Cuando la calma se apodero de nuestras almas, me sentía en condiciones de hablar.
De momento no sabía cuando me había cargado en sus brazos para  colocarme sobre la cama. Seguía en estado de shock.
De pronto recupere el habla y la calma.
–¿Hay heridos? ¿Cómo estas? ¿mi padre? –me brotaban las preguntas a borbotones.
–Bella , debes demostrarme que eres fuerte.–la peor imagen se cruzo por mi mente ,salté de la cama como un resorte, tenia que bajar urgente. Su mano me detuvo por mi muñeca obligándome a sentarme de golpe a su lado.
–¡Primero, me escucharás!–dijo enérgicamente–Y  luego bajaremos juntos las escaleras– lo dijo en un tono mas suave ,note el dolor de su mirada por como me hablo anteriormente. Lo miré con suma atención mientras me explicaba que luego de hablar con Charlie tuvo la intención de contarle a Jasper lo dicho por mi padre , cual desoladora era la imagen al ver a Jacobo apuntando a Jasper mientras el arma tambaleaba entre sus manos y le preguntaba por mi.
Entonces fue  ahí cuando lo vio a Edward parado en la escalera y decidió cambiar su objetivo.
Estando apuntándolo a él, entró mi padre rompiendo la puerta, Jacobo giró sobre sus pies y el disparo que era para él, lo recibió mi padre en su hombro.
Desde donde se encontraba Edward se lanzó rodando por los escalones para intentar detener el disparo certero hacia mi padre. Se lamento no poder chocarlo mientras  rodaba  para inmovilizarlo junto con Jasper.
Lamentablemente fui inútil, una vez más logro escapar para perderse entre la vegetación tupida de los alrededores.
Edward al concluir con la explicación pormenorizada de los hechos se quedo paralizado esperando una mueca o expresión por lo escuchado, pero mi corazón solo se estrujó contra mi pecho en señal de no poder soportar más dolor.
Me atrajo hacia su pecho, depositó su beso reparador contra mi frente y tomados de la mano bajamos la escalera.
Mis pies pesaban toneladas casi imposibles de mover, cuando mi visión capturo en mi retina la imagen que se desplegaba frente a mí, se me aflojaron las piernas.
Presione salvajemente su mano estrujando sus dedos, al ver a mi padre tendido sobre la alfombra mientras Carlisle practicaba los primeros auxilios, no pude sentirme culpable y pensar una vez mas que mis seres más amados corrían peligro estando a mi lado.
–¡Tranquila Bella!–me detuvo el médico de la familia con la mano en alto.–La bala apenas rozo su hombro.
El comentario suavizo el peso de mi eje de sostén por lo que pude correr hacia mi padre para echarme a llorar desconsoladamente sobre su torso y entre sollozos recordarle cuanto lo amaba.
Por entre las cortinas de agua que se formaban en mis ojos observe el arma de mi padre que yacía  en la alfombra.


Charlie por cabeza dura, le resto importancia al disparo y se incorporó rápidamente, tomó dos analgésicos y conversaba con los hombres que allí se encontraban, menos Emmet que tomó el botiquín de su padre para inyectarle algo a los perros que aun dormían.
Debían pasar algunas horas hasta que despertaran de su atontamiento y estar corriendo por los alrededores. Me daban mucha pena, casi mueren por mi culpa también.
Sentí de golpe una gran culpa, tenía ganas de salir corriendo como una persona poco cuerda y aventurarme a la misma nada. Debía alejarme de todos y de cada uno de ellos, especialmente de mi gran amor de lo contrario saldremos todos lastimados.
Pero fue eso solo un impulso, me acerqué a la ventana mientras los hombres de mi padre trabajaban en medio de la oscuridad, de no ser que estaban rastrillando el área buscando a Jake ,se veía hermoso todas esa linternas en medio de la noche, parecían luciérnagas en una plena noche de verano.
Todos esos hombres detrás de uno solo, que hasta que no vi a Charlie con una herida, no me di cuenta que tan peligroso era.
Siempre que Edward se encontraba a mi lado, me sentía protegida, pero la presencia de mi padre me resulta imposible traducir en palabras,  ese sentimiento que albergaba mi corazón de paz.
  Sabía que no iba a permitir que Jacobo llegara hasta mí.
Charlie hizo un par de llamadas, programó rapidísimo un operativo cerrojo, porque estaba convencido que andaba a pie y que aun merodeaba por los alrededores.
En un abrir y cerrar de párpados, llegaron tres coches patrullas mas, con cuatro uniformados en el  interior de cada uno  y sus potentes linternas. Algunos  perros podían colaborar en la búsqueda por haber despertado gracias a los chorros helados de agua que les dio Jasper, que según él, eran mas efectivos que la loca idea de Emmet de tirarlos al lago.

