CAP IX...PLAN PERFECTO.


BY JACOBO...

Los únicos sonidos que se oían en la habitación eran las gotas de agua que salían de un grifo mal cerrado.
Abrí mis ojos y mis sentidos no hallaban explicación a lo sucedido ni al lugar en que me encontraba.
 Atiné a tocar mi rostro aún dolorido por mi estampa contra el pavimento pero  el cableado de mi tratamiento intensivo no me permitía realizar ningún movimiento.
Me encontraba solo, mi esposa me había abandonado y mis hijos me imagino que desconocen esta situación.
Me sentía desdichado. Estaba solo, triste y abandonado.
Como la peor lacra de la sociedad.
Tantas mujeres pasaron por  mi cuerpo y ahora ninguna cuidaba de él. La desolación invadía mi alma al igual que la silenciosa agonía de mi corazón destrozado.
Si no fuera por su débil  latido habría  jurado  que había fallecido.
Mis ojos oscilaban por toda la habitación, mi estadía en la clínica parecía eterna a pesar de que solo había pasado  una noche internado.


–¡Enfermera!–mis pulmones ejecutaron el llamado pegando un alarido. Necesitaba  respuestas urgentes.
–Señor Black–ingresó una joven mujer, regordeta de cuerpo macizo y algo rollizo. Diría que muy alejada de las esculturales enfermeritas de mis fantasías sexuales.–¡Como se siente hoy!–me dijo en un tono suave.
–¡No  le interesa como me siento!–le dije en un tono muy grosero.–¡Quiero una explicación!¡Ahora!–le grité en su rostro redondo.
–Lo siento señor Black. No soy la indicada.–me respondió con  aire desinteresada.
–¡Fuera de mi vista!–la eche de la habitación.
La enfermera salió sin emitir algún sonido.
Ingresó un uniformado. Solo tomó su móvil realizó una llamada, me miró con desprecio y volvió sobre sus pasos.
Cuando lo vi, pensé…¡mierda! tenía custodia.
Un sentimiento de culpa se apoderó de todo mi ser, ¿habría acabado con la vida de Bella?. Cuando me den el alta seguro iría tras las rejas.
La culpa me devastaba por dentro, aunque en mi interior mi corazón deseaba que ella estuviera muerta para que no sea feliz con ese doctorcito de mala fama.
Al final Bella resulto ser igual que el resto.
Las mujeres solo sirven para pasar buenos momentos. Bella paso a ser una más del montón. Con su apariencia suave, inofensiva y sutil, en el primer descuido te dejan por otro y demuestran lo que son–¡una vulgar ramera!–grité desde mis entrañas.
Mis pensamientos me torturaban, la ira se apoderaba de todo mi cuerpo. Debo pensar en un buen plan  pensé en mi fuero interno.
–¡Jake !–Me alegro  que te sientas mejor.–interrumpió Charlie mi monólogo interno.
–Descuida Charlie  estoy listo para ir en busca de Bella para alejarnos de todo lo malo.–le hablé en un tono tranquilo y pausado.
–Jake sabes lo mucho que te aprecio.–me dijo con una media sonrisa–Comprenderás que has traicionado mi confianza intentando  arrebatar la vida de mi hija, mi más preciado  tesoro.
–Charlie escúchame.–intenté explicarle mis motivos.
–Perdona, pero el único viaje que harás será a una clínica para mentales.–repuso frunciendo el entrecejo y mirándome directo a los ojos  continuo hablando.–Cuando tengamos un diagnóstico certero ya veremos que pasará entre tú  y  mi Bella.
–¿Charlie ella esta aquí?–le pregunté albergando la esperanza que por el accidente compartiéramos el mismo edificio.
–No Jake, gracias a Dios se encuentra bien y protegida.–su voz escondía cierta satisfacción y tranquilidad. Mi cabeza comenzó a alterarse.
–¡Maldito Cullen!–le escupí en su rostro.
–En unos días pasaré a visitarte–me sonrió restando importancia a mi comentario.–Lamento que te encuentras tan solo. Si necesitas algo, pídele al custodio de la entrada.
Extendió su mano tocó mi pie, cerró la puerta y se marchó.
Mis puños se cerraron con fuerza, clavando mis uñas en las palmas de mis manos.  
  Me latía la frente de la presión que levantaban mis pensamientos de furia. Quería a Cullen entre mis manos y observar como presionaban sobre su cuello hasta dejarlo sin respiración y disfrutar  esa hermosa sensación de desesperación que sentiría Bella por ver la escena.

Las horas que permanecí internado las aproveché para trazar una gran estrategia.
–¡Buenas noches!, es hora de su medicina–la enfermera extendió un coctel de medicamentos.
Ni bien la vi entrar a la habitación observé en sus ojos la carencia sexual de esa desconocida mujer, ella sería mi boleto de salida de este lugar. Aún conservaba mi vocabulario seductor y tarde o temprano caería en mis redes. La mire al rostro y respondí a su saludo…
–¡Buenas noches hermosa!– le hable con voz ronca cargada de deseo, sonaba hambriento por esa mujer.
–¿Hermosa?–me preguntó desconcertada.
–Si hermosa.–logré captar su atención.  La enfermera se sonrojo y su corazón acelerado provocó un temblor en sus manos. Me sonrió complacida por mis palabras que me autorizaban a emprender  mi malévolo plan.


