CAPITULO XII... DESOLACIÓN

  BY EDWARD


Junto a Jasper y Emmet debíamos ir al pueblo a buscar comestibles que escaseaban, no me di cuenta de encomendarle a Carlisle que pasar por la tienda así no descuidaba a Bella.
– Me quedo– mi tono sentencioso denotaba preocupación.
– Muy buena idea –dijo Jasper– no es bueno dejar a las mujeres solas,  hermano.
–Escucha–Emmet colocó  su mano en mi hombro, en señal de cariño– Antes de actuar piensa.
 Mientras subían a la camioneta– No queremos que esto termine en tragedia.–concluyó Jasper la frase.
 –¡Regresen pronto!–les grite. Las llantas de la camioneta  levantaban polvo contra mi rostro.
 Tenia el presentimiento que jake nos observaba mientras me desplazaba  de regreso a la cabaña.
 Mis pensamientos recorrían escenas de amor vividas con Bella, mi centro masculino crecía lentamente conforme se agolpaban las imágenes en mi cabeza.
Un calor intenso surgió dentro mis jeans junto a una necesidad imperiosa de poseerla provocando que el fluido de mis venas transitara raudamente hacia mi sexo.  Una tímida    sonrisa se instaló en mi rostro mientras caminaba.
 Alice y Rose se encontraban tendidas sobre la  manta.
 Era mi día de suerte Bella se encontraría sola. Con paso fehaciente  y  acelerado ingrese a la cabaña con la tranquilidad de que  la tendría  entre mis brazos. Así estaría protegida.
Por los sonidos del refrigerador  provenientes de la cocina sabia que allí la encontraría, mi respiración comenzó a agitarse como maratonista enloquecido por llegar a la meta.
Me quede paralizado a un costado de la barra.
 Ahí estaba ella, en una pose eróticamente provocadora, por lo corto de su falda asomaba la puntilla negra de su braga. Sacudía lo del interior del último estante con la puerta entreabierta mientras balanceaba su trasero de manera distraída.
Los botones de mi jeans deseaban aflojar la tensión de la tela de esa zona erógena. Me acerque sigilosamente, mis dedos obedecían los deseos de los botones del pantalón.
Los pensaba desabrochar uno a uno y hacerle el amor.
Mientras pensaba todo esto y daba unos cuantos pasos hacia ella, dejo de moverse, su figura había quedado como congelada, podía sentir su miedo. ¡Mierda! pensé esta asustada. Mi idea de sorprenderla resulto a la inversa, ¿mi cercanía le provoco el pánico?, no entiendo el porqué.
La toque suavemente, mis manos temblaban y mi respiración fluía entrecortada. El deseo se había apoderado nuevamente de todo mi ser.
La tome con ambas manos de su cadera, su pequeño y frágil cuerpo comenzó a temblar transmitiéndome su sensación de miedo otra vez. ¿Que le pasa?¿me tiene miedo?

–¿Jake? ¡Jake!–su voz aterrorizada respondieron todos mis interrogantes debo reconocer que me siento confundido. Y a la vez preocupado.
Fui un gran estúpido, menudo susto se había pegado por mi culpa. Solo atiné a decirle…
–Lo siento mi amor. Sentí que no debía dejarte.–lo único que quería era tenerla en mis brazos. Mi pensamiento egoísta de saciar mis deseos no me dejaron ver como se sentía ella por quedarse sola. 
Pasado el mal momento, Alice y Rose se fueron al pueblo, con la excusa de comprar cosas femeninas, les presté mi auto,  no me preocupo dejarlas ir  porque mis hermanos deben estar de regreso de un momento a otro.
Comimos con Bells , conversamos durante horas. Sobre variados temas. Le pregunte sin tapujos si no diferenciaba mi roce al de su esposo. Por como se puso apenas unos momentos en la cocina. Su respuesta no tardo.
–Si no supiera, no habría girado para adosarme en tu cuerpo. ¿no?–me gustaba eso de ella. La manera inteligente de responder.
Entre algunos comentarios íntimos sobre sus preferencias sexuales, retomé  idea de poseerla, solo que esta vez entraríamos a la caravana .Un lugar pequeño, acogedor y seguro.
¿Tienes Frio ?– esa pregunta seria  la excusa perfecta para tenerla donde quería, entre mis brazos.
Accedió, rápidamente le mostré el interior de la caravana rodante.
Sus ojos se encendieron por la pasión, cuando desarme la mesa y arme la cama.
Maldita seas Rose ¿tenias que darle a Alice la ropa de cama para lavar? deje a Bells en el tráiler y fui hasta la cabaña a buscar mantas.
Acelere el paso, no quería tardar mucho.
Atravesé velozmente la entrada principal, la sala y la cocina.
Cuando me disponía a subir la escalera, Jake salió por detrás de la barra , saltando a mi espalda , nos trenzamos en una feroz golpiza , nuestros rostros ensangrentados por los golpes serian la muestra certera del odio que nos profesábamos mutuamente.
Esa furia se apodero de cada centímetro de mi cuerpo. Un golpe certero de jake , me obligo a romper la mesita vidriada al caer sobre ella,  tendido en el suelo , se abalanzo sobre mi , golpeándome con la pata de madera maciza  de la mesita , dejándome inconsciente.