Algunos compañeros del jefe de policía preguntaron si la ropa del muñeco que encontraron pertenecía a los chicos.
Todos salieron a verificar a la parte trasera de la casa, en donde aun se podía observar algunos perros atontados y un polvo blanquecino esparcido por el suelo que se volatilizo al sacudir el maniquí para trasladarlo.
Resultaría difícil eliminar todo eso, lo han destrozado con tanta saña, que me imagino que al ingresar por sus fosas nasales los iría desmayando uno a uno.
Jasper comentó que la idea de él seguramente seria matarlos uno a uno, pero algunos por instinto de supervivencia se han ido alejando de ahí, porque  estaban dormidos cerca de la casa.
En ese momento recordé cuando los perros se notaban intranquilos y ladraban durante la cena para luego hacer  un  silencio total.
Alice preparó café, mi cuerpo se arrojó a los brazos de Edward en el sillón, mi abdomen me dolía un poco, supongo que necesitaba descansar.
La noche volvía estar en calma, la paz había regresado a la familia Cullen.
Mi padre era maravilloso, con solo un vendaje y unos analgésicos ideaban estratégicamente el plan a seguir, ya habían pasado varias horas desde que nos despedíamos en la entrada principal.
–Lamento por Jake, pero esto es personal.–le decía el hombre que se había casado con mi madre a Carlisle, oculto tras un velo descomunal de furia.
Un llamado al intercomunicador del jefe de policía nos devolvió el alma al cuerpo a todos, en especial a mí.
 Habían logrado atrapar a Jake luego de la intensa búsqueda, algunos perros habían colaborado rodeándolo y lo detuvieron a mordiscos en sus piernas.
–Hija, esta noche podrás dormir como te lo mereces.
–Si papá-su comentario provocó que mi corazón revotara en mi interior.
Charlie personalmente había dicho que lo esposaran, que él quería darse el gusto de colocarlo tras las rejas.
Uno a uno fueron alejándose los coches patrullas de la cabaña, Edward les agradeció a cada uno por su labor.
Mi padre algo dolorido coloco su mano en el vendaje de su brazo, saludo a todos y prometió pasar por la clínica a revisar sus vendas.
Cuando le toco despedirse de mí,  podía ver la tristeza en sus ojos, me abrazo fuerte comprimiendo mis pulmones mientras susurraba en mi oído.
–Lo siento tanto, pequeña.–se me estremeció el alma.
Al ver como mi padre se iba sentí un gran vacío en mi alma. Tenía ganas de ser niña para poder estar junto a él. A veces la vida o las personas te arrastran a tomar decisiones equivocadas y te alejan de tus seres más amados, como mi padre.  Lo extrañaba horrores. Y mucho más lo sentía cuando me llamaba pequeña.

Mi vientre se contrajo nuevamente, no pude evitar tocarlo y el dolor se reflejo en mi rostro.
Tanta calma en la cabaña y un susurro de los árboles  muy suave que reinaba en el exterior, dieron quietud a mi alma.
Edward observaba la escena de lejos, miró mi vientre y agacho la cabeza ladeándola como negando mi imagen,  por querer ocultar mi molestia.
Alice me preparó un te de tilo para que descanse bien, mientras Jasper y Emmet alimentaban a los perros por orden de Carlisle para que descansaran bien luego de la noche de estrés que debían superar.
Al terminar los chicos se unieron a la mesa familiar, comieron la torta de Alice conversaban de cualquier tema, la tranquilidad se adueñaba del ánimo de todos.
Cada tanto Edward besaba mi mano o mi rostro en señal de protección y cuidado.
Un calambre o más bien una contracción de mi útero me cambio la expresión de mi rostro, la preocupación en él no tardo en aparecer.
–¿Qué sucede amor?–me tomó de ambas manos y abrió sus ojos como platos.
–No lo sé. Me duele el bajo vientre–no quería alarmarlo, pero era muy difícil engañar a un hombre que se dedica a esto, a traer bebes al mundo.
–¡Carlisle!¡Revisa a Bella!–le ordenó a su padre.
–¿Bella, que te sucede?¿Que sientes?.–su rostro dulce y lleno de ternura junto a su mirada paternal no merecían mi comentario.
–Carlisle es solo una molestia. Estoy bien, muy bien.
–Debemos hacer algunos estudios. ¿Qué opinas, hijo?–lo miro de reojo. Edward le sostuvo la mirada para luego asentir con ella. Empezaba a molestarme ese diálogo tan  particular con sus miradas que solo ellos entendían.
–Mi amor, debes descansar–me tomó de ambas piernas y por la espalda, me acomodó contra su pecho y subió las escaleras. No me queje, le estaba agradecida, de haber tenido que caminar no hubiese llegado al tercer escalón.
Me desvistió, me coloco la piyama para depositarme como una muñeca sobre la cama.Se tendió a mi lado. Podía sentir el cálido aliento sobre mi cara y esa fragancia tan personal que lo identificaría en cualquier lugar y rodeado de miles de personas.
Amaba cuando me susurraba al oído que todo esta bien. Él me cuidaba y me protegía como podía. Me sentía agradecida. Apoyada contra su pecho y sus manos rodeando mi cintura intentaba dormir, cuando su móvil sonaba insistentemente.
–¿Charlie?–lo oí decir , mis párpados se cerraban lentamente. Lo último que oí decirle a mi padre fue…–Debes darle una dosis doble de clonazepam para que se tranquilice. Ten cuidado. –supongo que el temperamento de Jake se hizo presente frente a mi padre.