Continuaban pasando las horas …
Le imploré a mi nueva amiga excedida en peso que me hiciera compañía todo el tiempo ya que me sentía mal y no tenía familia. Se compadeció de mí y poco a poco fui ganándome su confianza.
Me sentía un poco  mejor aunque mi rostro mostraba algunas marcas de mi accidente. Durante los momentos que me encontraba solo había estudiado los horarios de los relevos de mi custodia personal, tenía  un plano de evacuación.
  Por suerte me habían retirado todo el cableado de los brazos  y respiraba por mis propios medios, sin asistencia mecánica.
Hoy la enfermera tenía la noche libre.
Tan solo habían pasado dos días. Conforme con lo planeado y gracias a la ayuda de la enfermera, al atardecer daría el gran salto a la libertad y saldría en busca de Bella.
Teníamos todo organizado.
 Ella se haría pasar por la recepcionista de la clínica y le diría que tiene una llamada al uniformado de la entrada a mi cuarto,  oportunidad que yo aprovecharía para escapar por la escalera de incendios hacia el estacionamiento en donde estaría su coche  con las llaves en contacto.
Ahí debía esperarla. El plan original sería pasar la noche juntos en un motel alejado de la ciudad y huir juntos ya que  seguramente tendría pedido de captura.
Ella desconocía mi verdadero plan, de haberlo sabido no hubiese contado con su incondicional apoyo.
Mi plan resulto mejor de lo esperado a la perfección.
El relevo llego a horario y pasarían algunas horas hasta que noten mi ausencia.
Cuando lleve a cabo mi plan, dejaré su coche abandonado y daré aviso a la policía.

Bajé las escaleras preso de la desesperación. En el estacionamiento se encontraba aparcado el auto.
Salí raudamente hacia la autopista, mis manos aferradas al volante con mis brazos muy estirados por la tensión de la situación.
Poco a poco fui perdiendo el control de mis reflejos para conducir, imaginaba sus sucias manos sobre el cuerpo de Bella, acariciando sus senos y  el rostro de ella emanando  placer por su toque.
Por momentos se me nublaba la vista por la desesperación de vivir esa  escena y pisaba el acelerador a fondo.
Las horas en esa clínica me permitieron pensar minuciosamente  todas las posibilidades del lugar en el que estarían escondidos.
Recorrí en mis pensamientos cada frase, cada dirección, cada indicio que me acercara a ellos.
Mi grandiosa memoria y mi sentido agudizado recordaron un comentario inocente,  más bien una queja por parte de Alice en la fiesta de graduación. En donde sus hermanos partirían con unas amigas a una cabaña que había heredado su hermano mayor.

Mis instintos  y mi sentido de orientación me permitieron dar con el camino y  por los pocos datos que recordaba de la descripción del lugar sabía que estarían allí.  
 Al pasar por el pequeño lago de agua turbia aminoré la marcha, apagué las farolas del coche y conduje con extremo cuidado.
–¡Bingo!–mis puños golpearon el volante con toda mi fuerza.
A lo lejos divisaba una cabaña totalmente iluminada, desde la edificación hasta la orilla del pequeño lago con luces tenues en el suelo, algo así como fanales o potecitos con velas, escondidos entre la vegetación.
Detuve la marcha del auto. Continué a pie varios metros, agazapado entre la vegetación tupida por árboles y plantas silvestres.
Cuando estuve lo bastante cerca de la casa, mis ojos no podían dar crédito a las imágenes que tenía frente a mi nariz.
Mi Bella recostada sobre una manta o algo parecido y sus sucias manos acariciando sus pechos, la carne firme se había adaptado a la forma de esa mano para llenarlas completamente. El placer  de su rostro inundaba la atmósfera, un rostro consumido por el deseo. Una expresión en su cara que yo desconocía.
Un sudor frío invadió mi cuerpo, luego estalló el calor en mi interior, si estuviese portando un arma los habría llenado de plomo en ese instante a los dos.

–¡Piensa jake!¡Piensa Jake!–me dije tomándome la cabeza entre mis manos.
Lo mejor sería torturar a su hombre hasta que ella ruegue por la vida de ambos y acabar con los dos y arrojarlos en el auto al lago. Aunque lo ideal sería arrebatarle la vida frente a su nariz así ella sufriría por amor como yo.   
La verdad tenía miles de ideas, todas giraban en lo mismo.
Desinflé los neumáticos de su coche y robé las llaves del arranque para que no pudieran seguirme.
–¡Maldita sea!–murmuré. La puerta del coche realizó un chirrido imposible no escuchar.
Decidí salir pitando hacia el lugar en que se encontraba el coche, Edward no tardaría en pisar mis  talones.
Debería planificar bien mi próximo movimiento, ellos no deben estar juntos…
Al avanzar unos metros, mi cabeza ladeo hacia atrás. Su mirada se cruzó con la mía.
 Me sostuvo la mirada desafiante y letal, indicando que estaba en su territorio y Bella  era de su propiedad.

CAP VIII.LA DUDA.