Habían pasado seguramente un par de horas.

Al abrir mis ojos la total oscuridad,  busque a tientas una luz, no tenia idea del lugar en que me encontraba, la cabeza se me partía en mil pedazos, entre la oscuridad comencé a pensar en Bella, temía que Jacobo  arrebatara su vida y consigo se llevara mi alma.
Bella me pertenecía de todas las maneras existentes y ha sido así desde el primer momento que la vi entrar con mi hermana a mi casa.  Pensaba dar pelea a él o  a cualquier otro que intentara separarla de mi lado.
Solo Rose sabe lo que sufrido por ella,  solo Rose me ha puesto el hombro en el que he llorado por Bella.
La desesperación comenzó a apoderarse de mí.
Al encontrar la puerta, la azoté con mi cuerpo, el mal parido la había trabado.
Mis golpes se intensificaron con puntapiés y golpes de puño, hasta que de pronto la puerta cedió partiendo la cerradura y parte de la mampostería.
Me encontraba en la parte trasera de la cabaña, me había encerrado en el depósito junto a algunas pertenencias, arrumbadas y en mal estado por el paso del tiempo.
El  único pensamiento que me atormentaba era el estado de Bella,  seguramente la habría golpeado como en otras oportunidades.
 Corrí, bordeando el lago  para llegar a la caravana,  sin luz en su interior apenas iluminada por la luna.
 Mis pasos, a pesar de correr velozmente, hacían que  mí alrededor girara en cámara lenta dando la sensación interminable de estar muy alejado de ella.
Subí los escalones de acceso, abrí la compuerta, encendí la luz…
–Por Dios…– mis ojos se atormentaron por la imagen que tenia frente a mi Bells , tendida en la cama  solo vestida con su piel , con grandes marcas y mordidas por las que segregaban sangre.
 Sus ojos….
 Expresaban un profundo terror, sus pupilas dilatadas, una jeringa tirada en el piso en señal de que algo le había inyectado. Mis extremidades inferiores se aflojaron, todo mi cuerpo comenzó a temblar, la furia hacia estragos en mi interior.
– Lo mataré  ¡juro que lo mataré– las palabras brotaban de mi boca . Los pensamientos ambiguos se sucedían en mi cabeza, quería salir a buscarlo y  quedarme con ella.
Al oír mi grito  manifestando que lo mataría, Bella me miraba con una mirada extraña , como si  quisiera decirme algo , solo atine a tocar su rostro ensangrentado al igual que el mio y pedirle perdón.
 Maldigo el momento en el que fui por esas mantas, nunca me lo perdonaría gracias a un ser supremo, a pesar del estado deplorable en el que se encontraba, aun seguía con vida.
 Todos estaban de regreso, mi mirada nublada por algunas lágrimas,  no podía mirar  en las condiciones que Jake  había dejado a mi Bella, después de haberla ultrajado.
 Al preguntarle a mi padre por la salud de mi gran amor, comencé a patear todo a mí alrededor ya que la expresión de Carlisle no satisfacía a mi corazón por su falsa respuesta.
Uno a uno salimos del lugar para que mi padre pudiera examinarla.
A Emmet le dio cierto pudor observarla desnuda y Alice  lloraba desconsoladamente en los brazos de su novio. Mientras que Rose me prestaba  su hombro para volver a llorar y evacuar en cada lágrima la imperiosa necesidad de ir en su búsqueda.
Seguramente el bastardo estaría regocijándose de su triunfo. La impotencia se guareció en mi corazón con la certeza de que yo no era el indicado para protegerla.
Un pensamiento crecía en mi interior, llamaría a Charlie para ponerlo al tanto de la situación para que él lo ponga tras las rejas.
Volví a entrar el escuchar el llamado de mi padre con una manta que me alcanzó uno de mis hermanos.
La mirada perdida de Bella destrozó mi alma, mi padre apretó mi hombro en señal de que todo iba a mejorar. Salió de la caravana mientras la cubría con la manta, la acerqué contra mi pecho, su cuerpo temblaba bajo mis brazos.
Todo iba mal, podía sentirlo en mis entrañas, algo había cambiado en su interior. La cercanía a mi cuerpo, agudizo mi sentido de protección.
Si Jake  le había dejado su semilla en su interior me daría doble motivo para destrozarlo con mis propias manos.
Camine por el sendero entre la vegetación con rumbo a la casa, cargando a Bella en mis brazos, hasta llegar a la habitación.
La deposité en la cama con sumo cuidado como si fuera de cristal estallando al mínimo contacto. Le preparé un baño y la esponje hasta borrar hasta la última huella del maldito desgraciado.
Mis deseos carnales hacia esa mujer habían evolucionado a un sentimiento más bien paternal.
Su mirada escondía el horror de esa noche que desgarraba mi alma,  observaba el lugar como desconocido.
Mis lagrimas caían como leve llovizna que cae sobre las rocas, trataba de disimular mi debilidad, pero cualquier hombre que ama a una mujer, le resultaría difícil no compartir el dolor de un ultraje a su cuerpo y corazón.
Era inútil evadir la desolación de mi alma y la impotencia que me provocaba esta situación.
Seque suavemente su cuerpo que se encontraba en mal estado, de quedarle cicatrices recordaría ese momento dejando su corazón marcado a fuego.
La vestí con ropa de dormir prácticamente sin tocarla, mientras sus lágrimas silenciosas humedecían mis manos. Le cepille suavemente su cabello, la fragancia que este emanaba embriagaba toda la habitación de fresas, esencia fresca como era ella esta mañana.
Se recostó en la cama, la arrope y me tendí a su lado.
Sus ojos se cerraron sin ofrecer la mas mínima resistencia se notaba en su rostro que se encontraba exhausta, apoyo su rostro sobre mi torso y se durmió.
Al rato baje las escaleras, le pedí a Alice que la cuidara por si despertaba y comencé a planear con mi familia sobre que haríamos y el lugar al que deberíamos trasladarnos. 
Lo único que deseaba en estos momentos es que no este embarazada, el curso de nuestras vidas cambiaría radicalmente.
Mi amor por ella es más grande que cualquier prueba que nos ponga la vida. 