Nos dormimos cuando los primeros rayos del sol, se abrían paso para desplazar a la luna.
A lo lejos se escuchaba el auto de su padre que se alejaba pasivamente.
Era media mañana.
El sol acariciaba las ventanas he intentaba filtrar sus rayos a través de las pesadas cortinas de la habitación.Mi dolor abdominal había cedido bastante por el descanso que mi cuerpo se vio obligado a realizar, muy atrás había quedado la noche, esa noche en la  que Jake se le truncaron los planes de acabar con mi vida. Sólo restaba cuidarme y disfrutar mi embarazo.
Mi mano buscaba el cuerpo de mi eterno amado, las sabanas se encontraban frías, no pude manejar mi sentimiento de abandono, ese que padecía cada vez que me alejaba de él. Intente moverme lentamente, me senté contra el respaldar de la cama para levantarme de a poco.
–Señorita ¿cómo amaneció?– Su dulce voz me paralizó, olvidándome cual era mi objetivo. Lo vi entrar muy sonriente con una bandeja en su mano con el desayuno para dos.
–Supongo que bien– le respondí –¿A qué se debe tanta felicidad en su rostro señor Cullen?–le pregunté mientras revolvía la cuchara en mi taza.
–Esta mañana tu padre desayuno con el mio.–me soltó las palabras como un comentario casual .
–Y eso te pone contento?
–Si. Mi padre me ha llamado para contarme las novedades –me regalo su mejor sonrisa.
–¿Quieres escucharlas?– me preguntó despreocupado.
–Si!– obsequiándole una sonrisa mientras apoyaba la taza sobre mis labios.
–Esta tarde cuando despierte, tu padre le hará un interrogatorio y mañana por la mañana, un perito psicológico lo examinara para trasladarlo a una clínica para mentales .Tu padre lo pondrá en un loquero y con custodia. – no debía sentirme culpable por la lágrima que rodaba por una de mis mejillas, sea lo que fuera, aun seguía siendo el padre de mis hijos y fue  el hombre con el que me hice  mujer, pero no dejaba de regocijarme una parte de mi ser, el saber que mi alma, ya no corría peligro.
Su dedo tomo mi lágrima, si rostro desencajado había perdido la alegría, con la que había ingresado a la habitación.
–Lo siento– me dijo alejándose de mi lado y para  pararse  frente al ventanal dándome la espalda.–A veces me olvido que es el padre de tus hijos– su voz sonaba afligida y remató el comentario– También sé que lo amaste.
–Nunca lo amé – le disparé esa frase que salió expulsada de mi boca, con rapidez volteó para mirarme,– No me quedó otra que casarme ¿lo recuerdas?
–¿Por mi culpa?– preguntó dolido.
Retire la bandeja con el desayuno intacto, lo acomodé sobre la mesa de noche, y lo invite a sentarse a mi lado, lo cual lo hizo gustoso con una gran sonrisa y tristeza en su mirada, dos sentimientos ambiguos albergados en su alma.
–¿ Cuántas veces debo recordarte que te amo?–  le pregunté y deposité un suave beso sobre sus labios.
–De ser posible cada día que despiertes a mi lado.–sus labios buscaban los míos.
–A mi me gustaría que me lo susurres en mi oído cada vez que este entre tus brazos– le pedí como implorando una afirmación de su parte.
–Siempre te diré que te amo.
Me recosté en su pecho, esas palabras sonaban protectoras ¿ me amará para toda la vida?, pero a quien quería engañar, tarde o temprano se rompería el encanto y todo comenzaría otra vez … en busca de un lugar para descanso de mi alma agitada.
Mis parpados volvieron a cerrarse, sus dedos dibujaban figuras asimétricas sobre mi espalda. Y sus labios besaban cada dedo de mi mano que intentaban descansar sobre su torso.
Cuando percibí apenas sus mimos, el suave toque  de sus manos caí en la cuenta que me encontraba profundamente dormida pero escuchaba claramente sus susurros que me transmitían serenidad.–Cuidaré de ti mi vida, así mi vida acabe en eso.–acariciaba mi pelo tiernamente y sus brazos envolvían mi cuerpo, su proximidad y su calor mantenían mi respiración acompasada y pausada. Nuevamente otro murmullo–Te amo, te amo Bella con toda mi alma. No concibo la vida  sin tenerte entre mis brazos.–así continuo con su monólogo– no deseo volver a ser un corazón errante vagando por el mundo en busca de tu amor. La loca idea de perderte me enloquece con solo pensarlo y mataría con mis propias manos a quien se atreva a lastimarte. Lo juro. Mataría por tu amor.–sus brazos envolventes aprisionaron mi figura. Me moví sobre su torso, levante mi mirada y entre dormida le pregunté…
–¿Qué decías?
–Mi amor, descansa .Solo pensaba en voz alta.–retomó las caricias de mi espalda y me quede dormida.


