CAPITULO XXIII
DESESPERACIÓN.
Edward PROV
Al ingresar a la
habitación de la clínica y ver la cama vacía.
Creí que me moría en
vida.
Todo el cuarto, aún
impregnado por su olor, ingresaba por mi nariz, quemando y arrasando por mis
vías respiratorias.
Mis pulmones no
recordaron tomar oxígeno, para transportarlo por mi venas, solo la
consternación corría por mi sangre.
En un lamentable ingreso
de sangre, para bombear hacia mi corazón, la desesperación se alojo allí,
quedándome mas vacío y sin latidos.
Me sentí abatido.
Vencido.
Impotente frente a la
situación.
Una vez más recordé que no era capaz de cuidar a Bella,
como las circunstancias lo amerita.
–Hermano, lo siento. Es
mi culpa. No debí…-no permití que su sentimiento de culpa me atormentará, era
mi amada hermana, pero esta vez su amor incondicional a Bella la había puesto
en peligro.
–Hijo, te dejaremos
solo. Necesitas pensar.- mi mueca de dolor, paralizó las palabras de mi padre.
Me giré y conecté la mirada con Alice.
–Exactamente, ¿Cúales
fueron las palabras que dijo?- me odie a mi mismo por el tono en el que había
realizado la pregunta.
–Solo que caminaría dos
o tres cuadras alrededor de la clínica y que seria una niña buena, que tomaría
su medicina y regresaría en diez minutos. – supongo que dijo todo, ¿Qué estaba
pasando con mi familia, hacía muchas
semanas que no teníamos paz?
Mi padre me animó a
ponernos en marcha, me pidió que dejara todo en sus manos, Alice a mi lado
llamaba a Emmet y Jasper.
Mi padre se comunicó con
Charlie, poniéndolo al tanto de la situación.
Y mis pies, trasladaron
mi cuerpo hacia el exterior de la clínica, baje los escalones corriendo, para
bordear toda la manzana.
Mi corazón me decía en
un susurro cruel, que no la encontraría.
Corrí dos veces
alrededor de la gran manzana.
La oscuridad era amenazante,
mi rostro se contrajo al pensar en mi
nena, podría haber sentido miedo.
¿Pero dónde estaba?
¿Habría tomado un taxi,
para regresar a casa de mis padres?
¿Estaría en un café,
comiendo un gran trozo de pastel de chocolate?
¿Se encontraría en el
aeropuerto, comprando un boleto para visitar a Renné?
Los agitados latidos de
mi corazón por la carrera a contratiempo, me indicaban que estaba en peligro.
No tenía noción del
tiempo, pero seguramente había pasado una hora, desde que se desató esta
locura.
Aminoré mis pasos, mi
corazón bombeaba sangre enloquecido.
De pie, me incliné a la
acera, colocando ambas manos en mis rodillas, facilitando a mis pulmones la
entrada de aire formando un ángulo de cuarenta y cinco grados con mi cuerpo. Con mis párpados cerrados.
Me encontraba en mitad
de una noche tenebrosa, con miles de pensamientos que me negaban la posibilidad
de que ella se encontrara bien. y con poco aire en mi cuerpo por la carrera.
Mientras intentaba
erguir mi espalda, una suave brisa, colaboró para que un aroma a sales y oxido
se calara por mi nariz.
Abrí de golpe mis párpados
y la realidad me abofeteo de una manera cruel y despiadada.
Una veta de sangre, casi
seca, realizaba un camino serpenteado, desde mi posición hasta el borde de la
acera.
¡Basta!, gritaba mi
corazón en mi interior, eso era mucho más de lo que podíamos soportar.
Mis músculos se
entumecieron y mis rodillas chocaron
contra el suelo, provocando que mi cuerpo cimbrara por el golpe.
Un dedo, entre agónico y
vacilante, tocó la mancha de sangre, apunto de secarse.
Mi visión de repente se vio opacada por mis lágrimas.
¿Cuánto más lloraría por
ella?
¿Cuánto más soportaría
no tenerla entre mis brazos?
¿Cuánto más debíamos
soportar para ser felices?
Ensimismado en mis
pensamientos, fui testigo silencioso de lo que pasaba a mi alrededor.
Las voces se oían
lejanas.
Las sirenas de los
coches patrullas, eran arrullos para mis oídos.
No me sentía consiente de
mi cuerpo.
Solo flotaba en la
inmensidad de la noche.
Mis lágrimas, el agua
salada salía del interior de mi cuerpo por mi lagrimal, bañando mi rostro.
Solo repetía una y mil veces su nombre, como si por llamarla, ella posaría su cálida mano y me diría que
todo era una pesadilla y estaba todo bien.