CAPITULO XI.....ERES MIA.


–¿jake?–volvía preguntar , ahora mis ojos se mantenían aprisionados por mis párpados .
Dos manos temblorosas tomaron mis caderas.
Mi corazón comenzó a descender los latidos, conocía ese toque. Su aroma. Su respiración entrecortada,  dejaron   al descubierto el deseo que tenía por mi cuerpo.
–Lo siento amor–me susurró Edward en la nuca.–Sentí que no debía dejarte.
–¡Por Dios!– le grité mientras me adosaba a su figura masculina– ¡ Por poco muero de un ataque!– gracias a Dios Edward   decidió  quedarse. Tenía miedo.  Estaba desprotegida.
– ¿Podrás perdonarme?– me hablaba al tiempo que me besaba.– Tuve un mal presentimiento  puedo sentir  la presencia de él por los alrededores.
–Mi amor–  le hable tranquila  –  Sé que Jake esta  aguardando por mi,  mi corazón me lo dice a cada momento.
–¡Deja de preocuparte!. Ya estoy aquí.–me entrelazó entre sus brazos,   me quede así. Es en  el único lugar que me sentía a salvo.
– Preparemos unos  emparedados para comer tendidos en la manta–  me dijo,  mientras abría el refrigerador  para tomar más ingredientes.
 Al cabo de un momento salimos al encuentro de las chicas,  portando la bandeja con los tentempiés.
– ¡Bells!¡ cuánto que demoraste!– me acusó Alice  con una gran sonrisa acompañada con un guiño de ojo.
– Todo bajo control– le respondí con otra sonrisa.
Mientras nos sentamos con las chicas, Rosalie con su rostro de pocos amigos, me estudiaba todos mis movimientos como si fuera un bicho raro o lo que es peor que fuera a lastimar a su hermano.
El clima se sentía tenso a nuestro alrededor. Nadie había probado bocado  aún.
–¡ Edward! queríamos pedirte un favor –le dijo Rosalie en tono de hacer las pases con su hermano y regalándome una falsa sonrisa.
– Dime
– Necesitamos comprar en el pueblo artículos femeninos.
– Entiendo– le dijo,  mientras ocultaba su sonrisa burlona.
–¿Podrías prestarnos tu auto? Necesitamos llevarnos el tuyo. No podemos ir a pie. Volveremos enseguida.– lo miro expectante esperando su aprobación.
– De acuerdo–saco las llaves de su bolsillo.– Manejen con cuidado.
– Gracias. Almorzaremos en el pueblo. Los chicos deben estar regresando –dijo Alice dando por sentado que no estaríamos solos mucho tiempo.
–¡ Váyanse!.  Me puedo  arrepentir.–lo soltó  jocosamente.
Las dos corrieron apresuradamente entre carcajadas, como dos niñas pequeñas que se ocultaban de alguna travesura.
Nos  quedamos solos  tendidos en la manta almorzando.
 Conversamos por horas  supongo que su objetivo era  distraerme.
 Al caer  el sol comenzó aflorar la preocupación en su rostro,  los chicos no había regresado aún .Sus oídos atentos a todos los movimientos y sonidos provenientes desde la carretera.
– Llamaré a Jasper al móvil– marco su número un par de veces–¡ Maldita sea!... no funciona,  deben  estar en un lugar cubierto.
– No te preocupes deben estar de regreso de un momento a otro– mi voz sonó apaciguada.
–¿ Tienes frio ?
– ¡Si!–  había caído el sol de la tarde y el frio por la cercanía del agua anido en mi cuerpo.
–¿Entramos a la caravana para buscar un  abrigo?– me tomó de la mano,  subimos el escalón,  abrió la puerta y encendió la luz.
 El lugar era de una extensión indescriptible  su interior estaba exquisitamente amueblado.
 La pequeña cocina parecía muy funcional,  en el fondo una mesa colgaba de la pared y un banco a cada lado encastrado sobre los costados de metal que simulaban una pared.
 Al ingresar me llamo la intención que no se veía  una cama para descansar.
 Le pregunté curiosa– ¿ dónde  duermen ?
– ¡Aquí!– me señalo el lugar donde ocupaba la mesa. Comenzó con una clase práctica.
– Levantas la tabla–sus manos se movían de aquí para allá.–  La sujetas contra la pared,  corres estas trabas de aquí y ahora  puedes dormir.
–¡ Maravillosa!– los bancos se unían formando una cama en el lugar de una mesa.
–¿Quieres probarla?–me sugirió con un tono más que sugestivo, el deseo emanaba de sus palabras al arrastrarlas.
Me senté sobre la improvisada pero acogedora cama, realmente era cómoda. Se sentó a mi lado, con una picara sonrisa que se desvaneció por mi castañar de dientes.
–¿Aún tienes frío?. De ser así  te puedo hacerte  entrar en calor–su voz era áspera por el deseo. Siempre que estábamos cerca, su cuerpo se tensaba y era imposible desatender el llamado de la pasión.
–¡Hazme entrar en calor!–le pedí–  Aquí hace mucho frio– me estaba congelando,  interiormente estaba justo en mi punto de ebullición.