Al abrir mis ojos, nuevamente la misma escena. Sentía como si viviera  un deja viú.
Mi mano recorriendo la cama fría .ese sentimiento de abandono por no tenerlo a mi lado.
Y otra vez, sonriente atravesando la puerta con la misma  bandeja en sus manos y el desayuno para dos. Pensé que al ver el desayuno anterior intacto decidió que debía alimentarme si o si y lo haría por todos los medios. Ese pensamiento me marcó una mueca que se transformo en una gran sonrisa.
–¿Otra vez el desayuno?–le pregunté risueña.
–No esta vez lo llamaremos merienda.
–¡Mierda!¿es muy tarde?
–Es muy  tarde, casi empieza a oscurecer.–soltó una risotada, lo veía feliz–Alice nos preparo el almuerzo pero parece que los dos caímos desmayados por el cansancio.
–¡Sigo cansada!–le comenté a medias, interrumpida por un gran bostezo bastante prolongado.
–Bella debes comer, hace  días que te alimentas mal.–me frunció su ceño en señal de desaprobación.
–Te prometo que me doy un baño y luego merendamos–en realidad, aun me dolía un poco el vientre y deseaba sumergirme en una tina caliente para relajar todos mis músculos.
–Tú,  merienda, mientras me encargo del baño. ¿Sientes alguna molestia todavía?–no podía mentirle más, ante la ausencia de una respuesta–Será conveniente que te vean en la clínica.
–Edward mis dolores desaparecieron –intente sonar despreocupada–Quizás mañana–volví a mentir, supuse que un baño lo arreglaría todo.
–De acuerdo. Jasper iré con Alice por comestibles en el coche. ¿Segura que estas bien?–demasiada insistencia, pero me daba cuenta que de llevarse el coche, de pasarme algo no tendríamos como  movilizarnos. Ni me importaba, ¿Qué podría pasarme? mis otros embarazos fueron geniales.
–Tranquilo mi amor. Todo esta bien. Dile a Alice que me compre unos chocolates.
–No es muy pronto para los antojos?–me sonrió feliz.
–¡NO!–le saqué mi lengua ofendida.
Nuevamente ese pequeño dolor que evite que se reflejara en mi rostro. Apenas había merendado. Edward ingreso al baño, abrió el grifo, modulo la temperatura, colocó unas sales y espuma. El perfume a lilas inundaba la habitación. El ruido del agua sonaba como una melodía que me invitaba o más bien me llamaba para ir a su encuentro y sumergirme entre esas pompas de jabón.
Alice se acercó a saludarme antes de irse, oportunidad en las que recibió las llaves mientras le encargaba los chocolates y le sugería que cargará combustible.
–¿Con que mi sobrinito demanda chocolates?–me miró con sus ojos tiernos.
–Si.–le respondí con una sonrisa picara de oreja a oreja.
–Bella, te traeré tantos y tan ricos que el  nacerá y abras comido menos que la mitad.–a veces mi amiga pecaba de exagerada.
–Mi amor, te retiró la bandeja. ¿Puedes entrar sola a la tina?
–Si .Tu merienda me dio energía.
Observe la figura de mi hombre desaparecer tras la puerta de la habitación junto a la de su hermana, me levanté de golpe  lo que me provocó un mareo y una punzada en mi vientre.
Me apresuré a sacarme la piyama al borde de la tina para recostarme en el agua con la esperanza que mi dolor desapareciera.
No me podía relajar, mejor volvería a la cama pero el agua me ponía resistencia como si dos brazos me jalaran hasta el fondo. Era imposible pararme mi cuerpo pesaba toneladas.
Nuevamente esa puntada que nacía en mi ombligo y desaparecía en el borde de mi entrepierna, era un dolor desconocido para mí.
Intente quedarme inmóvil hasta que el dolor cediera, pero aumento de golpe, encrestando mi cuerpo, sentí como si dos fuertes manos abrieran mis caderas y de repente una liberación entre mis piernas que arrastraba el dolor con ello. Me sentí liberada y a la vez asustada por el cambio de la tonalidad del agua. Un color que intentaba teñirme mis piernas.
–¡Edward!–lo llamaba exasperada. Podía sentir el sonido de sus pasos encolerizados por la escalera para llegar a mi lado.–¡Mi bebe!¡Mi bebe!–mis lagrimas bañaban mi rostro, no quería moverme para no evacuar ningún fluido de mi cuerpo.
El rostro de Edward palideció al verme en la tina, con las piernas flexionadas, las lagrimas sobre mis mejillas.
–¡Mi bebe!–estiré mi mano para tomar su agarré.

CAPITULO XV...Festejo familiar.


