CAPITULO XIV...UN NUEVO INTEGRANTE.



 –¡Abre la maldita puerta ¡–me imploro, suplicándome en un grito amenazante.
Destrabe la puerta en un movimiento sigiloso. Mis labios podían sentir el  sabor salado de las lágrimas que aun corrían por mis mejillas. Apresuradamente me lance a sus brazos y un sonido angustioso intentaron formar una frase.
–Estoy embarazada…–musité
Sus brazos acariciaban mi espalda, me atrajo hacia él y me beso suavemente dejándole en sus labios el sabor de mis lágrimas. Todo mi ser temblaba en esa esfera que él construyó para mí.
–Cariño. Bajemos las escaleras. No debemos preocupar a mis padres.–tomo mi mano.
–¿no vas a decirme nada?–el silencio entre los dos era asfixiante y demoledor.
–NO.–su rostro pensativo me dejo paralizada por el miedo. No me imaginaba que pensamientos se apoderaban de mi eternamente amado.
El mismo silencio se prolongo hasta el final de la escalera, interponiéndose entre ambos.
Al entrar a la sala la mirada de Esme preocupada me demostró que ellos sabían previamente los resultados. Carlisle solo observaba el rostro de su hijo expectante a cualquier movimiento de sus facciones, intente descifrar esas miradas entre los tres como si dialogaran en silencio.
–Bella– mi médico personal atrajo mi atención–Mañana deseo hacerte un par de estudios–asentí con un movimiento de cabeza y mi mirada depositada en el suelo, como  una niña esperando una reprimenda.
–Mañana a primera hora andaremos por allí.–presionó su mano sobre la mía.


Le ofrecimos el dormitorio de Edward a Esme y a su esposo quienes valoraron el gesto con una amplia sonrisa.
Nosotros nos recostamos en el sofá de tres cuerpos, nos cubrimos con unas mantas. Custodiados por ambos perros.
Edward fue atrapado por el sueño, instantáneamente, mientras mi mirada vagaba por la oscuridad circundante tratando de conciliar el sueño.
Imposible dormir cuando la preocupación avanzaba venciendo a mis deseos por descansar.
Los pensamientos se agolpaban en mi mente. Mis dudas estaban confirmadas.
Un niño anidaba en mi cuerpo
 Especule entre mis pensamientos, ilusionada que ese niño podía ser de este hombre dispuesto a dar la vida por los dos.
Al pensar en la remota idea que sea fruto de nuestro amor, seguramente tendría las facciones delineadas de su padre, el cabello suave y color bronce despeinado y revuelto,  como también su aroma seria una mezcla a sándalo y madera como el de  él. Resultaría  embriagador acunar ese bebe alimentándose de mi pecho.
Imaginaba sus manitos acariciando mi rostro con unos deditos finos y delicados capaces de rozar el piano como su progenitor.
Además seria un niño feliz, tendría un bello hogar con dos padres que se profesaban amor con solo mirarse y unos abuelos maravillosos.
Demasiada ilusión, quizás la vida me tendría preparada una nueva bofetada al descubrir en la posibilidad de que sea hijo de Jake. No precisamente fruto de un ultraje. Lo más probable es que sea de él, porque siempre me recordaba cumplir cuando le apetecía mi deber marital como su esposa que era.
Debo reconocer que estos últimos pensamientos amargaron mi existencia y se reflejaron en mi rostro.
La angustia sucumbía mi alma.
Los brazos de Edward me envolvieron irradiando calor desde su cuerpo. Sentía mi piel palidecer de golpe y una necesidad imperiosa de salir huyendo del lugar.
En un movimiento casi imperceptible para el ojo humano me despoje de sus brazos.
Tenía sed. Preparé un jugo y me senté en el taburete de la barra quedándome en penumbras.
Edward dormía plácidamente aunque podía sentir su mirada clavada en mi espalda.
Los pensamientos que me habían atormentados apenas unos segundos cobraban fuerza para escapar de la barrera de contención que había construido en mi cabeza.  
Solo tomé una decisión. De ser fruto de mi matrimonio tomaría mis pocas pertenencias y me alejaría de los Cullen. No era justo que mi hijo se convirtiera en una carga para ellos, una carga muy difícil de llevar.
Caminaría toda la noche de ser necesaria por la espesa vegetación sin un rumbo definido, solo albergando la esperanza de que esa criatura sea feliz muy a pesar del padre que tenga.
Sea de Edward o Jacobo había decidido marcharme.
Mi bebe necesitaba nacer y sentir que había sido deseado. No permitiría que Edward tuviera que ser padre sin haberlo deseado. Y que Jacobo usara mi hijo para intentar construir una familia que nunca había existido.
Absorta en mis pensamientos dos manos candentes abrazaron mi vientre que aun no daba señales del embarazo.
–Bella. Has de  descansar–sus palabras sonaron ahogadas sobre mi cabello como si el deseo le impidiera hablar.
Tome ambas manos separándolas de mi barriga y gire sobre mi asiento. Sus manos separaron mis rodillas, se acomodó entre mis piernas y apoye mis manos en sus hombros y lo miré con una expresión mas que desajustada.He intentando sonreír.