–¡ Bella! ¡Cierra las ventanas!– el miedo paralizó mi cuerpo.– ¡ activa la alarma con tu nombre!.
Trabé todas las ventanas y ventanales. Bajé velozmente las escaleras  y pulsé el teclado de la alarma con mi nombre completo.
Me acurruque detrás del sillón, apoye  mis piernas con todas mis fuerzas contra mi pecho y mis lágrimas comenzaron a caer sin cesar sobre mis rodillas.
Los minutos eran interminables, el silencio inundaba toda la habitación, solo se escuchaba el susurro de la brisa  y el canto de algún pájaro  desde el exterior de la cabaña.
Unos nudillos acariciaban suavemente la puerta principal y el sonido de su voz me invitaba a acercarme y salir en su búsqueda.
Me incorporé tambaleante presa del miedo que aun habitaba en mi cuerpo, desconecte la alarma y me arrojé a sus brazos, el único lugar en el que me sentía segura.
–¡Tranquila mi amor! – el sonido de su voz fue segura.– Nadie podrá encontrarnos – sus palabras eran firmes y confiadas.
–¿Jake? –me atreví a preguntar en un hilo de voz.
–No mi amor. Solo era un caminante solitario sin rumbo.–se dirigió hacia la cocina.–Comeremos algo.
Café y tostadas. Desayunamos en silencio.
Mientras lavaba y guardaba los trastos del desayuno, intente mantener una conversación circunstancial.
Mis pies danzaban inquietos  por toda la cocina.
–¡ Edward !–observe en su rostro cierta preocupación que se guardaba para si.
–Dime, amor.–me respondió de manera casual.
–¿Qué harás conmigo, cuando retomes tu actividad en la clínica?
–Vivirás con Charlie o Reneé –sus ojos se clavaron en los míos, note una pizca de picardía junto a una media sonrisa que se instalo en su rostro.
–Soy lo bastante madura para decidir que hacer con mi vida.–Le respondí en tono desafiante.
–¡No lo  creo!  En menos de una semana  te he salvado la vida. –su risa retumbaba en la cocina.
–¡No es verdad!– lo acusé un tanto ofendida.
–En realidad…–me hablo con un tono conciliador– he juntado todos los días que tengo de receso en la clínica y me quedaré contigo hasta que esto se resuelva.
–¿ Y de cuanto tiempo estamos hablando?–pregunté curiosa.
–Toda una vida, de ser necesario. –su voz sonó apesadumbrada.
–Suena bien.
–Ven aquí.–me llamó sonriente. Me tendió ambos brazos.
Aún seguía sentado en el taburete  contra el  desayunador.
Me acomodé de pie entre sus piernas que estaban  flexionadas. Sus brazos rodearon mi figura que se tensó  por la proximidad de su cuerpo.
Acariciaba mi pelo, mi espalda, introdujo sus manos en mis bolsillos traseros y me atrajo aún mas contra su cuerpo, mi cintura sentía la presión sobre el deseo que aumentaba sobre su pantalón.
Mis dedos se entrelazaban en su cabello, sedoso y brillante.
Su cercanía provocaba un latido en mi interior que desaparecía en mi entrepierna.
Los dos nos deseábamos. Sostenía mi mirada, se acercaba lentamente como el cazador que estudia los movimientos de su presa.
Sus ojos claros ardían de deseo,  profundos, eran una invitación a lo prohibido.
Respiraba con dificultad, sus manos recorrían mi espalda, apoyo su rostro en mi hombro y susurro entre mis cabellos.
–Te deseo. Te he deseado por años, Isabella.
Mi corazón dejo de latir por un microsegundo para luego latir alocadamente.
Tomé su rostro entre mis manos y lo besé,  con  pudor  apoyaba mis labios una y otra vez  sobre los suyos lentamente.
Sus dedos me tomaron por la nuca y su beso fue intenso,  dejándome sin aliento, saboreando mis apetitosos labios. Su lengua exploró cada rincón  de mi boca y sus exhalaciones dulces se precipitaban sobre mi rostro.
La pasión me hacia prisionera  de tanto amor. Deseaba ese hombre cabalgando con valentía sobre mi cuerpo, cual caballero regresa victorioso de una batalla.
De repente la presión entre los cuerpos fue disminuyendo, hasta que los cuerpos comenzaron a distanciarse.
La sangre bombeaba lentamente  hacía mi corazón. Mi cerebro le devolvió la calma a mi cuerpo. Mi mente comprendió que no era el momento, quizás mas tarde sofocaría mi fuego interior, dejándome una vez más sin aliento.