Capitulo XV

Festejo familiar.
Nos tomamos de la mano y acelero a fondo.
El auto negro simbólicamente representaba la parca que controlaba los hilos de mi destino. De nuestro destino.
El mundo que hasta hacia un momento acunaba feliz en mi regazo, ahora lo podía sentir amenazado y a punto de perder por la amenaza del conductor empecinado a terminar con mi vida.
Al final no era tan mala idea marcharme. Cada vez que estábamos juntos, sin importar la hora o el lugar, su vida corría peligro a mi lado.
Un descabellado pensamiento explotò de golpe en mi cabeza.
Quizás si volviera con Jacobo, protegería así la vida de Edward y toda su familia. Estaba dispuesta por amor a condenar a mi alma volviendo con mi esposo.
Mis pensamientos son un laberinto sin salida. Me sorprendí a mi misma regañándome en mi interior por esa estúpida idea.
Nada me garantizaba que él dejaría en paz la vida de los Cullen y quizás por despecho, por sentirse herido en su masculinidad acabaría también con la mía.
 Jacobo era impredecible. Y nunca se daba por vencido. Como así tampoco se podía saber cual era su próximo movimiento en esta partida de ajedrez, en donde se desafiaban por hacer jaque mate.

El auto negro nuevamente a la par. Mis pensamientos recobrando la cordura y viviendo  la realidad.
Podía sentir la presencia de Jake  en su interior, mi temor alimentando la figura oscura en la que  se había convertido.
Sus manos huesudas como las de un espectro de las tinieblas, sujetando el volante, esperando la oportunidad para destruirme.
Confiaba en el hombre que me arrebataba mi corazón en cada toque. Confiaba en ese ser supremo que nunca me abandonaba y  con este hijo que llevaba en mi vientre me había dado una señal de que quería que sea feliz junto a Edward.
Aun estábamos lejos de la cabaña, circulábamos por la autovía a rauda velocidad. El móvil que descansaba en el tablero no cesaba de sonar.
 La calma volvía al rostro de Edward como si una frase de alguien,  del otro lado, le hubiese dado la paz que necesitaba.
–Todo esta bien, mi vida…–de ser así, ¿por qué su pie aceleraba a fondo? Mi mirada le decía que sabía muy bien que me mentía.
Mi cuerpo comenzaba a dar señales desesperadas, mis tripas se licuaban en mi interior haciendo subir un fluido acido queriendo salir al exterior.
Me arrodille en el asiento del copiloto sacando medio torso por la ventanilla, un poco de aire me haría bien, pero lamentablemente para mi vergüenza, mi boca explotó cual volcán expulsa su lava furioso tras una erupción.
Me sentí muy avergonzada por la situación, un olor pestilente a modo de ráfaga ingreso al interior del vehículo,  el desayuno de Alice descansaba en medio del asfalto.
Edward desaceleraba y aceleraba a fondo, mi boca tenía un sabor amargo como el de una mañana de gran borrachera.
Mi cuerpo se sentía más aliviado, me acomodé en la ventanilla en caso de una nueva urgencia y pude ver a varios metros la imagen del principio, una gran barricada de coches patrullas que nos cedió el paso, mientras que el auto negro no aminoraba la marcha a plena luz del día.

Sentí como si se abalanzara sobre esa barricada de policía para que lo detuvieran porque no tenia voluntad para hacerlo por si solo. Aunque con cierto dolor pude observar como burlaba a los policías y huía en sentido contrario a ellos.
Nosotros nos alejábamos raudamente del lugar. Solo escuchamos a lo lejos un par de disparos, seguramente a  sus ruedas, para poder detenerlo, un pensamiento de Edward cobro sonido.
– Esta vez Charlie no tendrá tantas consideraciones–su rostro marcado por la ira miraba solo la autovía.
En unos kilómetros más y con una marcha tranquila encontramos el sendero que nos indicaba la proximidad de la cabaña.
La camioneta de Emmet se encontraba aparcada en la entrada rodeada por todos los perros, levanto su mano en señal de estar todo bajo control.
Mientras circulábamos por el camino un par de perros corrían a nuestro alrededor.
Mi corazón comenzó a palpitar normalmente. El rostro tenso de Edward se iba aflojando conforme nos acercábamos a la cabaña.