– Iré a la casa a buscar una manta. Regreso pronto.
No te  tardes.–decidí que haríamos el amor solo con la luz de la luna que se abría paso entre los árboles  para colarse por las ventanillas.
Lo observaba como se alejaba,  me levante,  apagué la luz, me desvestí,  solo me deje la ropa interior. Recostada sobre la cama comencé a enroscar mi pelo en el dedo índice. Mirando el techo de poca altura.
 Creo que estaba tardando demasiado .Los minutos parecían eternos. Empecé a  impacientarme.
Sentada me quité el sujetador  mi cuerpo ardía en deseo de él, me imaginaba su miembro introduciéndose una y otra vez y su transpiración en pequeñas gotas rodando por su espalda.
Me avergoncé de mis propios pensamientos, giré sobre mi cuerpo quedando boca abajo en una pose más que sexi.
 Mi corazón palpitaba alegremente podía sentir sus pasos hacia la caravana, me haría  la dormida. Pero no era buena idea. El solo cerrar los ojos y encontrarme en la oscuridad me daba miedo.
 Sentí la puerta abrir y cerrarse suavemente.
– Has tardado demasiado mi amor.– se escuchó mi voz en la penumbra del interior de la caravana en un silencio total.
 Nadie respondió a mi comentario. Un temblor se apoderó de mi cuerpo, no se si era frio o una horrible sensación de pánico.
 Unas manos comenzaron a acariciar mis piernas de forma ascendente el toque de esas manos me provocaba cierto rechazo.
 Mi corazón se detuvo por el miedo,  ese toque lo  había cambiado  por el de Edward,  odiaba esas manos.
 Giré sobre mi cuerpo para verle el rostro al maldito.
– ¿Jake como puedes hacerme esto?– le dije al borde de las lágrimas.
– Eres mi esposa–  me dijo con un tono de voz oscura y una sonrisa nefasta dibujada en su cara.
 Su cuerpo se encontraba a  horcajadas del mio,  una mano sostenía mi rostro hacia un costado y con la otra mano incrusto una aguja,  enterrándola en lo mas profundo de mi cuello.
 Sentí la sustancia deslizarse por mis venas surtiendo efecto al instante, mi corazón latía en cámara lenta, sus sucias manos tocaban y ultrajaban mi cuerpo,  en un grito silencioso expulse un suspiro llevando consigo  un dolor interior imposible de controlar.
– ¡Maldita perra!¡ mírame! Demuéstrame como gozas –el maldito se acercaba y escupía sus palabras en mi rostro.
 Sus movimientos bruscos y agresivos me desgarraban una y otra vez.
Sus manos se hundían en mis pechos  clavando sus uñas y mi piel sangraba en respuesta a cada mordida.
 Su rostro malévolo y sombrío sonreía en señal de éxtasis  disfrutando la situación.
 Mi corazón  rompía en mil pedazos como un cristal al estallar, con cada estocada profunda.
–¡Muéstrame tu rostro de placer! El mismo que le regalabas a él cuando te tenía tendida entre las velas.
–¡No puedo!–intente gritarle–Ya no te amo.–mi voz sonaba distorsionada, mi lengua golpeaba contra mis dientes por  efecto de la droga,  hacia estragos en el habla.– Por favor jake… detente déjame en paz.
– ¡Jamás! Te casaste conmigo para pertenecerme.–su cuerpo se movía de manera agresiva.– Eres mía Bella,  solo mía.
 Su acto transgredía todas las reglas, si la justicia estuviera de mi lado lo condenarían a perpetua. Lo alevoso de su accionar, como  abusó  de mi alma y mi ser,  más la impunidad con la que se manejaba  en estos momentos,  me daba la impresión que esta historia había sido un miedo que me paralizaba en mi interior y que en este momento salía  a la luz.
 Cuando todo parecía terminar,  su cuerpo caía desplomado sobre el mio, su miembro se erguida por entre mi cuerpo, parecía que tenía vida propia y actuaba con  autonomía.
 Y  otra vez el ultraje y la desolación de mi alma.
¿ y Edward?¿ Le habría pasado algo? Mi corazón me decía que aun continuaba con vida.
 Cuando Jake acercó su boca con su aliento apestado por  el alcohol,  mi visión reducida observó sangre fresca en su nariz y frente, tenia la corazonada de que Edward había dado pelea,  de un momento a otro me salvaría.
– Bésame– me dijo furioso,  como si hubiese leído mis pensamientos sobre Edward .–¡ Bésame  como si aun me amaras desgraciada!.
– No.–se oyó en un hilo de voz.  Mi mejilla se apoyó a un  lado,  despreciando su boca que deseaba mis labios. Una bofetada sacudió mi cabeza tomó mi rostro con ambas manos y me beso de manera furiosa. Me obstruyo la respiración, quede inconsciente.  
Unas viejas imágenes se apoderaban de mis pensamientos.