–No debes hacerte ilusiones–le dije pensando en mi decisión de marcharme y por la manera en la que acaricio mi vientre quizás estaba equivocada pensando que él no lo deseaba. Me confundía la manera que me observaba.
– ¿Por qué no debo ilusionarme?¿No me crees capaz de engendrar un hijo?
–Claro que si. –Le respondí ofendida por su pregunta. – ¡Es que no deseo modificar tu vida!–su rostro se ensombreció.
–Lamento comunicarte que las decisiones en mi vida las tomo como llegan. No debes preocuparte por mí. –me ofreció  una sonrisa. –Nunca me he arrepentido por el curso que ha tomado mi vida en estos momentos. He sufrido demasiado desde la primera vez que me abandonaste para regresar con tu esposo.
–Lo se. –recordaba esos días como los mejores vividos con Edward.
–He vagado como alma en pena desde entonces.–me miro con lágrimas en los ojos.– y me falto valor en ese entonces para retenerte a mi lado.
–Creo que lo mejor es que me marche. –le dije con todo el dolor que mi alma podía soportar.–He tomado esa decisión hace un momento.–sus ojos húmedos buscaban los míos que miraban el suelo.–Es lo ideal  para todos.
Al oír mis palabras que salieron de mi boca sin titubear un silencio se interpuso entre los dos provocando que su cuerpo se separara del mio. La expresión de su rostro dolido paralizaron los latidos de mi lastimado corazón. Él pensó dubitativamente un segundo.
–¿Qué hubiese pasado si  la situación fuera diferente?
–No te entiendo…–me sentía confundida– ¿A que te refieres?
–¿Qué tienes pensado hacer si esa criatura lleva mi sangre?–sus ojos se entrecerraron formando sus parpados una fina línea.
–Me iría de todas formas. No deseo cambiar tu vida por un hijo que no fue buscado.
–Parece que lo tienes bien pensado.–podía notar el dolor en esa frase.– Iré contigo.–soltó decidido. –No te perderé otra vez. Tu eres la parte que necesito para estar completo. Tú y ese niño son todo lo que deseo. Si no me permites ser parte de tu vida, dame la oportunidad de que decidas luego de ver  Carlisle.
–No creo que sea lo correcto–en realidad mi cabeza me susurraba que me fuera y mi corazón que me quedara para  ser feliz a su lado.–Dejemos que…
Su cuerpo encrespado por el deseo y  la ira  se adoso de golpe a mi cuerpo sin dejarme concluir la frase.
Me tomo furioso el rostro entre sus manos, su aliento fresco ingreso rabioso por mis fosas nasales aturdiendo mis pensamientos. Mi corazón pedía a gritos que ese hombre me gritara en mi rostro que me amaba en vez de besarme frenéticamente como su fuera un ultimo beso.
Sus dedos se hundían en mis mejillas formando surcos al punto de dejarme sin aliento, una feroz lucha comenzaron mis brazos por intentar separarme de él, ponía sentir que tanto fervor me estaba lastimando hasta mi interior, no tenia derecho a devastarme con un simple beso y hacerme dudar de mi decisión. Sus brazos me estrechan con una rudeza y me besaba con una  voracidad que mi expresión realizo un rotundo cambia del deseo al pánico. No se como pude asociar su toque con Jake, pero le tuve miedo. Él se vio reflejado en el interior de mis ojos apoderados por el terror de mis propios recuerdos. Su beso perdió ardor contra mis labios, bajó la intensidad y su rostro se  sorprendió por mis facciones desencajadas. Cuando tuve la oportunidad de hablar le grité en su rostro enrojecido.
–¡JAMAS VUELVAS A BESARME ASI!
–No entiendo–murmuro con dolor–¿ya no me amas, verdad?
–No es eso. Te sentí diferente y me recordaste a él.
–Jamás te haría daño. Lo sabes.–me susurró esas palabras al oído.
–No me siento bien. Estoy confundida.–su beso me confundió , lo sentí al borde de la locura. De algo estaba segura. Seria incapaz de dañarme.
–Perdóname. Mi intención no era asustarte. Solo me arrastró el temor de perderte. Quería estrecharte con fuerza y decirte en  un beso todo lo que te amo.
Lo abrace con toda mi fuerza. Lo amaba con todo mí ser.
–Sé que me amas. Me casaré contigo cuando todo esto acabe.–me prometió. Solo me detuve a deleitarme con su mirada cargada de un amor tan puro que por momentos dudaba de su existencia.
–En pocas horas amanecerá.–susurré. El cansancio se hizo presente en mi cuerpo. Podía sentirlo pesado.
 Tomó mi  mano y nos tumbamos  en el sillón, mis ojos se cerraron al pronunciar una plegaria. Rogando que todo resulte bien.


Dormimos hasta media mañana.
Alice preparaba el desayuno, aun tenia tiempo para darme un baño de sales y relajarme un poco. Edward alimentaba los perros que agitaban sus rabos contentos y Jasper todavía dormía.
Sus padres se habían marchado temprano.  
Al descender las escaleras observe el desayuno familiar, entre bromas y risas. Parecían felices, me detuve en el último escalón para no perderme ningún detalle y deleitarme con la escena.
De hecho no tenía hermanos, mis padres habían tomado caminos diferentes cuando era pequeña. Por lo tanto me despertaba cierta admiración el sentido familiar de los Cullen.