Al bajar del coche pego un portazo por el cual mi cuerpo percibió una vibración.
–¡MALDITO¡!MALDITO SEAS JACOBO BLACK¡–vociferaba a los gritos insultos por doquier.
Al ingresar a la casa, todos estabas al tanto de la situación. Corrí al baño a cepillarme los dientes para quitarme el mal aliento y al volver prepare café para todos.
–¿Cómo les ha ido?–pregunto Alice en un hilo de voz, temerosa por la respuesta.
–Supongo que bien–le conteste con una mueca de desagrado.
–Parece que a ti no, hermanito. –le hecho una mirada desafiante colocando sus brazos en jarra.
Edward la miro desconcertado como percatándose de la escena anterior y su mirada se suavizo como implorando perdón por el mal momento. 
–Perdona, pero hace un momento tocaba el cielo con las manos y casi pierdo todo por su culpa. Eso me pone de mal genio.– me acerque sigilosamente, lo envolví con mis brazos y le bese el hombro.
–Eres increíblemente fuerte–me dijo al oído.
–Soy feliz–le dije contra sus labios.–Te amaré toda mi vida.
–Siempre estaré a tu lado, te he amado toda mi vida.
–¿Cuándo suba un par de libras, también?–mi pregunta encerraba viejos recuerdos.
–¡Claro que si! Serás una madre muy sexi y te desearé más que ahora.–esas simples palabras me transmitían seguridad y tranquilidad el saber que me ama de todas las maneras y estados posibles.
–¡Basta de tanto arrumaco y besitos¡ –nos hablo Alice en tono de reprimenda–¿Debo recordarles que hoy tenemos visitas? Terminen el café y me darán una mano con la cena.La ternera esta casi lista, falta decorar el pastel y terminar la guarnición.
–Tranquila…Bella descansará y te daré una mano.–le dijo a Alice que sacaba su pastel del horno.
–¡Infaltable mi pastel de chocolate!–su hermana lo colocaba en la bandeja al tiempo que gritaba mientras que Emmet entraba para desparramarse en el sofá . –¡Jasper¡
–Si–le respondió a su novia sin despegar sus ojos de la Tv mientras jugaba a los videos juegos con Emmet.
–¿Has batido la crema?¿Podrías alcanzarme el recipiente?–Alice de a poco montaba en cólera, demasiado a pecho se tomaba la cena.
–Esta en el refrigerador.–sus dedos bailaban sobre los botones del joystick .
–Jasper Hale, mueve tu maldito trasero aquí.–gritó ella con furia.
–¡OH! La pequeña duendecito se ha enfadado.–dijo Emmet usando el tono de vos de Alice. Jasper obvio el comentario.Edward solo hizo una mueca.
–Toma Alice– le dio el bols, con una sonrisa en su rostro, esa sonrisa tan particular de Edward que me enloquecía.Loa chicos terminaban la partida.
–¿Que cenaremos  –pregunté en el momento en que sonaban mis tripas.
–¡Tú, nada! –la mire sorprendida a Alice.
–¡ Es que tengo hambre! –los brazos de él me tomaban la cintura, apoyando su torso en mi espalda.
–¡No te daré nada!! Debes contarme como te ha ido! –dijo Alice con un movimiento de su espátula.
–Deberás alimentar a Bella por dos– intervino Edward.
–¡Oh. Por Dios! Voy a ser tía! –gritó su hermana.Al tiempo que nos abrazaba.
–Bells te cocinaré tanto que no pasaras por la puerta. –carcajeamos todos incluso Jasper y Emmet.

Comenzaba a atardecer.

Podía notar las miradas y ese diálogo silencioso entre Emmet y Jasper, otras veces con Edward
Alice sumergida entre los cacharros, ajena a todo.
Desde el ventanal observaba a la jauría de perros inquietos, como anunciado una tragedia, sólo vendría Charlie, que por cierto le temía a todo perro que no sea cachorro.
 Pero ellos presentían una atmósfera enrarecida que los perturbara y los mantenía alerta.
¿Tendrían hambre?. Pregunté inocentemente a lo cual me respondieron que de noche no los alimentaban para que se mantengan en guardia. Un perro con el estómago lleno, solo duerme. Me explico Jasper.
Esa conversación solo me distrajo un momento, aun me giraba en mi cabeza un pensamiento. ¿Jake estaría oculto en la oscuridad esperando el momento justo para entrar?, lo presentía, podía  imaginarme que Jake había tenido suerte y se había escapado de los policías.

Luego que terminamos el tentempié, me recosté en el sillón que habían abandonado los chicos al dejar de jugar.
Sonó el móvil de Edward, salió por el ventanal para hablar más tranquilo o quizás para que no escuche la conversación.
Mientras conversaba agitaba sus manos como si mantuviera una discusión acalorada con alguna persona. Todos en el interior de la casa, lo observamos en silencio. Tanto silencio que mis párpados comenzaron a relajarse por el cansancio y la tensión de todo lo que viví durante el día.


La tarde le daba paso a la oscuridad de la noche.
 De momento comencé a soñar.
Estrechaba a mi bebe contra mi pecho, como queriendo protegerlo de algo o alguien, al mirar hacia el ventanal, revivía la misma escena de hace un rato, cuando estaba despierta. Lo observaba a Edward que discutía por el móvil, entre los arbustos cerca de Edward podía ver la sombra siniestra de Jake, todos los perros dormían en la oscuridad tendidos unos contra otros, sobre un gran charco de sangre.
Presentía en el sueño que Jake de un momento a otro, entraría a la cabaña.
Con toda mi fuerza, mientras mi bebe lloraba a los gritos, llamaba a Alice, Emmet y Jasper. Pero no estaban en la casa, en un momento, Edward desaparecía de mi visión y escuchaba las risotadas de Jake.
Sentí  que mientras soñaba, mi corazón  palpitaba alocado y  mis extremidades se agitaban sin coordinación en el sillón.


!Bella!.– escuchaba su voz como si me hablara dentro de una botella.– !Bella despierta!
–Nooo- solté en un grito  desgarrador, alguien me sacudía con ambas manos.
–Lo siento amor – continuaba gritando, presa del dolor, sin  saber que solo había sido un sueño
–Matara a los perros ¡lo se! ¡Mi bebe! – mis lagrimas salían a borbotones mientras abría mis ojos.
–Tranquila amor. Solo era una pesadilla – me recosté contra un cuerpo que me envolvía en sus brazos–¿Si coloco la alarma de la casa, te sentiras mejor? me preguntó preocupado porque sentía mi corazón con taquicardia.
–Si , por favor– le implore, Alice me alcanzó un vaso de agua, el cual bebí sin respirar.
–¿Un poco más tranquila?– dijo Emmet y  me cubrió con una manta, la cual agradecí con una amplia sonrisa.