Flashback de Bella
Ese día regresaba por la carretera conduciendo tranquila,  había pasado a visitar a Charlie.
 La moto aparcada en el umbral  de la casa de Yesica,  una vecina,  me llamó la atención.  Detuve la marcha,  seguro que Jack habría sufrido un contratiempo sin embargo me asombro el comprobar que nadie salía de la casa a pesar de mis insistentes golpes a la puerta.
 No se oían voces solos gemidos  entrecortados. Tome la manija de la puerta que cedió bajo mi mano. Me quedé parada  en medio de la sala,  los gemidos que hace instantes  había escuchado vagamente,  ahora  eran claros y fuertes.  Creí reconocer la risa de jake,  subí los escalones de dos en dos enceguecida por los celos,  la voz de una mujer diciendo su nombre dieron un vuelco a mi  corazón,  busqué desesperada la puerta de la habitación,  entre sigilosamente.
 Mis ojos no dieron crédito a la escena que descubrí. Jake recostado en una gran cama, Yesica sentada a horcajadas y otra mujer besando los labios de él, esos labios que me despedían cada mañana al irse a trabajar.  
Los tres cuerpos formaban una masa compacta que apenas pudieron separarse  al ser sorprendidos.
Ese día fue una  bofetada por una nueva actitud de parte de él. Y una demostración de lo poco que realmente me amaba. Esa imagen se repetía una y otra vez.



 Había como caído en un sueño profundo.
 De pronto abrí los ojos,  estaba oscuro la noche se había apoderado del lago y todo a su paso. Estaba sola por suerte todo se había terminado,  por efecto de lo que me inyecto mi corazón latía débilmente y mis extremidades entumecidas yacían sobre la cama.
 Alguien encendió la luz.
–¡¡¡ Nooo!!! –Escuche la voz de Edward paralizada en medio de la ceguera que le produjo el tormento de la imagen que tenia frente a sí.–¡ Lo mataré! ¡Juro que lo mataré!– se acercó a mi lado. Podía ver su rostro,  estaba ensangrentado,  mis labios no emitían ningún sonido quería decirle que mañana todo se vería diferente,  que íbamos a ser felices.
Quería decirle tambien lo mucho que lamentaba no haberle contado a Charlie.  
 Su mano acarició mi rostro su expresión de dolor lastimaba mi alma. No era justo que siempre pasara por un mal momento por mi culpa.
–Perdóname amor mio– su voz angustiada acompañaba una lágrima furtiva.– No debí dejarte sola,  todo es mi culpa .
Escuche pasos que llevaban prisa,  de repente la caravana estaba llena de gente.
 Alice abrazada a Jasper,  lloraba desconsoladamente .Emmet por respeto a mi desnudez entro y salió del lugar. Rosalie ni entró.
–¡ Carlisle!¡Carlisle!¡ por favor dime que va a estar bien!.– le imploro Edward a su padre. Como un poseso comenzó a dar golpes a todo lo que tenía a su paso.
 Estuvo tentado en salir a buscar a jake pero la duda se plantó en sus pensamientos,  si salir a matarlo o quedarse a mi lado. Optó por salir con sus hermanos.
 Las cálidas manos de Carlisle me examinaron exhaustivamente,  me curo las heridas,  poco a poco nos quedamos solos, sus ojos nobles cargados de dulzura me transmitían paz interior.
 Aun estaba bajo los efectos de lo inyectado,– Tranquila hija mía.– me dijo. Descansa,  mañana estarás mejor,  me beso la frente y se levantaba para irse.
 Mi mano aprisionó su brazo y mis ojos apoderados por el miedo,  se entrecerraron.– Bella, Edward te cargara y te llevara hasta el dormitorio.– Carlisle interpretó mi agarré mi preocupación por quedarme sola.–¡ Edward puedes pasar!.–lo llamo a su hijo, Edward  ingreso un poco más tranquilo.
 Me cubrió con una manta,  me cargó y nos trasladamos hacia el interior de la cabaña,  aun en sus brazos subimos la escalera,  me recostó sobre la cama y me preparo un baño tibio,  me esponjó todo el cuerpo sus manos acariciaban mi cuerpo de manera paternal,  mi mirada vagaba por todo el cuarto del baño. Me sentía pérdida,  mi corazón como un trozo de hielo se sentía destrozado. No entiendo porque me pasaba todo esto a mí.
Aunque mi preocupación ahora era otra. Jake nunca usaba protección. Y me sentía diferente en mi interior.
¿Estaría embarazada? Ó ¿solo es mi imaginación?