Mi rostro denotaba fastidio. Al ver mi expresión  atormentada por el deseo como una melodía inconclusa, trato de animarme.
–¿Qué tienes pensado para el día de hoy? –formuló la pregunta con cierta picardía.
Mi pensamiento reaccionó al instante con un torrente de acciones sucias que las transformó en una sonrisa con una carga sexual imposible ignorar.
–Me daré una ducha– bien fría, pensé en mi fuero interno–Haré la cama y ordenaré la cabaña.
–No es necesario, –me dijo restando importancia–alguien en la semana se encargará de la limpieza.
–Si lo permites,  lo haré .Me incomoda  ver personas extrañas por la casa.–mi tono de voz era preocupante.
–¡Haremos la limpieza entre los dos!–respondió entusiasmado–Le diré a Alice que se encargue de cancelar hasta el jardinero.
Llené la tina hasta el borde con sales perfumadas y espuma.  Me sequé y me vestí cuando el agua estuvo helada.
Desde la planta baja sonaba una bella melodía, el piano emitía dulces sonidos  interpretando cada nota. Los dedos de Edward sobre el teclado simulaban cada caricia suya sobre mi piel.
Me apresuré a ordenar todas las habitaciones. Me recosté sobre el  sillón para escuchar detenidamente  la música que Edward interpretaba para mi.
–¿Deseas dar un paseo por los alrededores?–su invitación denotaba la preocupación por mi estado de  ánimo.
La melodía embriagaba mi corazón de recuerdos desagradables que prefería olvidar.
–¡ Hermosa melodía !–me acerqué  al piano con movimientos gatunos, lentos , en señal de cortejo.
Le besé la coronilla, me tomó de la mano y salimos a dar un paseo por el pequeño lago cercano a la cabaña, escondido cual secreto, entre la vegetación tupida.                                                                                                                               
–Sabes unas pocas personas han visitado este lugar–comentó con aire triunfante– Es difícil ubicarlo. 
  –¿y  tú , como encontraste el lugar?–pregunté curiosa.
–Es una larga historia de la familia Cullen, esta zona  se hallaba despoblada y con poca vegetación. Por generaciones todos los Cullen hemos mantenido la tradición. Cada padre con su hijo mayor  debe realizar un viaje y plantar un árbol de ese lugar en el que se han pasado los legados de la familia.–Su explicación dejaba en claro  el significado de familia para todos ellos.
Continuábamos caminando entre los arboles, cada uno tenia una placa con nombres y sitios grabados de los viajes y la fecha en la que fueron plantados.
–¿Este lo has plantado con tu pa…?–intenté preguntar emocionada.
 Sus musculosos brazos me apoyaron suavemente contra el árbol, sello mis últimas palabras con un beso y susurró sobre mi boca.–El próximo lo plantaré con nuestro hijo.
Sus palabras daban vueltas en mi mente,  ¿deseaba tener un hijo ?.¿ Me amaba?.

Volvimos sobre nuestros pasos.
–¡Tengo una sorpresa para ti !– me dijo  el cruzar la puerta–cenaremos algo especial.
–Me vestiré para la ocasión.–le sonreí y lo mire risueña.Con mi falda extremadamente corta y mi bluza de encaje|,  me sentía sexi.
Me apresuré  para bajar las escaleras a tiempo para cenar.
Salí por el gran ventanal frente al lago, mis pies se clavaron contra el suelo, mis ojos se deleitaban contemplando el escenario que se erguía majestuoso preparado especialmente por él.
Una mesa para dos, algunas velas dispersas por el lugar otorgando cierta calidez al ambiente.
Costillitas de cerdo con  ensalada recién descongeladas. Mousse de chocolate para postre.–anunció Edward saliendo de la cocina.
–¡A mi puedes servirme directamente el postre! –exclamé con picardía y gracia.
–¿El postre?–pregunto jocosamente– Si eres una niña buena, lo tendrás cuando acabes tu mousse de chocolate–me guiño su ojo y carcajeamos  juntos.
–Entonces …sírveme la mousse.–le sonreí acalorada por los  pensamientos libidinosos que cruzaban por mi mente. Necesitaba que mis comentarios dejaran en claro que no tenía hambre y que solo deseaba terminar lo que dejamos inconcluso en el desayuno.
Conversamos animadamente sobre nuestras vidas durante varias horas. Casi sin esfuerzo nombramos  al padre de mis hijos, aunque por momentos dude que jake hubiese formado  parte de mi vida.
Me sentía realmente feliz disfrutando de su compañía.
–Bella, cariño.– me tendió su mano.–Comeremos el postre a orillas del lago.–tomo el postre, caminamos unos pasos hacia una manta que había acomodado junto a unas  esferas de vidrio con velas flotantes encendidas, creando así un lugar mágico plagado de placer y pasión. Nos sentamos en el centro.
–Edward hablemos–quería agradecerle y contarle lo que me apena .– Necesito que sepas que una vez elegí mal en mi vida y ahora estoy pagando las consecuencias y lamento mucho que pagues…–no pude terminar de expresar todo lo que tenía guardado en mi corazón, me tomó por las muñecas, se arrodillo frente a mi, me atrajo hacia él.
Su proximidad a mi rostro proclamaba el inminente beso.
Mi boca se encontraba entre abierta, entregada, saboreando ese beso que aun no era dado.
Mi cuerpo descansaba entregado en sus  brazos, deje que sus ansias lo guiaran hacia mi boca que anhelaban sus besos tiernos y húmedos. El momento había sido decretado y oponerse a este fogoso encuentro era imposible y no quería oponerme. Mi boca pedía a gritos silenciosos que sus labios la hicieran suya.
Se limito solo a apoyar sus labios con fuerza sobre los míos, mis dedos se cerraron sobre su espalda arrugando la tela de su camiseta impregnada de su aroma que me embriagaba y despertaba mis sentidos.
Abrí mi boca, frotó  mis labios y los barrió con furia.  Vaciló un momento. Se demoró en aspirar mi aliento fresco y suave cargado por mi deseo.
Toco mi labio superior con la punta de su lengua, con tanta suavidad, que no estuve  segura   , hasta que oí el entrecortado gemido que escapaba de sus labios.
 El momento del beso creo una atmósfera mágica, el aire de la noche era frio, aunque el de nuestro alrededor se sentía caliente.
–Eres frágil y cautivadora, me tienes atrapado en tus redes.–susurró gravemente.
 Un movimiento leve,  guardo mi timidez,  atrajó  su mano hacia mi, sostuvo bajo su palma mi pecho manipulándolo para él, saciando su apetito.
Los masajeo por completo con suavidad y bajó su cabeza para hundir su rostro entre mis dos tensas colinas que se ofrecían a su boca para ser exploradas. Restregó su nariz para aspirar el perfume de mi piel, una mezcla a dulces y fogosos deseos.
–Isabella, eres mi Bella– murmuró contra mi pecho. Comenzó a dibujar mis contornos con su boca.–Quiero besarte y mimarte una y otra vez.–su mirada la sentía cargada de excitación.
Me estremecía con cada caricia suya sobre mi piel y apretaba su rostro sobre mi cuerpo intentando fundirlo con el mio. Me tumbo sobre la manta y frotaba su sexo sobre el mio, mis piernas se separaban ofreciendo todo mi ser, él me miraba maravillado y me besaba.
Quería que sintiera el deseo de mi cuerpo que se arqueaba con cada movimiento de su cadera sobre mi ropa, para que el ardor de la entrepierna se convirtiera en una hoguera para consumir nuestros más profundos deseos de locura y pasión. Sus  toques masculinos despertaban  una sensación  que nunca me hubiera imaginado que existía.
En un pestañar de ojos,  me despojó de toda mi ropa.
–¡Me vuelves loco …Bella!. Quiero que goces  como nadie te ha hecho gozar en tu vida. Eres única. Todo tu ser esta hecho para ser amado.–murmuro apasionadamente.
–¡Edward!–necesitaba escuchar el sonido de mi voz para darme cuenta que no era un sueño.
De pronto se quedo inmóvil, su cuerpo convulsionado pasó a estar inerte, yacía sobre mis pechos. Abrí mis ojos buscando una respuesta en los suyos.
–¡Shhhh!–me dijo en un sonido apenas audible–¡no te muevas!–me ordenó y tapó mi boca con su mano.
–¿Qué sucede?–le exigí histérica hablando sobre su mano. Aun atrapada bajo su cuerpo.
–Alguien cerró la puerta del auto.–note tenso su hilo de voz.–¡Entra a la casa y ya!.me ordeno.
Se puso de pie. Me besó. Me dijo te amo y salió velozmente entre la vegetación  buscando al intruso.