–Acércate mi amor, desayunemos en familia. –hermosas palabras, le regale mi mejor sonrisa. Pero le agradecí porque debía ir en ayunas. De todas formas compartí la mesa.
–Debemos apresurarnos. Emmet esta por llegar y se comerá todo.–dijo Jasper risueño.–carcajeamos todos al unísono. Mientras Emmet  realizaba su entrada triunfal.
– ¿De que me he perdido? Cuéntenme el chiste. –dijo el grandulón
– ¡Hoy estamos felices ¡ –le respondió Ed con su rostro iluminado.
– ¿Y cual es el motivo de tanta felicidad?
–Sera que tengo la corazonada de que hoy será un día importante en nuestras vidas. –
Me miro de reojo, con un gesto cómplice. Y me pregunto…
–Mi amor ¿ preparada?
– ¡Si!– aunque desearía que todo fuera un sueño –Tomare mi bolso


Salimos de la casa, abordamos en silencio el vehículo, mientras nos alejamos observe a Emmet bajar el resto de los perros de una traffic negra.
¡Que locura! Una docena de perros corrían enloquecidos por todo el predio.
Durante un largo trayecto manejaba en silencio. Un silencio incomodo y preocupante. Cerré mis ojos. Permitiendo a mi mente ponerse en blanco.
Sus palabras irrumpieron en el interior del vehículo.
–¿En qué piensas, mi amor?
–En nada –Le respondí, mis palabras brotaron acompañadas por una extensa exhalación.
–Pareces preocupada. –  comento sin despegar la vista del camino.
–Es que siento que en breve mi vida dará un vuelco–desvié la mirada del camino y deposite mi mirada en su rostro.
–Nuestras vidas – me corrigió y clavo sus ojos topacios en los míos.
–Edward, de no ser tu hijo , me iré.–por su mirada silenciosa creo rompí su corazón en mil pedazos.
Ignoro mis palabras y prosiguió…
–La otra noche, estudiamos todas las posibilidades del traslado con mi familia.
Sabes, Carlisle nos prestara su embarcación, zarparemos y viviremos hasta llevar tu embarazo a término. Yo te asistiré y los protegeré a ambos.
Esta tarde Charlie vendrá a cenar. Esme  hizo todos los arreglos para pasarlo a buscar.
Lo pondremos al tanto de la situación.
–Edward…– intente hablarle con los ojos humedecidos por las lágrimas.
–Bella, eres mi vida. Y no importa quien sea el padre de ese bebe. – elevo el tono de voz
–Edward…. – solo pronuncie su nombre.–maldición¿ podía ser tan bueno?¿o era un ángel y me costaba darme cuenta?
–Bella, por favor no digas nada.–me suplico en un susurro.–solo baje la vista.
Giro en la rotonda que daba a la calle principal, a la derecha se erguía de forma  majestuosa una clínica muy lujosa que Carlisle  había heredado de su padre.
Los Cullen pertenecían a una dinastía de médicos de renombre, solo Edward siguió los pasos de su padre.
La pasión por su profesión le emanaba por sus poros. Su forma tierna de hablar la había adquirido una vez finalizada la licenciatura en neonatología. Profesaba el amor al prójimo en cada consulta y su debilidad siempre fueron esos seres que el cuidaba cuando aun estaban en el vientre de su madre.
En algunas oportunidades en la que lo he escuchado hablar de los neonatos, se jactaba de ser el único hombre que sin participar en el acto sexual de la fecundación, el solo hecho de fertilizar los óvulos se sentía un poco padre de cada fecundación in vitro que realizaba.
Mientras aparcaba el coche en el estacionamiento privado, mi corazón disperso los latidos por toda la extensión de mi cuerpo creando un manojo de nervios imposible de controlar.
–¿Nerviosa?–me pregunto risueño, como si supiera el resultado de antemano.
–Demasiado–tomo mi mano para ingresar.
–No me imagino el porqué. De todos modos te quieres marchas.–aunque ahora no se si eso era lo que quería. Me sonrió y le devolví la sonrisita.–Ven…quiero que veas algo.
Caminamos por los pasillos tomados de la mano, cada tanto nos cruzábamos con el personal del lugar que lo saludaba respetuosamente como una celebridad o algo así.
Él solo meneaba la cabeza hacia abajo en señal de saludo.
Ingresamos a una habitación vidriada. Cuidadosamente esterilizada. A lo lejos se divisaba un mostrador con varios elementos y flotaba en el aire una fragancia delicada que me hizo pensar en mis hijos, reconocería ese aroma en cualquier lugar.
Un gran letrero colgando del techo anunciaba la locación en la que estábamos a punto de ingresar. Se podía leer a distancia…”neonatología”…
Una enfermera lo salido afectuosamente y me dirigió una mirada examinadora deteniéndose en nuestras manos enlazadas.
Sonrió. He inmediatamente me pregunto si era la hija del jefe Swan. A la cual asentí con la cabeza.
–Isabella…mi niña.¿ como has estado?– Edward sonrió ante el comentario de la mujer.
–Bien. ¿Nos conocemos?–le pregunte a la mujer  buscando la aprobación en el rostro de mi hombre.
–¡Quizás no me recuerdes, han pasado tantos años!–dijo en un tono nostálgico.–Tu…fuiste mi tercer bebe en cuidados de neonatología.