CAPITULO X. PROTECCIÓN.


Edward  se perdió entre los árboles.Dudaba entre quedarme  recostada entre las velas que adornaban la manta, pero sería un blanco fácil, o ingresar a la casa. Presa por la desesperación decidí huir del lugar.
Mi decisión fue la correcta, escoger el silencio acogedor de la casa. Por suerte Edward estaba de regreso y se acercaba a paso firme hasta que ingresamos juntos a la casa.
Sus ojos vagaban observando la misma nada.
La preocupación comenzó a instalarse en mi interior.
–¿Qué sucede amor?–le pregunté con elaborada confusión.
–Nada cielo.–murmuró–¡Solo debemos estar alerta!–el tono de su voz y la atmósfera cargada de misterio y sospecha, generaba en mi una exagerada preocupación.
–Cierra todas las ventanas–me dijo sin mirarme, tomó su móvil,  subió por la  escalera .Mientras tanto caminé hacia el ventanal para recoger los trastos de una exquisita  velada inconclusa  cuando un grito imperativo paralizo mis músculos que provocó que me detuviera sobre mis pasos.
–¡Cierra las ventanas!¡Ahora!–me ordenó.
 Jamás me hubiese imaginado que era capaz de tratarme así, me recordó a mi esposo. Al ver la expresión de horror en mi rostro, descendió a grandes pasos por la escalera  y  me tomó entre sus brazo.
–Jake.–hizo una pausa– Jake anda merodeando por los alrededores.–murmuró  en mi oído. Me aprisionó contra su torso y rompí entre sollozos.–Tranquila amor, tendremos protección.– su voz me resultó un tanto tranquilizadora.–¿Por qué no intentas descansar?
–No tengo sueño, gracias.–mentí y mi respuesta resulto algo irónica.
¿Me animaba a que duerma?¿Quién puede dormir cuando toda tu integridad física esta en peligro?. Jake se encontraba agazapado en la oscuridad esperando la oportunidad de atacarme.
Viví muchos años con Jacob, lo conocía lo bastante bien para saber como actuaría, hasta podía imaginar cuales eran sus pensamientos. Él debe tener otros planes ya que este le falló y no considero que se dará por  vencido así porque sí. Tenía miedo.
Era de madrugada...
–¡Ven aquí!–se sentó en un sillón. Apoyó sus pies cruzándolos entre sí, sobre una mesita vidriada  de algunos centímetros. Encendió la TV saltando de una emisora a otra.
Me senté a su lado apoyé mi cabeza sobre sus piernas y me estiré sobre el largo del sillón.
Su mano acariciaba mi cabeza  y mis ojos intentaban estar bien abiertos. Comencé  a parpadear lentamente hasta que quede  profundamente dormida.
Mi mente comenzó a entrelazar mis vivencias para darle forma a el  sueño tan real, que por momentos  creí estar despierta.
…*Edward dormido en la habitación. Su cuerpo sobre el mío,  rodeándome con sus brazos.Mi mirada clavada en las cortinas del ventanal .Podía sentir el peligro acechándome.De repente un disparo certero impactó sobre la nuca de Edward  su sangre se derramaba por su cuello para caer sobre mi pecho desnudo. Podía escuchar mi propio  grito  tan desgarrador  y agonizante.El cuerpo sin vida sobre mi me dificultaba  respirar y la voz distorsionada de Jake que me decía que me merecía vivir para sentir lo que él estaba sufriendo por mi,  mientras me apuntaba a la cabeza*…
 Las imágenes tan nitidas que a mi cerebro le costaba diferenciar lo real del sueño.Me despertó una lagrima que rodaba por mi mejilla, imagino que Edward me debe haber traído en brazos a la cama, no recuerdo como llegue aquí.
Me restregué los ojos   me levanté y seguí las voces que provenían del piso de abajo.
Bajé las escaleras y Edward me estaba esperando al final de la baranda. 
–Bella mi amor–me extendía su mano– Tenemos visitas.
–¿Alice? ¡Alice! –me abalance sobre ella, saltábamos de la alegría juntas y abrazadas.
–¡Amiga! Te he echado de menos.–me dijo Alice con lágrimas en sus ojos al igual que los míos.
– ¡Jasper! ¡Emmet! ¡Rosalie!–los nombre uno por uno–Qué emoción. Me sentía muy bien, su compañía me daba la sensación de pertenecer a esa familia.
Todos nos conocemos  desde adolescentes. Con  Emmet  tenemos un sentimiento muy particular, siempre ha sido como mi hermano mayor. Cuidando de que nada me pasará, ahora su hermano ocupaba  su lugar y además  nos amabamos.
–Rose, prepara algo para cenar.–le dijo  Edward con la voz un tanto dura.
–Es de madrugada y  tu mujercita debe encargarse de eso.–me lanzó una mirada fulminante.–Que ni se moleste .Ya cenamos.
–Rose, cariño. Ve a la caravana y prepara el café para los turnos.–le dijo Emmet  al ver mi expresión de tristeza. Se muy bien que no se encuentra a gusto por mi cercanía pero Rosalie se podría haber quedado con Esme.
–Haré el primer turno, el aire aquí apesta.– seguramente lo decía por mi.
–¡Rosalie!–le gritó Edward.–Este es nuestro hogar . Si no te encuentras a gusto puedes irte.
–Recuerda que tú me invitaste.–le contestó en un tono superior a su hermano mayor.–¡Estaré afuera!.–dio media vuelta pegó un portazo y salió con rumbo a la caravana.