CAP VII.LA HUIDA.


–¡Te amo Bells!– fueron las  últimas palabras que brotaron de la boca de Jake.
Los perdigones caían sobre la carretera, como una lluvia de granizo.
Una  sórdida explosión avisaba que las ruedas delanteras habían estallado por los impactos de las balas.
Imagino que Charly había ordenado  solo  detenernos, pero jamás de matarnos.
Jake pierde el control del  vehículo  ,  me incorporo para visualizar por la parte trasera de los cristales del auto y observar la escena.
Un fuerte estruendo contra el mismo y mi cabeza astillando el parabrisas, anunciaba que frente a nosotros se percibía el trágico  descenlace.
Una bala realizó estragos dentro del cuerpo  de Jacobo.
Al detenerse el coche baja rápidamente en un intento de fuga, pero  por su  gran pérdida de sangre desde su hombro, cae pesadamente golpeando su rostro duramente contra el pavimento.
Todo sucedió en un segundo, mi rostro ensangrentado contra el panel delantero. Y mi cuerpo adormecido en el asiento del copiloto.
De pronto la oscuridad.
 En los últimos momentos,  la oscuridad  más que una circunstancia paso a ser una situación cotidiana en mi vida.
La imagen de Jake tendido y rodeado por un fluido sanguinolento  quedó  grabado  en mi retina.
A lo lejos el sonido de las sirenas de las móviles policiales, servicio de emergencias retumbaban en mi cabeza golpeada.
Una voz familiar sonó en mi alma  alertándome que aún vivía.
 En mi vida he estado tantas veces cara a cara con la muerte y he salido victoriosa.
He llegado a pensar que se estaba ensañando conmigo  con un juego macabro de poder, en el cual hasta ahora he ganado.
–¡Edward! ¿Jacobo aún respira?
–¡ Su pulso tiende a desaparecer!– le respondieron a Charly desde el otro lado del coche.
Mucho mejor  deberá darme una muy buena razón para que viva.–los brazos de mi padre me cargaron fuera del  lugar del accidente. En el  móvil de emergencias  me atendieron rápidamente, estaba consciente. 
Jake era retirado con una mascarilla y la sirena de la emergencia sonaba escandalosamente fuerte  junto a un móvil policial que hacia de escolta. Me imagino que iría a ser arrestado.
Una vez asistida  corrí torpemente arrojándome a sus brazos  para llorar desconsoladamente.
–Edward no me abandones.–mi tono suplicante hizo estragos en su corazón.
–Bella, siempre estaré a tu lado.–sus labios se fundieron con los míos en lo que sería nuestro primer beso de amor, que sellaría así su promesa.
–¡ Edward !–lo llamó mi padre rompiendo el clima–acompaña a Bella a la estación, quiero saber que esta pasando.
–Charly no creo que sea el momento.–le sugirió –  Deseo llevar a Bella a un lugar alejado del pueblo y poder cuidar de ella.–sus palabras más que suplicas le pedían permiso a mi padre.
Mi padre se quedo pensativo por un momento, palmeo la espalda de él–Muchacho sé que cuidarás de mi Bella – sus palabras fueron de confianza hacia él.
Gracias Charly ¡No te arrepentirás!– su corazón sonreía por la victoria.