–Era muy pequeña.–le respondí con una sonrisa.
–y si…este año me retirare y he prestado servicio a la familia Cullen desde entonces.–con una calidez pregunto.–¿Qué los trae por aquí?
–Quiero que Bella conozca a unas personitas. ¿Nos prestas  unas batas?–note el rostro de ambos iluminarse.
La enfermera nos tendió dos batas y unos guantes. Caminamos hacia la puerta vaivén de donde provenía esa exquisita fragancia, desde el interior se podían oír los llantos de bebes como pequeños gatitos que maullaban sobre un techo.
Observe la mirada enternecida de ese hombre por cada bebe que se encontraba allí. Me mantuve alejada de la nurse.
–No te imaginas las guardias que me he imaginado leer mi apellido en una de estas pulseritas.–sus palabras contenían cierto pesar.
Mientras acunaba un bebe entre sus brazos y cedía el llanto como si esa criatura lo reconociera. Esa imagen me llenaba el alma. ¿Podía un hombre desear tanto un hijo? Jamás había visto esa mirada en el padre de los míos. Era un pecado compararlos pero resultaba inevitable.
Un temblor sacudió mi cuerpo, mis manos se posaron en mi vientre.me arranqué la bata y Salí huyendo del lugar con lagrimas en mi rostro deseando que esta hijo sea de él. Sentimientos ambiguos aparecieron repentinamente.me dolía el alma pensar que podía ser de Jake  aunque amaba esta criatura por ser mía.


Al atravesar la puerta me tope con Carlisle que nos estaba buscando.
–¡Bella!–me llamo sorprendido–me abalance a sus brazos y llore como si estuviera con mi padre.–¡Bella, hija mía!–dijo en un tono paternal–¡tienes que ser fuerte! Y debes saber que ese embrión puede ser de Edward según mis cálculos.
Me adose un poco mas a su chaqueta y mis lágrimas de tristeza pasaron a ser de alegría. Una mano me tomo suavemente por mi muñeca, levanto mi  brazo y de un leve tirón me apoyo en su torso y susurró en mi oído.– Estoy contigo amor mio.
Caminamos los dos hacia la sala de espera, como buena niña me tome el agua que me había dado Carlisle para realizarme el ultrasonido. Mi vejiga a punto de explotar mientras esperábamos a ser llamados por la secretaria.
–¡Señora Cullen!–llamo una mujer de cuerpo escultural.–¡Señora Cullen!–llamaba insistente. Edward sonrió mientras mi mirada vagaba por la sala y en esas madres con prominentes vientres.
–Tu turno, amor.–sus ojos sonreían.
–Me apellido Swan.–le dije de forma casual.me incorpore ante la mirada torcida de la secretaria parecida a la de Rose.
–Señora, la están esperando y usted tan tranquila.–me aniquilo con el comentario.
–Gracias, Tanya. Entramos juntos.–le dijo en tono  áspero y seco.
–Perdón doctor, es que estamos retrasados.–sus labios esbozaron una falsa sonrisa.–Por aquí señora.
Ingresamos al consultorio tomados de la mano, mi mano temblaba al igual que mi cuerpo. Edward estrecho la mano de un hombre con un rostro sereno.
Me recosté sobre la camilla y me realizo las preguntas de rutina mientras colocaba el aparato a punto.
–¿Es tu primer bebe, Isabella?
–No.–le respondí cortante. No deseaba que me realizara preguntas, me ponía incomoda.
–Mucho mejor. Sentirás algo frio y en el monitor veras a tu bebe.
–Lo se. El rodillo comenzó a esparcir el gel por toda la extensión de mi barriga ante la expresión fascinada de Edward.
–¿Cuándo fue la fecha de tu ultima menstruación?
–No lo recuerdo.
–Seth hazme el favor de pasar nuevamente por ahí.–señalo Ed el monitor.
–Déjame tomar las medidas. Y te daré el rodillo.–lo miro sonriendo frente a la curiosidad del supuesto padre.–Según las medidas…se esta gestando un hermoso bebe de tres semanas aproximadamente.
Las lágrimas de Edward rodaron por sus mejillas humedeciendo mi rostro al darme un tierno beso. Nuestras lágrimas se fundieron por la alegría.
Ingreso Carlisle para chequear la certeza que tenia desde el día que tomó mi muestra de sangre.
–¡Felicidades abuelito!–dijo Seth
–¡Los felicito hijo!–ambos se fundieron en un abrazo colmado de emoción y con lagrimas en sus ojos. Carlisle se aproximó a mi lado me beso la frente  y susurró en mi oído.–Gracias Bella por hacer a mi hijo el ser mas feliz del mundo.
–Esperen a que se los comunique a toda la familia. Esta noche gran cena.–le regalo una mirada cargada de emoción a su hijo y se retiro del consultorio.
Nosotros también salimos del lugar y le agradecimos a Seth. Ahora me siento mas que tranquila y Edward muy pensativo dijo…
–¿Sigues pensando en marcharte?
–NO. Ya no.–su mano aprisiono la mía.
Durante el viaje de regreso escuche su monologo sin llegar a ser una conversación. Todos los planes que tenía a partir de ahora que éramos familia con un hijo en camino.