–Ya se le pasará–me dijo  Emmet un tanto aflijido.
–Edward ¿Cuál es el plan?–pregunto Jasper algo fastidiado por la escena de recién.
–No existe ningún plan–contesto desinteresado. Aunque pude observar muy bien el leve movimiento de su cabeza hacia Alice y posar su mirada al rostro de Jasper en señal de silencio.
–Bella prepararemos una infusión y la tomaremos en el balcón.–supuse que los tres hombres deseaban hablar  y Alice obedecía  a su hermano.
Preparamos la infusión y subimos al entrepiso, nos quedamos en un silencio cómplice entre las dos, para escuchar la conversación entre ellos.
–Edward, Carlisle esta muy preocupado –dijo Emmet–Al terminar la guardia en la clínica se acercará a brindar su protección a Bella también.
–Lo sé–Edward se sentó sobre la barra de la cocina y continuo su monologo –Una vez mas quiero agradecerles su apoyo. Saben lo que Bella significa en mi vida. Pero esta situación se me va de las manos. No quiero que sufra más y no sé que puedo hacer para evitarlo.
Hace unas horas lo cruce en medio de la vegetación. Creí que aún estaría internado. Lo corrí un par de metros, ladeó su cabeza hacia atrás y nos miramos. Su mirada perdida  era la de un hombre trastornado y  poseído por la ira.  Digno de temer.
Iré al pueblo en unos días a recabar información  necesito saber  si el maltrató  a Bella u a otras mujeres.
De ser así pondré un punto final a esta locura y con mis propias manos.
–Nunca he visto a mi hermano así–susurro Alice en mi oído. Las manos de Edward golpearon la barra con tanta fuerza que se partió la madera de apoyo. Nos miramos asustadas por el sonido.
–Edward debes dejar que Charlie se ocupe de esto–me asombró  la carga emotiva de las palabras de Emmet .
  Yo creo que Edward tiene razón  haremos un trabajo  minucioso con respecto a sus vidas y luego… ¡ Justicia por mano propia !–Emmet  le lanzó una mirada envenenada que le hizo desdecirse.
 –Jasper no consideres cada movimiento desde una visión militar –dijo Edward  en voz  baja , no quiero  convertir   esto en una guerra y mucho menos que Bella sea el botín. 
–¿Entonces que sugieres  hermano?–  preguntó Jasper de modo terminante.
–Lo mejor será ser la sombra de Bella y a medida que sucedan los acontecimientos  actuaremos.
–Hermano  estas equivocado– le hablo Jasper tratando de mantener la calma  - Si pensamos así  dudo que sea un buen  plan .
–¿ Y entonces qué ?¿ expondremos a Bella al peligro y dejaremos que Jacob actué?
–preguntó Edward con voz apagada.
–Edward  déjanos  conversar con Carlisle y veremos – espero Emmet a que Edward asintiera con su cabeza.
–De acuerdo – replico con indiferencia Edward –Será  mejor  que organicen los turnos y monten guardia aunque dudo que hoy Jacob realice algún movimiento.
Con Alice guardábamos silencio hasta que finalizo la conversación. Cuando la puerta realizó un chirrido bajamos las escaleras.
–Edward iré con ellos. Bells que descanses–dijo Alice simplemente haciéndose la tonta como que no había escuchado nada.
Acompañe la figura de mi amiga con la mirada desde el ventanal apoyada sobre el marco.
Quede  paralizada   por la escena de allí afuera. Una enorme caravana aparcada a orillas del lago, la camioneta de Emmet a un costado y el auto de Carlisle que recién había llegado. Levante mi mano en respuesta a su saludo.
Me quedé inmóvil observando todos los movimientos de los Cullen, parecía una noche de acampada en pleno verano hasta con una fogata.
Dos brazos cálidos rodearon mi cintura y su voz murmuro en mi nuca.
–Amor ya no tienes por qué  preocuparte–mi cuerpo se tenso por su postura, podía sentir su proximidad y su sexo apoyado contra mi.
–Gracias por todo–le dije en un tono de voz apenas audible.–No concibo la vida sin ti.–giré sobre mis pies hasta quedar frente a él.
Mis labios buscaron su boca. Su beso  lento y pausado, encendiendo mis terminaciones nerviosas.
Mis manos  acariciaban su pelo desalineado y revuelto, él se estremeció  ligeramente a mi suave toque y su respiración se volvió áspera.
Sus besos recorrían mi cuello para luego tomar mi boca, me sentía totalmente conectada a él. Solo uno. Su corazón y el mio un solo palpitar.
–Tengo miedo perderte– el sonido de su voz seria y hosca me trajo de nuevo a la realidad, plagada de malos recuerdos en donde aparecía siempre la figura oscura de Jake.
–Mi vida no será la misma si te pierdo a ti.–susurre en su cuello. Una media sonrisa se instaló en su rostro.
–Dime que es lo gracioso–le dije ofendida.
–Mira por el ventanal.–giré mi cabeza hacia el lago y cinco miradas fascinadas y divertidas observaban  la escena de besos y caricias. Un intenso calor cubrió mi rostro.
–Vergonzoso–admití, me separe de su lado como si su cuerpo estuviera cargado de electricidad.
Me mostro su amplia y reluciente  sonrisa  y rompimos en carcajadas.
Me tomo de mi mano de manera casual y caminamos hacia la sala.