Mientras conducía hacia el pueblo realizó un par de llamadas desde su móvil pidiendo comestibles para una larga temporada.
La única que conocía nuestro destina era Alice. Él debía tomar todos los recaudos necesarios para evitar un nuevo atentado, aunque Jake  pasaría unas  largas  vacaciones  internado.
–Pasaremos por el pueblo a comprar algunas prendas y para tu aseo personal.–me habló  en un tono sin derecho a replica.–Por el dinero no te preocupes.–me dio la sensación de haber leído mis pensamientos, sólo asentí con mi cabeza.
La carretera hacia el pueblo parecía interminable, tenía mi visión puesta en la misma nada, no podía dejar de pensar en los últimos días de mi vida.
Mi gran interrogante era si Jake siempre fue así o había enfermado de repente.
Paso de ser un esposo frío, distante y mujeriego a uno posesivo  enloquecido por  mi, alguien digno de temer y mantenerlo alejado.
Quería convertir la pesadilla de mi matrimonio en una añorada vida feliz  junto a Edward al planificar la huida.
Pasamos por la tienda de Mike.
 Mis manos descansaban al costado de mi cuerpo observando como la pila de todo tipo de ropa y calzado aumentaba de tamaño sobre el mostrador.
Mike solo atinó a preguntar algo sonrojado a donde iríamos de viaje.
–Bella saldrá del pueblo con mi hermana. Estudiara medicina con ella.–se apresuró  a contestarle a Mike. Fue conciso y cortante.
–¡Ya veo!–respondió Mike alegremente porque había  evacuado su duda, de si vacacionaríamos juntos.
Extrajo de su bolsillo su plástico  y subimos al coche con rumbo desconocido para mí.
Condujo fuera del pueblo, cruzamos un puente con escasa agua y algo turbia.
–Sabes de niño solíamos pescar aquí con mis hermanos.– miró  hacia su lado con nostalgia en sus ojos.
–Algunas cabañas aparecían de manera intermitente simulando un pueblo fantasma.
La noche realizó su aparición con una gran luna brillante.
El pánico a lo desconocido me invadía. Hacia horas que conducía absorto en sus pensamientos y en silencio.
Quería decidir si preguntar a donde me llevaba o simplemente esperar a que me sorprendiera, cuando giro bruscamente para tomar un camino alterno que casi se desdibujaba en el interior de la noche.
Se veía como un sendero, sin señalizar, apenas visible entre el follaje.
Podría jurar que de tener que venir sola, no encontraría el lugar.
Entre la oscuridad circundante y la vegetación mi mente imaginaba sombras malévolas que acechaban a nuestro andar.
Disminuyó la velocidad a paso de hombre y apagó  los faroles de su  vehículo
–¿ Tenebroso, no?– me sorprendió su comentario en un hilo de voz mas tenebroso aún.
–¡Por supuesto!–le respondí en un susurro.–¿Por qué no enciendes las luces?
–Supongo que es mejor que los vecinos aledaños no nos vean llegar.
A escasos kilómetros   en la penumbra del   bosque, se divisaba una cabaña como la de los cuentos de hadas, toda iluminada, podría decirse hasta que estaba habitada.
–¿Te gusta?–me preguntó con una amplia sonrisa.
–Tiene cierto  …¿encanto?–sonó más una pregunta que una afirmación, en realidad me sentía una princesa guarecida en el bosque de su cruel y malvada madrastra.
–Cuando terminamos el instituto mi padre me la obsequió. Junto a mis hermanos la acondicionamos  y ha sido nuestra guarida por años .–me miró con picardía y me guiño su ojo.
–¡Qué  bien!¿me traes a tu escondite?–le dije algo ofendida, debo confesar que me dieron celos imaginar que otras mujeres han pasado por su cabaña.
–¿Te has quedado en silencio?–me dijo preocupado.


Detuvo la marcha. Descendimos  del coche. Me tomó la mano de forma casual sin preámbulos.
Caminamos hacia la puerta principal. Entramos.
El interior era aún más majestuoso que el exterior.
Se encontraba muy iluminada por lámparas colgantes, otras de pie y apliques sobre la pared formando un zócalo sobre la parte superior de la pared.
Me llamó poderosamente la atención que la planta baja sea una amplia habitación separada por  arcadas de madera antigua tallada a mano. Una gran alfombra roja en el centro simulando la sala de estar  deliciosamente amueblada, predominando la madera por doquier hasta el bajo techo de vigas.
Aún sostenía mi mano, subimos las escaleras alfombradas.
Este piso estaba bien delimitado por paredes. Una gran habitación con colores cálidos, inmensos ventanales, uno de ellos con una hermosa vista al lago generando cierta majestuosidad.
¿mi sensación?. Si no fuera por su compañía  sería estar totalmente desprotegida y expuesta por tantas aperturas.
–Bella ponte cómoda –me dijo con una voz dulce y acogedora–estacionaré el coche y bajaré tus cosas.
–Me daré un baño.–le dije sonriendo .Realmente me sentía atraída  por él. Amaba a ese hombre, deseaba ser suya en ese momento, mis pensamientos  vagaban por la habitación.
Mi cuerpo ansiaba cada centímetro del suyo.
Seguramente por ser tan caballero ignoraría mis deseos pensando que entre nosotros no pasaría nada por lo mal que me sentía y por todo lo vivido. Que pena, en realidad tenía sed de él y lo necesitaba para olvidarme de este día.
–Te dejaré sobre el cobertor  la ropa y cocinaré algo para festejar.–se río por lo bajo.
–¿festejaremos? ¿Qué cosa?¿que aún sigo con vida?–le dije riendo sarcásticamente.
–¡No Bella!, festejaremos que estamos juntos.–me respondió mirándome a los ojos.