Juraría que nada ni nadie opacarían ese gran momento de felicidad por el que atravesábamos, salvo la amenaza de ese coche negro con vidrios tintados que se deslizaba por el asfalto detrás de nosotros sigilosamente cuidando la distancia.
Mis ojos no podían evitar mirar  por el espejo. El miedo crecía en mi interior. Edward salió de su esfera personal, una mueca de disgusto y preocupación transformaron su rostro. Tomó el móvil realizó una llamada y acelero a fondo. En el instante que ese desconocido realizaba un movimiento brusco he intentaba tirarnos su coche encima para que perdiera el control nuestro vehículo.

–¡No. Por favor. Otra vez no!.–grite. Nos tomamos de la mano y acelero a fondo nuevamente.


CAPITULO XIII...INTRIGA.

 Cinco días después. 
Abrí mis ojos…
La luz del ventanal filtraba por entre las cortinas, Edward dormía a mi lado.
Estire mi mano y toque su rostro. El tomo mi mano y deposito un beso en mi palma.
 Me libere  de su agarre, me senté en la cama, podía sentir mi estomago dando vuelta,
Corrí hacia el baño, me arrodille y comenzó a salir por mi boca un  líquido algo consistente desde mi interior.
–Mierda– dije en voz baja, no quería que Edward me viera, arrodillada mirando mi reflejo en el fondo del retrete
–¿Que sucede amor? – cuando reaccione estaba parada a mis espaldas. Sentada sobre la tapa le respondí…
–No lo sé, me siento mal – si  sabia, lo más probable era que estuviera embarazada.
En otra etapa de mi vida, me hubiese alegrado acunar un bebe en mi cuerpo.



Flashback de Bella
En mi vida todo ha pasado velozmente.
Cuando me case con Jake al poco tiempo quede embarazada, para él, mi exceso de peso me había convertido en una mujer poco sexi, por lo cual buscaba en otras mujeres saciar su deseo carnal.
Vicio que le quedo arraigado, motivo por el cual, constantemente saciaba  sus ganas en cuanto mujer se le cruzaba.
Pensé que con la llegada de nuestro segundo hijo, nuestra relación se afianzaría, el tomaría mas responsabilidad y seriamos felices con una familia.
 Por el contrario Jake frecuentaba diariamente otras mujeres , volvía a altas horas de la madrugada embriagado de olor a sexo y tabaco barato.
Mi vida era desdichada.
Algunas noches las he pasado en vela, con mis hijos aun pequeños, llorando por la mala elección de vida que había hecho.
Si hubiese aceptado la invitación de Edward  para ir a esa fiesta, quizás mi historia seria  diferente. Siempre lo lamentaría.


–Vamos amor – me tendió su mano para levantarme todos los líquidos de mi estómago se agitaba en mi interior – te quedarás en reposo hasta que mi padre te revise.
–De acuerdo – no podía oponerme, realmente me sentía descompuesta. – dile a Alice que la necesito, por favor.
Me subí a la cama. Me arrope y el comenzó a bajar los escalones casi saltando.
Alice entró a la habitación, cerró la puerta y se sentó a mi lado.
– ¿Que sucede Bells? –preguntó preocupada
–¿Creo que estoy embarazada – mi voz apenas sonó en un susurro.
–¡¿Qué?! , me preguntó entre alterada y sorprendida  ¿Cómo lo sabes?
–No lo se. Sospecho por los vómitos de esta mañana. – mi sospecha podría ser cierta.
–¿Bella que harás?  ¿Que le dirás a Edward…?
 –¡NO, por favor, a Edward!. No. –  le implore a mi amiga,  que guardara silencio.
–Bells lo notara cuando crezca tu barriga.
–Lo se. De todos modos, no estoy segura.–Le dije encogiéndome de hombros–Necesito que me consigas una de esas pruebas de embarazo.
Cuando Alice se marcho, me di un baño, cruce un par de palabras sobre mi salud con Edward y decidí acostarme nuevamente.
–Bella–ingreso Alice nuevamente a la habitación– Deberás confiar en Carlisle. Me resulta muy difícil ir al pueblo a comprar la prueba de embarazo.
–Tranquila no te preocupes, ya veremos que hacer.–le dije  convencida. –Necesito descansar ahora.
–Me quedare por si necesitas algo.–Alice se recostó a los pies de la cama.
Me dormí pero aun así pude escuchar la conversación, en apenas un murmullo de voces cuando Edward ingreso a la habitación
– ¿Duerme? –Apenas susurro Edward
–Si, necesita descansar…
–Alice, ¿Cuánto me quieres?
–Mucho, eres mi hermano mayor…
–Y, tú serias incapaz de ocultarle algo a tu hermano ¿verdad?
–Verdad, ¿a que viene tanta vuelta ?– seguramente Alice guardaría mi secreto.
– ¡Veras! Estoy interesado saber que te confió  Bells cuando te llamo.
–Edward ¿tú me quieres?
–Por supuesto. Más que a mi vida.
– ¿tu serias capaz de pedirme que traicione la confianza de una amiga?
Edward rompió en carcajadas.
–Que demonio más astuto eres. Por eso te quiero tanto.
Al bajar los escalones, se oían más alejadas sus carcajadas.
Alice acaricio mi mano.