–¿En que estábamos?–se hecho a reír con un sonido bajo y cargado de dulzura.
–intento recordar. ¡Pero no lo recuerdo! ¿Me ayudas?–le dije mientras me sentaba en el sillón a su lado.
Se abalanzo delicadamente sobre mi  cuerpo  el  cuál respondió de manera inmediata a su toque delicado y preciso.
Las yemas de sus dedos dibujaban el contorno de mi rostro  mi cuello, mis pechos.
Una mano traviesa se deslizo por mi top, su caricia me hizo estremecer.
Mis manos  presas por la desesperación buscaban la cremallera de su jeans, mi pelvis realizaba movimientos ondulantes  otorgando permiso para entrar.
Ahora sus manos acariciaban mis muslos en un suave y preciso movimiento convirtieron mi falda en un cinturón, la yema de su dedo  me deslizó hacia un costado mi ropa interior para acariciar mi centro femenino una y otra vez.
Mi espera interior vibraba con cada movimiento, su lengua se zambullía una vez más en mi boca haciendo incursiones deliciosas cada vez mas profundas.
De repente un impulso me llevo a separar más mis rodillas y enlazar con mis piernas las caderas de él, casi se encontraba tendido  encima de  mi cuerpo.
Pude escuchar  los gemidos que se escapaban de mi propia garganta revelando el ansía y la necesidad. El peso de su torso desnudo sobre mi pecho me mareo  y su  sudor  descontrolo a mi alocado corazón.
Quería congelar la escena dentro de mi cabeza y todo mi ser.
Extendí la punta de mi lengua y dibuje sus labios en un gesto de tan alto contenido erótico que inflame su sangre hasta el límite, obligándolo a desnudarme en un segundo para sentirlo una vez más en mi interior.
Guiado por una fuerza invisible, su potencia masculina comenzó a embestir mi zona erógena. Su sexo engrosado, caliente y resbaladizo por mis jugos pedía a mi cadera un movimiento mas apresurado, sus manos tomaron mis caderas para realizar el movimiento sugerido.
Edward quiso controlarse, demorarse y permanecer allí, pero ambos sentimos que el clímax se avecinaba. Me apretó contra su cuerpo al tiempo que disfrutaba mis enfebrecidas reacciones.
Mientras  mi interior se transformaba en una incontrolable cascada, él se derramó con vehemencia dentro mio.
Nuestros corazones se calmaron y un cansancio silencioso nos envolvió.
Me beso el hombro y nuestros cuerpos se separaron. Preparo un baño de espuma, en donde reposamos entre besos y caricias.
Si alguien puede tocar el cielo con las manos, ese alguien se llama Isabella  Swan.
Después del baño reparador dormimos abrazados hasta el amanecer.

A media mañana  desde la cocina provenían ruidos de trastos y conversaciones animadas.Mi mano estirada recorrió  toda la superficie de la cama, aún tibia buscando a Edward, unos pasos ascendían por la escalera mientras una dulce y melodiosa voz me daba los buenos días. Coloco la fuente con un desayuno para dos.
Vivimos las dos semanas sin novedades  entre fogatas al aire libre y cenas en familia.
Los comestibles escaseaban y los hombres irían al pueblo a comprar.
–¿Segura  que no nos quieren acompañar?–preguntó Edward algo insistente.
–Hermano ya pecas de pesado–le contestó Alice jocosamente–¿Qué puede pasarle a tres mujeres solas en el medio de la nada?–nos reímos en el tono dramático en que lo dijo.
–Vamos, llevamos prisa– Jasper habló sin pausa.
–De acuerdo. Me cuesta dejarlas solas.
–¡Vete! ya–le dijo Alice mientras lo empujaba por la espalda  hacia el vehículo.
Ellos se fueron y quedamos las tres tomando sol en una manta.
–¡Tengo hambre! –le dije a Alice me levante sin más preámbulos  camine hacia la cocina, abrí el refrigerador y comencé a revisar el último estante para preparar  un  emparedado.

Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo al sentir una respiración entre cortada en mi espalda.Mi cerebro impartió la orden de que volteará, un espeluznante pensamiento me alertaba de un peligro inminente.
–¿Jake?–mi voz temblorosa se atrevió a preguntar aún de espaldas a la figura que me observaba.

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