A decir verdad no había prestado mucha atención en el almacén de Mike cuando compró la ropa.
La ropa de dormir no eran lo que acostumbraba a usar y la braguita demasiada  pequeña,   para ocultar mi parte femenina, aunque   mis pantuflas de peluche eran graciosas.
La atmósfera impregnaba mis fosas nasales de exquisito aroma a pollo frito haciendo agua mi boca.
Baje las escaleras apresuradamente como mis torpes movimientos me lo permitieron.
–Tome asiento señorita Swan.–me arrimó el taburete a la barra desayunador. Creó  que comí por los ojos, apenas probé un par de bocados. Pero es digno de destacar que él sabía agasajar el estómago de una mujer. Excelente cocinero.
Correspondía levantar y lavar los trastos, mientras él los guardaba.
El aire se sentía sexualmente tenso. Lo deseaba y supongo que el también.
Nos instalamos, apagó las luces  y nos recostamos en el gran sillón de tres cuerpos a mirar la tv que colgaba de la pared.
Su brazo pasó por encima de mis hombros y me recosté en su pecho. Diablos que hermosa sensación de estar a salvo me brindaba con solo tenerlo a mi lado.
Su mano comenzó a frotar mi espalda, su aliento fresco rozaba mi mejilla.
Mi cuerpo se encendía conforme sus manos realizaban un movimiento ascendente y descendente por mi espalda. Rote sobre mi cuerpo,  quedando mi rostro frente al suyo provocando la irrefrenable necesidad de besarlo toda mi vida.
Su cuerpo se tensó con mi  proximidad y  mi corazón palpitaba alocado.
–No haré nada que tú no desees– me dijo con una mirada llena de deseos  por mi  boca.
Apoyo sus labios  .–Bésame–apenas susurré cuando sus labios ejercían presión sobre los míos y su lengua intentaba explorar mi boca.
El aire se sentía viciado por la lujuria y la pasión que emanaban esos cuerpos. En un solo movimiento me tomo por las muñecas y me coloco sobre su falda.
Mi fino piyama de satén entró en contacto con su masculinidad a punto de explotar,  sus dedos se entrelazaban en mi cabellera jalando hacia atrás y autorizando a su lengua realizar un extenso recorrido por mi cuello. Un mar de sensaciones encontradas me asaltaron  desprevenida  me sentía realmente deseada.
Mis caderas comenzaron a realizar un suave movimiento ondulatorio que golpeaba sobre su abdomen.–sigue así, no te detengan–las palabras sisearon entrecortadas en mi cuello.
Diablos mi cuerpo se  prendía fuego, sus manos acariciaban mis muslos y deseaba como una condenada perra que me hiciera suya.
Su boca buscaba mis labios, mis movimientos habían mermado, eran lentos y jodidamente provocativos. Sus enormes manos  acariciaban mi espalda   con solo un movimiento me despojo de mi camisolín dejando mis pechos al aire y vestida solo con mis diminutas braguitas.
Su mano se introdujo en mi entrepierna buscando mi sexo húmedo .Sentí la necesidad imperiosa de retomar mis movimientos casi de manera instintiva acompasando el suave movimiento de su mano. Manteníamos juntos el ritmo mientras me besaba apasionadamente.
Mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro.
Con un movimiento brusco se puso de pie, sosteniéndome desde mis muslos para luego tirarme sobre la cama y despojarme de un tirón mi braguita de encaje.
Mientras buscaba mi centro femenino, se despojaba de la poca ropa que aun tenia puesta con la otra mano.
 Ahí  yacía mareada y desequilibrada por tanto placer.
Mis gemidos danzaban por toda la habitación. Presentía mi cuerpo que de un momento a otro vendría la gran estocada.
–Te gusta, mi amor–jadeo sobre mi oído. Enmudecí. Cuando por fin se encontraba en mi interior apenas pude susurrar un si  apagado.
Respirábamos  con dificultad su rostro empapado de sudor me regalo una gota que se depósito sobre mi pecho. Su movimiento se aceleraba conforme mi corazón latía desbocado.
Podía sentirlo dentro mio,  su miembro erecto entraba y salía acompañando una danza entre los dos. Miles de mariposas revoloteaban en mi interior.
El tiempo quedo detenido, el aire cargado de lujuria, despertaban mis sentidos más dormidos. Hacia tiempo que no disfrutaba que me hagan el amor.
De repente la noche nos arrebató  los gemidos de ambos para entrar en la quietud del remanso. Ambos nos habíamos fundidos en uno sólo.
Él permaneció dentro mío  descansando sobre mi cuerpo, acariciando cada centímetro .Mis manos frotaban su espalda. Un lenguaje corporal le daba las gracias a ese hermoso momento.
Así nos sorprendió la mañana. Abrazados y sin ropa.


Cuando se despertó para  preparar  el desayuno lo observo con una mirada atenta hacia el lago.
De repente, abrió el ventanal y salió velozmente corriendo hacia el exterior.
–¡Bella! ¡Cierra  todas las ventanas!–un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. El miedo me paralizó.

CAP VI. ANGEL GUARDIÁN.