–Duerme amiga. Tú secreto esta seguro conmigo.



Por la tarde Edward durmió a mi lado.
Al llegar Carlisle, me reviso, presiono mi abdomen, ilumino mis pupilas. Me tomo el pulso,  debía contarle mis sospechas. Tome fuerza y le comente todas mis dudas.
Me aconsejo tomar una muestra de sangre para realizar la prueba y me prometió total discreción. Según el resultado hablaríamos con Edward.
Esa noche me sentía mejor.
Me levante para cenar en familia, para mi sorpresa al acercarme al ventanal de la sala observe una jauría de perros salvajes, negros como la noche…oscuros como la quietud de las sombras.
Por instinto me aleje mientras esa media docena de demonios en la noche me mostraban sus hileras de dientes que enmarcaban sus fauces. Un frio intenso y demoledor recorrió mi espina dorsal.
–Tranquila mi amor.–me tomó Edward por los hombros– Son perros de ataque  adiestrados.
–¿Son asesinos?–mi tono elevado lo tomó por sorpresa. Debía reconocer que me sentía apabullada. El semblante de los perros amedrentaba a cualquier valiente.
–Me teme que sí.–respondió un tanto divertido.–Observa con atención.
Ante mi mirada atónita deslizó la puerta vidriada, emitió una orden dura y sonora. Los canes  obedecieron tragándose la ferocidad de hace un momento.
 –Ven mi amor. Ya puedes salir.
–¡¡¡¡NO!!!!.Ni en un millón de años.–estaba realmente loco si pensaba que traspasaría esa puerta del ventanal y me expondría a mi suerte.
–Bells, debes dejar que te olfateen y te sorprenderás.–me dijo fascinado observando el semblante de esos demonios que habían sucumbido ante sus encantos.–Me quedaré a tu lado.
–Okey. Vivirás con un cargo de conciencia si me atacan y me despedazan.–le sonreí de costado.
Deslice suavemente el ventanal, observando el accionar de los perros que me ladraban enloquecidos. Tome coraje y atravesé medio cuerpo por el ventanal. Nuevamente se escucho la voz de mando, todos se sentaros sobre sus cuartos traseros y ambos nos mirábamos desconfiados.
Edward tomo mi mano, la cual ofrecía cierta resistencia la acercó al hocico del macho con  más porte, con un ancho pecho, parecía el más peligroso de todos. Y este la olfateo una y otra vez. Paso su asquerosa lengua por la palma de mi mano.
Su mirada asesina comenzó a transformarse en una mirada tierna y el resto de los perros observaban la escena. Al primer movimiento de su rabo todos lo imitaron y en un segundo esos fantasmas de la oscuridad actuaban como pequeños gatitos en celo.
Refregaban su hocico sobre mi pierna, me olfateaban y agitaban su rabo en señal de juego.
–No entiendo nada–le dije  con expectativa en mi rostro.
–A ti…no te atacaran. Tomamos  todas las preocupaciones.  Debajo de la escalera duermen cuando no montan guardia. En ese lugar duermen con tu fragancia inundando todos sus sentidos. A mi familia la conocen muy bien, los hemos criado a biberon.
–¿Qué fragancia ?–no entendía a que se refería, seria a mi olor. Acerque mi brazo a mi nariz y me olí.
–¿Ves a lo lejos?–señalo con su dedo el recoveco que se formaba debajo de la escalera en el exterior.–En ese lugar duermen y nuestras sabanas los abrigan por las noches. Tu exquisita fragancia los embriaga y sueñan contigo.–se sonrió al ver mi expresión de desaprobación. Lo que me faltaba, un par de perros enamorados corriendo detrás de mi.
–¿A mi también me obedecen? –quería sacarme esas bolas de pelos con patas de encima.
–Observa…¡¡Corre!!–grito en mi cara soltando mi mano.
Me tomo de sorpresa su orden. Comencé a correr tanto como mis torpes pies me lo permitían, mis movimientos parecían divertidos para él por la manera que me miraba y se sonreía.
todos sentados otra vez
Recorrí todo el borde del lago, él pisaba mis talones y los perros nos perseguían furiosos, sus ladridos enloquecidos apuntaban a las piernas de Edward como queriendo derribarlo. Sus miradas tiernas se transformaron en asesinas. Sentí miedo por él. Aumente la velocidad de pronto me tomo por la cintura y rodamos entre la vegetación. Me aferré a su cuerpo las bestias nos mostraban sus feroces fauces con sus perfectos colmillos listos para desgarrar. Era el momento justo para probar si me obedecían, emití la orden con voz temblorosa pero segura, en un segundo se rompió la formación de ataque y todos sentados otra vez. Pero no dejaban de observar los movimientos de Edward hacia mí.
–De haber sido Jake…me hubiesen destrozado. –comento de manera risueña mientras nos incorporábamos y caminábamos de regreso.
–¿No lo conocen?¿Como lo atacaran?
–Sencillo. Cuando Emmet propuso traerlos aquí los encerramos en la caravana dos días sin alimento, solo con agua. Su instinto asesino se potencio por el solo hecho de respirar su aroma por solo  cuarenta y ocho horas. El día que los liberamos salieron enceguecidos en su búsqueda regresando a las horas por haber perdido evidentemente su rastro.