–BELLA…BELLA…BELLA…BELLA…-gritaba
arrodillado en la acera acunado por la noche.
Alice PROV
Jasper y Emmet no
entendían nada sobre mi llamado, entre lo nerviosa y asustada que me sentía,
hablaba sin respiro como una desquiciada, caminando como una loca por toda la
habitación.
Por el momento mi padre
decidió que no era bueno preocupar a mi madre hasta que no supiéramos bien que
había sucedido.
Que por cierto estaba
cien por ciento segura que no era nada bueno.
Mi padre, por otro lado,
detallando por su móvil al padre de Bella, los últimos acontecimientos y
pidiéndole que se acercará a la clínica.
Mientras mi hermano
caminaba en piloto automático hacia el exterior de la clínica.
Su rostro reflejaba el
terror y la agonía que padecía en su interior.
Miré la hora en mi móvil
y habían pasado cincuenta minutos desde el instante que me despedí de Bella,
para ir al encuentro de mi hermano y engatusarlo para darle vía libre a su
locura de tomar aire.
En mi vida, me sentí tan
culpable por cubrirla.
Mi corazón me decía que
estaba en malas manos.
Solo un nombre, Rosalie,
aparecía en mi mente una y otra vez.
Gracias a Dios que Jake
se encontraba en las inmediaciones de la estación de policía junto a Charlie.
De estar con ambos,
tanto Rose como su ex esposo, le darían pocas esperanzas de seguir con vida.
De pasar algo así, mi
hermano seguramente me odiaría y despreciaría su vida a tal punto de ponerle
fin para reunirse con ella, con su alma, en algún lugar del cosmos.
Mi padre me pasó la
palma de su mano por mi espalda y su mirada intentaba transmitirme seguridad,
lo malo era que ni el se lo creía.
–Vamos hija…busquemos a tu hermano.-pasó su mano por
mis hombros y nos dirigimos a la puerta vidriada de salida.
Dentro de la clínica,
sentía que me encontraba en una burbuja, ajena a todo lo que pasaba en el mundo
exterior, propiamente dicho, en la calle y en la acera.
La realidad se plantó
frente a mis ojos.
El sonido ensordecedor
de los coches patrullas, Charlie a los gritos, dándole indicaciones a la
veintena de uniformados que bajaban presurosos de los coches. Era digno de admirar
al padre de Bella, como mantenía la cordura en una situación tan límite, como
esta, en la que su hija corría peligro.
Pero la escena más
devastadora, fue ver a mi hermano, de rodillas en el suelo, junto a un camino
de sangre, totalmente ido, con su mirada pérdida y gritando una y otra vez el
nombre de mi amiga, mi hermana.
Mi padre corrió hacia
Edward. Mientras Jasper me tomaba en sus brazos en el momento justo que mis
piernas se flexionaron por no soportar ver a mi hermano así y por mi culpa.
Carlisle le ordenó a Emmet que no lo tocará, dijo algo
así como que se encontraba en estado de shock.
Dos enfermeros salieron
del interior de la clínica con una camilla y una jeringa.
Las patrullas, sonaban
indiscriminadamente, en todo el predio y varios enfermos se asomaban por las
ventanas a observar el espectáculo sin saber que sucedía.
Entre varios, inclusive
mi padre, intentaron montar a Edward en la camilla, que les resultaba imposible
por la resistencia que ofrecía entre patadas y golpes de puño y sus gritos
agónicos llamando a su mujer.
De pronto el silencio.
Mi
padre le había inyectado un sedante y lo llevaban al interior de la sala de
urgencias.
Eso es todo lo que
recuerdo.
Hasta que abrí mis ojos
y me encontré acostada en la habitación de Bella y Jasper a mi lado.
–¿Qué pasó?- mi voz apenas
en un susurro le pregunté a mi novio.
–Te desmayaste en mis
brazos, mi amor.-su tono dulce de voz, tranquilizaba mis sentidos alterados.
–¿Se sabe algo de Bella?
Bella PROV
Al abrir mis ojos,
recorrí todo el lugar con la vista. Me encontraba en el interior de un coche,
que se trasladaba a gran velocidad.
Incliné mi cabeza hacia
atrás y al observar por encima de mi coronilla, a través del cristal de la
puerta del vehículo en movimiento, solo se veía el pasaje veloz de la
vegetación.
Sobre el cabezal del
asiento del conductor, caía hacia atrás
en cascada una melena rubia que pertenecía a Rosalie.
Mi corazón se estremeció
al recordar su rostro al gritarle a Edward que lo amaba.
Palabra que fue la
causante de que por consecuencia me encontrará aquí.