Mientras Edward acomodaba el mantel para los ocho comensales. Obvio que Rose no vendría, tampoco ha llamado desde la ultima discusión con su hermano. Seguramente no le agradaría enterarse de mi hijo, como así tampoco participar de este festejo.Sintonice un canal de cable de una serie de dibujos animados de un gato que perseguía a un ratoncito. 
Por momentos me carcajeaba sola ante la mirada divertida de los demás.
Cuando llegó mi padre, salté de la alegría y me abalancé a sus brazos que me esperaban  abiertos.
–¡Papá!– No pude evitar que rodaran mis lágrimas– !Te he echado de vemos!- mi rostro se apoyó en su chaqueta azul,
Aun vestía de uniforme.
Apoye mis fosas nasales contra su cuello he inhalé profundamente, su aroma a pino silvestre que me oprimió mis pulmones, remontándome a la  época, que era una chiquilla y salía corriendo a su encuentro cuando regresaba de la estación de policía.
–¿Como has estado , hija?
–Me gustaría decirte que bien, pero la realidad no es así – me apreté contra su pecho.
–Edward me ha comentado algo.– su rostro se ensombreció por la tristeza.
–Charlie, bienvenido,– interrumpió Edward para estrechar su mano.
–¿ Cómo has estado , muchacho? ¿Has cuidado bien a mi Bella?
–No tanto como debería. Toma asiento, te daré algo de tomar. Y luego conversaremos.
–Gracias, como tú digas. – mi padre se acomodó en el sillón a mi lado, mientras los chicos se acercaban a saludarlo.
Hermosa cabaña. De difícil acceso, si tu no me hubieses guiado, todavía andaría dando vueltas – Charlie sonrió tímidamente.
Seguramente el llamado previo a mi pesadilla era de mi padre.

 – Dime Bella ¿qué festejamos?–busque desesperada la mirada del padre de mi hijo, esperando que el respondiera por mi, y así lo hizo.
–Charlie queremos festejar que serás abuelo otra vez.– sonreíamos expectante a las palabras que diría mi padre.
–Vaya –dijo rascándose la cabeza – no me lo esperaba ¿le has contado a tu madre y  los chicos?
–¿ Papá no te pones contento?– mi corazón se partió al medio, esperaba otra respuesta .
–Si hija, los felicito.– pero no sonaba muy contento .
–Charlie, me casaré con Bella y cuidaré de ambos.
–Si si ya lo sé. ¿Cómo fue que paso? –soltó mi padre más que preocupado.
–Charlie ¿no  querrás saber los detalles?–acotó Alice entre risas. Mi padre se sonrojo.
–No . De ninguna manera. Solo pensé que habías tomado precauciones. Bella aún esta casada – me lanzó una mirada inquisidora.
–Charlie, Charlie, no vamos a hablar de moral o¿ si ?. Son una pareja que se aman. Y un bebe en la familia es lo que necesitamos todos–dijo Alice.
  Me abalance a los brazos de Edward y llore angustiada, mi padre no debía juzgarme, el no sabia todo lo que padecí con Jake desde que me case. Y ahora no era el momento de hablar.
–Hija, no llores ¿eres feliz?
–Si, papá.
–No se hable mas del tema, soy un futuro abuelo feliz de un Cullen –nos abrazó a ambos.
–Charlie entendemos tu preocupación –dijo Emmet que desmarcaba el código de la alarma. A lo lejos se veía el parpadear del auto de Carlisle avisando que llegaba con Esme.
Carlisle y Esme saludaron a mi padre y bajaron del auto con  paquetes con comida.
Pasamos una cálida noche en familia, era la primera vez que mi padre cenaba con el clan Cullen.
La felicidad de Charlie brotaba por todos los poros de su rostro, y la sonrisa ensanchada de oreja a oreja.Lo que mi padre no se imaginaba que le duraría poco esa sonrisa.
Durante la cena, los perros ladraban enloquecidos, pero cesaron en un momento, volviendo así la calma.
El broche de oro, lo puso Alice con su pastel de chocolate, tomando un café.


Quien emitió el primer bocadillo fue Charlie.
–Me encantaría saber todo desde el principio…. De ser posible con lujos de detalles. Y quiero  la verdad–sentenció Charlie.
En el relato pormenorizado de los hechos, intervinieron desde Emmet contando su idea de los perros, a lo cual mi padre hizo una mueca de desagrado, Alice relato el momento en que me acompaño a buscar mis cosas, Carlisle  le detalló cada visita mía a la clínica.Y en el estado lamentable que quede luego del ultraje. La ira se iba apoderando en la expresión de mi padre, lo conocía bastante bien para ver que le faltaba poco para que el humo pitara de sus orejas.
Mi padre solo exclamaba monosílabos. Podía ver su dolor reflejado en su rostro.
La ultima palabra la tuvo Edward luego de que Jasper le contará como había entrenado a sus máquinas asesinas con rabo, para llegado el momento destrozar a Jacobo.
Cuando mi hombre tomó la palabra contándole a Charlie todo lo que hemos padecido desde esa mañana que me encontró tirada en el asfalto junto a Alice hasta el ultimo intento por matarnos este mediodía , mi padre caminaba preso por la desesperación de haber escuchado el relato y bajo la mirada expectante de todos los presentes.