–¡Son tan hermosos!–mientras caminábamos nos rodeaban a cada paso que dábamos.
–Solo dos entraran para protegerte. Mañana Emmet traerá algunos más.
–Pero ya no podrán reconocer el aroma de él.–habían pasado varias días y la caravana había sido ventilada. Me miro y sonrió.
–¿No sabes como funciona? – dijo divertido– Son como los lobos responden a un alfa, es ese de allá.–señalo a un ejemplar de pelaje mas oscuro, su mirada de desconfianza te calaba hasta los huesos, creo que fue el único que no buscaba mi mano para ser acariciado como el resto.
–¿Tantos perros? –casi como una docena, yo no era muy amante de ellos.–Serán un presupuesto en alimento.
–Atentan una y otra vez contra tu vida .¿y te preocupas por el alimento?–carcajeamos juntos.



Al entrar a la sala Jasper y Emmet  jugaban a los videojuegos. Alice acomodaba los trastos para cenar y Rosalie trozaba el pollo.
Cuando nos disponíamos a cenar los animales se recostaron a cada lado de mi asiento observando cada movimiento de los comensales.
El resto descansaban custodiando cada entrada a la casa. Conversábamos todos, me sentía feliz por haber cenado en familia, salvo por Rose que apenas me dirigió la mirada solo un par de veces y realizaba algún que otro comentario mal intencionado para mi.
Entre todos ordenamos todo. Preparados para ver alguna película y tomar un café.
–¿Y tu padre, aun no ha llegado?–lo mire al tiempo que le preguntaba.
–Hoy vendrá con Esme, indudablemente a pasado a buscarla.–comento risueño.
–¿Seguramente le daremos tu habitación?–sonó a pregunta pero era una afirmación. No me parecía correcto que durmieran incomodos, por mi culpa,  que era la causante de tantas modificaciones en el ritmo de vida de estas personas.
–NO…Bella no tengo intensiones de dormir lejos de ti.–protesto Edward
–Mi amor…estaremos cómodos en el sofá.
Alice interrumpió nuestra pequeña discusión.
–Vamos, siéntense todos que he preparado un pastel de chocolate para acompañar el café –dijo, separándonos y dando una vuelta completa con un movimiento rápido y ágil, mientras cortaba el pastel y servía la infusión.
–Por nada del mundo me perderé tu pastel, hermanita.–rio Emmet saboreándolo en su imaginación.
–Lo siento, será en otro momento.–le dijo Rosalie con una mirada fría.–Pero debemos marcharnos antes de que sea demasiado tarde.
–¡¿Se marchan todos?!...–dije en tono de desaprobación, mientras tomaba mi café.
–Solo nosotros. ¿Qué piensas que no tenemos una vida?. Estoy harta de ti y de este lugar.–me respondió de manera ofensiva.
–Lamento mucho tu mala estadía. Pensé que eras feliz estando en familia. –la voz de Edward sonó dolida por las palabras de ella.
–¡No lo digo por ti!–aclaro la rubia engreída.me hecho una mirada despectiva.
–Si lo dices por Bella, lamento decirte que es como si lo dijeras por mí. Además deberás acostumbrarte porque tengo pensado que sea parte de esta familia.
–Es tu vida…no la mía y será tu decisión. Tú cavarás tu propio foso y no estaré para sacarte.–soltó toda su bronca mientras caminaba nerviosa ante la mirada de desaprobación del resto. Sin embargo la entendía, de un día para el otro ingrese a sus vidas cargada de problemas y poniendo a su familiares en peligro constante. Me merecía esas palabras.
–Quizás en unos días recuperemos nuestras vidas y tengas que tragarte esas palabras.–aclaro mi amado frunciendo el entrecejo y usando un falso tono de reproche.–De todas maneras Rose tendremos una charla, te daré la oportunidad de destilar todo tu veneno y expresar tus sentimientos hacia Bella.–continuo bebiendo su café restando importancia a sus palabras.
–Emmet recoge mis cosas.–le dijo Rosalie en un tono autoritario.–No me siento bienvenida en este lugar.
Abrió la puerta de la entrada principal y salió de manera intempestiva, cerrando de un portazo.
–¡Regresa cuando lo desees!–el grito de Edward salió expulsado desde los mas profundo de sus pulmones.
Emmet nos saludo a todos prometiendo que regresaría mañana y que hablaría con ella.
Aun no comprendo que es lo que la arrastra a tratarme así. El pasado pensé que había quedado enterado para nosotras. Solo una vez hable con ella. Y eso fue hace años en esa bendita fiesta de graduación en donde me pidió que me alejara de él sino quería ser lastimada por la vida de  Edward  que llevaba de excesos, como todo adolescente adinerado.
¿Qué pensamientos la impulsaban a reflotar todo el pasado?. Algún día tendré que preguntárselo. Quizás él también pueda aclararme un par de situaciones.
Definitivamente este no era el momento, me sentía algo inquieta deseaba que llegara Carlisle con los resultados y pedía en cada plegaria que sean negativos.
De estar embarazada Edward se alejaría de mi lado, volvería a rodar por la vida.
Una mala jugada del destino, que estaba empecinado con ponerme las cosas difíciles.