–¡ jake!–retumbó su nombre en toda la habitación.
Su voz me era familiar, Jake continuaba presionando mi cuello y mi corazón latía débilmente.
Por unos segundos mi mente me jugaba una mala pasada y mi imaginación jugaba en mis pensamientos.
 Mi corazón esbozaba sus últimos latidos. Las imágenes se proyectaban una tras otra.
Nuestras manos entrelazadas mientras caminaba con Edward por un sendero, serian las imágenes que albergarían mi corazón de una vida que no he podido vivir.
No quería morir sin antes decirle que lo amaba. Que lo amaría eternamente.
Una sacudida interrumpió  mis pensamientos que fluían como mis lágrimas. Voces ,  corridas, voces nuevamente , sacudones en una total oscuridad y mi  corazón que se oponía a dejar de latir.
De repente la calma, el silencio sepulcral. Solo el sonido de mi respiración en la habitación y el tacto de una mano que acariciaba mi rostro y un beso en la frente,  fue la señal de que aún estaba con vida.
Mis ojos se resistían a buscar ese rostro que me beso, temía que sea el de Jacobo una vez más.
Mi débil corazón no soportaría un golpe más. Maldito el día que me beso por primera vez en esa fiesta.
Mis recuerdos me atormentaban a cada segundo.
Esa noche solo quería dormir para despertar y tenerlo a mi lado.
–Mi tierna Bella– me susurró  un ángel que  tomaba  mi mano– Debes vivir para ser feliz a mi lado.– mi alma se estremeció al escuchar sus palabras, me sentía amada por ese ser que me contemplaba con dulzura.
   Por Dios, quería responderle que quería vivir para morir a su lado.
  Mis cuerdas vocales no emitían ningún sonido y mis parpados no se movían para poder observar su rostro.
 El sol inundaba el cuarto.
Mi cuerpo sentía el calor del suyo. Al abrir mis ojos, pude contemplar su rostro angelical, rote sobre mi cuerpo y me acomodé sobre su pecho.
Dormido me entrelazó entre sus musculosos brazos, me sentía a salvo, lejos del peligro.
Miles de preguntas ocupaban mis pensamientos.
“ ¿Qué habría pasado con  Jake ? ¿Mi  padre estaría al tanto de la situación? ¿Cuál sería mi estado de salud? ¿Podría irme a casa?
Un beso en la frente y una mano que secaba mis lágrimas,  pusieron mi mente en blanco.
Una línea en mi rostro intentaba ser una sonrisa.
–¿ Cómo te sientes hermosa? –una bella sonrisa iluminaba su cara.
Mucho mejor. –pensé en decirle que era porque él estaba a mi lado– ¿hoy podré abandonar la clínica?–le pregunté un poco dolorida, mi cuerpo aún sentía el dolor de los golpes.
–Si . Carlisle te permitirá irte si prometes realizar los controles. –me respondió con un hilo de voz  junto a una media sonrisa.

Al subir al auto, no me animaba a preguntar por Jacobo.
 Viajamos en silencio.
–¿Seguramente te estarás preguntando por el padre de tus hijos?– me miró para ver mi expresión. Guardé silencio. – Cuando estés en condiciones hablarás con Charly.
Te agradecería que fuéramos hoy. – quería demostrarle que Jacobo no me importaba. Su sonrisa se dibujo ocupando parte de su rostro.
Al ingresar a su casa, me instaló en el cuarto de Alice.
El silencio habitaba en todos los rincones.
Me sumergí en la tina, necesitaba mi cuerpo una dosis de sales y mimos.
Me vestí y salí al encuentro de Edward.
Recorrí cada habitación de la casa, desde el jardín hasta la sala, buscando a mi ángel guardián.
Al escuchar un sonido metálico que  provenía  desde la cocina, observé a Edward tendido en el suelo con la cara cubierta de sangre y Jake a su lado.
–¡ Hola mi amor! Te he estado esperando–hablaba mientras se acercaba a mi lado– no te imaginas lo difícil que es entrar a esta mansión. Hace horas que todos salieron.
–¡ Jake!  ¿Qué es lo  deseas  ? – Me apresuré a preguntarle aunque ya  sabia  la respuesta. –¡ Eres un ser despreciable!–le grité con todo mi corazón.
–¿ Así le hablas a tu esposo?–se dirigió a mi en tono de burla– te vine a llevar conmigo, donde debes estar. En la casa, criando a los niños.– el tono de su voz era digna de temer.
–Si lo deseas, puedes   recogerme mañana.–le respondí dulcemente necesitaba  ganar tiempo  , hasta que Edward volviera en si.
Mientras Ed intentaba reponerse al golpe, jake se abalanzó sobre mí,  me cargó en sus hombros.  Mis gritos oponían resistencia a sus garras, inútilmente.
Al correr por el jardín golpeó mi cabeza contra una columna  quedando  desmayada sobre su espalda, indefensa y facilitando su manipulación, podía hacer conmigo lo que quisiera.
Al recuperar el conocimiento me encontraba en el coche junto a  Jacobo,  Edward en su coche se iba acercando, pisaba el acelerador a fondo y tomaba una vez mas la delantera.
Al cruzar la carretera un coche patrulla intentó hacer de barricada.
Jake lo esquivó. La imagen de Charly parado junto al coche y sus manos sobre su cabeza me dieron la esperanza  que todo  acabaría  pronto.
Jake continuaba aumentando la velocidad, mi padre y Edward  casi encima nuestro.
A lo lejos cinco coches patrulla y hombres armados nos estaban esperando.
–¡Bells inclínate !–su mano me empujó hacia el piso del auto.– perdóname mi amor, no quería que terminará así.–sus palabras sonaban sinceras.
En el silencio de la carretera se oían mis gritos de histeria y una balacera sonaba contra el auto.
–Te amo Bells–me dijo sollozando y me miró a los ojos.

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