Tenia sueño, era de madrugada, la noche abrazaba el lago de manera silenciosa, como una invitación a descansar, pero de algo estaba segura, no iría a dormir sola ni en mil años sin la cercanía de mi eterno amado,  me creía ser un blanco fácil para cualquier acción de mi ex esposo.
 El solo hecho de pensar en subir las escaleras para descansar en la habitación, me encogía el alma. 
Concluyo la charla entre planes de mudanzas a otro estado y cambios de identidad.
Mi padre realizó solo un comentario con gran peso, tomaría cartas en el asunto, tirándole el peso de la ley encima, aplastándolo como el gusana que era.
La familia lo miro con cara de satisfacción.
Se terminó su café y creyó conveniente retirarse en su coche patrulla para poder idear su plan de ataque y descansar.
 Saludo a todos aun perturbado por la conversación.
Lo acompañamos a la entrada principal, los perros estaban dormidos, Edward y Jasper los vieron demasiados calmos he intercambiaron unas miradas sospechosas, que Charlie también las pescó en el aire.
–Familia Cullen–dijo Charlie escondiendo la vorágine de sentimientos que padecía en su interior–Les agradezco por cuidar de mi chiquita.
–Charlie …Bella es parte de nuestra familia ahora–le respondió Carlisle abrazado a Esme con una marcada sonrisa en su rostro.
–Papá.–llamé su atención–¿Vendrás a visitarme?
–Por supuesto hija–me abrazo mi padre con extremo cuidado y demasiada ternura. Me apoyé en su hombro transmitiéndole todo lo que lo amaba.
–Bueno hija–me apartò de su lado–Cuídate y cuida a mi nietita. me sonreí.
–Gracias papá, te extrañaré.–Edward me tomó de la mano. Y miraba atentamente a los perros que aun dormían.
Mi padre abrió la puerta del coche patrulla, frunció el entrecejo en señal de que algo andaba mal, muy mal. Comenzó a rebuscar en el interior de los asientos en la gaveta y debajo de las alfombras como si hubiese perdido algo.
–¿Qué sucede papá?
–Nada. No recuerdo haber dejado mi arma reglamentaria en la estación–me respondió rascándose su cabeza,movimiento que realizaba cuando algo lo preocupaba.
Se miraron unos a otros con asombros en sus ojos.
–Bueno, tranquilos, los años no vienen solos .La debo haber olvidado en la estación de policía. Ingresen a la casa que hace mucho frio y es tarde.
–Charlie te acompañaremos un par de kilómetros para indicarte la salida a la autovía.–le dijo Emmet que iría acompañado por su padre. Jasper cuidaría de nosotros junto con Edward.

Al ingresar a la casa mientras Edward trababa todas las habitaciones y observaba a Jasper a través del ventanal examinar a los perros que habían caído en un profundo sueño.
–¿Por qué trabas las ventanas?¿Qué esta pasando?–pregunté asustada como un pequeño conejito que intenta huir de su depredador.
–Solo por precaución.–pero continuaba mirando a través del cristal entre la vegetación.–Mañana iremos a visitar a tu madre.–más que una invitación sonó a una orden.
–¡No!–me miro confundido–¡Quiero una explicación,ahora!¿Qué esta pasando?–le ordené una respuesta.
–De acuerdo…–en ese momento sonó el móvil–¡Charlie! Si. Bueno. Se lo diré.–¿mi padre lo llamaba?¿se habría perdido?
–¿Era mi padre?¿Se encuentra bien?–le pregunté angustiada,él solo musitó  un si.
–Bella, presta atención a lo que voy a decirte.–dijo en apenas un hilo de voz–Charlie esta de regreso con mi padre y refuerzos.–el pánico se apoderaba de mi rostro haciendo eco de mi pesadilla.–Su arma desapareció durante la cena y los perros no están dormidos alguien les ha suministrado  algún gas para inmovilizarlos.–mi cuerpo temblaba como un sismo.–Tu padre supone que Jake se la ha extraído y teme lo peor.
– ¿Qué haremos ahora?–mis ojos explotaron  por mis lagrimas.
–Nosotros nada. Todo esta en manos de tu….


No finalizó la frase. Escuchamos varias puertas de los coches cerrarse con furia, las pisadas sobre la grava sonaban debajo de sus pies.
Edward corrió escaleras abajo, me quedé paralizada por el estruendo de un disparo que se oyó dentro de la casa.
Oí la voz de mi padre gritar el nombre de la persona que mas me amaba en este mundo. Y un ruido sordo como una bolsa pesada que rodaba escaleras abajo.
Mis piernas cedieron a mi peso dejándome de rodillas sintiendo un gran vacío.

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