Mi corazón no estaría con el hombre que amo y tendría un hijo al cual nunca vivirá con su padre, un padre trastornado por los celos y con poco respeto por la vida por atentar contra la mía.
Mi monologo interno comenzó a preocupar a Edward, mi mirada ausente y mi expresión sombría podía jurar que hacían estragos en su corazón.
Lo mire y lo regale una sonrisa apenas una fina  línea en mi rostro. Su expresión en su rostro era igual a la mía, de todas formas me devolvió una mueca que intentaba dibujar una sonrisa y paso sus manos mis hombros atrayéndome hacia él. Ese gesto tan de él, provocaba que me derritiera en sus brazos y desear no separarme. Me envolvía con tanta ternura que mi cuerpo vibraba a cada rose de sus manos.
–Todo va a estar bien, cariño.–no pude o no quise evitar rodearlo con mis brazos , me escondí en su pecho y explote angustiada. Mis lágrimas fluían a caudales y mi garganta emitía sonidos lastimosos que por momento me quedaba sin aire provocándome una sensación de ahogo muy dolorosa.
–¿Por qué lloras?–me paso la mano por mi mejilla y me acomodo el pelo formando una coleta con su mano. Me sentía una chiquilla.
Lo mire. Furiosa por la situación y le grite en su rostro.–¡Estoy embarazada!–mi rostro volvió a la posición inicial contra su pecho. El acariciaba mi melena.
–Me lo imaginaba.–el tono lúgubre de sus palabras me alarmo. Tuve la sensación que se alejaría de mi cuerpo, levantándose enojado.
–¿Solo eso me dirás?¿No estas enojado?–mire en la profundidad de sus ojos para ver la expresión de su alma al responderme.
–De ser así….estaré contigo.–respondió muy tranquilo como pensando y sintiendo cada palabra que era expulsada al exterior por su boca.
–¡Edward!–le grite–¡Acabo de decirte que llevo un hijo de Jake en mis entrañas!–grite con toda mi fuerza ante la mirada desconcertada de los demás.–¡Maldito seas!–hable en apenas un hilo de voz–No puedes ser tan tolerante.–la ira contra mi ser crecía en mi, no me merecía un hombre tan bueno en mi vida.
–¿Qué esperas que te abandone?
–Si…–le respondí sollozando.
–Eso no pasará. Quizás porque tengo la esperanza de que ese hijo sea mio.–me dejo boquiabierta.
–¿Una porción más de pastel?–dijo Alice levantando la espátula en señal de distracción para dar por finalizada nuestra charla.
La puerta principal sonó por los golpes del puño de Carlisle.
–¿Llegamos en mal momento?–dijo en tono de broma, aunque el aire se sentía tenso.
–Siempre serán bienvenidos.– me beso la frente y se acercó a recibirlo con una amplia sonrisa. Esme ingreso del brazo de su esposo.
–¿Cómo te sientes pequeña?–me pregunto Esme con extrema dulzura y apoyo la palme de su mano en mi vientre. Provocando en mí,  una punción en todo mi cuerpo que ese gesto confirmaba  todas mis dudas.
Diablos, pensé, seguramente Carlisle se lo habría confirmado no.
La expresión de sorpresa y confusión  en  mi rostro ante el toque de Esme,  inquieto un poco a Ed. Lo vi marcharse con muda resignación, me imagino que una sensación de pánico lo invadió ante la certeza silenciosa de su madre.
Abrió el ventanal tomo una pelota de tenis y comenzó a arrojarla una y otra vez a los perros que corrían divertidos.
Me aleje con dos manchas de roja cólera en mis mejillas, mientras lo observaba al pie del ventanal dejar el juego para pararse a la orilla del lago y mirar la misma nada en plena oscuridad.
Alice y Jasper se habían retirado a descansar. Mientras que Esme  y Carlisle tomaban un café en la sala.
La pena inundo mi corazón de solo pensar en el dolor que le provocaría a él mi estado de gravidez.
–¡Bella!–me llamo Carlisle al tiempo que tomaba un sobre blanco del interior de su chaqueta.me gire sobre mis pies.
–¿Esos son los resultados?–le pregunte mirando el sobre que tenia en sus manos. Y me lo extendía para que lo tome.
–Si. Ábrelo. Cuanto antes sepas la verdad podrás resolver que hacer con ella. Confiamos en que decidirás lo correcto.–su cálida mirada me transmitía  esperanza.
–Bella…un hijo será  una bendición para esta familia.–dijo Esme con lágrimas en sus ojos.
–Lo se.–mientras tomaba el sobre ante la mirada atenta de ellos, Ed   ingresaba a la sala con su rostro helado por la noche.
Subí los escalones de dos en dos, entre al baño con mucha prisa trabe con el cerrojo.
Abrí el sobre, tome la hoja con las manos temblorosas, podía jurar que mi corazón palpitaba alocadamente y sentí tensarse mi estomago.
Leí el papel detenidamente como quien lee una condena a cadena perpetua.
 –¡Bella!¡mi amor abre la condenada puerta!–grito mientras propinaba golpes furiosos a la madera. Arrugue el papel sobre mi pecho, mis lágrimas recorrían mis mejillas.–¡Abre por favor!–dijo suavizando el tono de su voz.
Tome el  cerrojo y lo comencé a girar lentamente pensando en cual seria su reacción.






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