Cerré mis párpados
angustiada por la circunstancia, lo que provocó que una lágrima furtiva rodara
por mi mejilla.
Me resultaba difícil
respirar por la nariz, por lo que mi pecho ascendía y descendía rápidamente.
La cinta de embalaje
apretaba mis muñecas al igual que mis pantorrillas lo que me causaba un
hormigueo acompañado por un gran dolor.
A estas alturas las
lágrimas rodaban por mi rostro,
convirtiéndose en una cascada al recordar mi estado de gravidez.
¡Mierda! Que estúpida fui; si por un momento
hubiese escuchado a Alice, en estos momentos estaría descansando entre los
brazos de mi amado respirando su fragancia embriagadora.
Que arrepentida me sentía, una vez mas Edward,
estaría angustiado por mi culpa, seguro notaron mi ausencia.
Peor me sentía al pensar en mi amiga, quizás iba
a tener problemas con su hermano por cubrirme.
Esme al enterarse estaría triste por ver a su
hijo sufriendo.
Y Emmet quedaría destrozado al saber quien me
secuestro.
Me sentía de como la mierda, todo a mi alrededor, todas
las personas que amaba sufrían por mi culpa.
Me merecía todos los planes que ella tenía para
mi.
Sumergida en mis pensamientos mi cuerpo percibió
por el movimiento abrupto que el coche detenía la marcha.
Intenté mantener mis párpados cerrados y agudicé
el sentido del oído.
La voz de Rose ingresó a mi mente donde mi
cerebro proceso la amenaza.
–La consentida de los Cullen sabrá lo que es
bueno.– intento sonar dulce, pero su voz cargado de ironía , me llevo a pensar
que sus planes no eran nada bueno para mi. ¿Qué tenía pensado hacerme?¿A qué
lugar me había traído?¿Pediría un rescate por mi?
Miles de preguntas se agolpaban en mi cabeza.
Solo una oración de ruego por mi hijo, intentaba aplastar mis interrogantes.
La incertidumbre colmaba mis sentidos.
Un golpe seco, tras cerrar la puerta de un
coche, me indicaba que no estábamos solas en este lugar.
¡Que no sea Jake! Mi corazón golpeaba frenético
contra mi pecho, la respiración oscilaba entre errática y conmovida por la
anticipación al otro integrante de mi tragedia.
En un intento por tomar oxígeno, mis fosas
nasales se dilataban continuamente, presa de un ataque de pánico.
Nada bueno
para mi bebe. Por el sonido de la grava, mi cuerpo se tenso, unos
pasos se dirigían hacia el coche y escuche a mi raptora bajar del que me encontraba secuestrada.
Presioné rudamente mis párpados como queriendo
agudizar al máximo mi sentido auditivo.
Solo un murmullo de voces en la oscuridad de la
noche, daban la pauta que la rubia engreída no había ideado esto sola.
No se si fueron los nervios o la situación lo
que provocó que mi bebe realizará su primer movimiento.
Mi sentimiento por Rosalie no era nada bueno.
Mis manos se encontraban impedidas para
conectarme con mi hijo en este maravilloso momento y me había separado de
Edward, privándolo de esta sorprendente experiencia.
La odie.
Una voz conocida inundó el interior del coche,
mi cárcel personal.
–Rose ¡Es perfecto mi obsequio!– su voz ronca
provocada por el deseo, me revolvió las tripas. Podía sentir su mirada lasciva
sobre la extensión de mi cuerpo.
–Jake, has con ella lo que quieras. Después de
todo sigue siendo tu esposa, ¿no?– las risotadas de ambos aturdieron mis
sentidos.
– Supongo que es una buena noche para abandonar
mi celibato. – respondió entre risas.
Ruego a
lo más sagrado que no me ponga una mano encima. Las imágenes de la noche en que
tomó mi cuerpo sin mi consentimiento en la caravana, aparecían una a una en mi
mente.
Poco a poco sentía mis tripas convulsionarse
como si se tratará de un volcán gestionando una colosal erupción.
De seguir presionando mis párpados, mis globos
oculares terminarían hundidos.
Por gracia divina, ambos se marcharon, no se
adonde. Sentí el sabor metálico ascender por mi garganta. Una bocanada de
vomito surgió como un torrente desde mis entrañas. El líquido viscoso salía a
borbotones ensuciando mi cabello y mi rostro. Mis arcadas contraían mi estómago
y ese líquido, mezcla de sangre y alimentos me traían contrariada. Por instinto
desee poder acariciar mi vientre pero mis manos aprisionadas por aquella
maldita cinta me imposibilitaban el tan necesitado movimiento.
Un olor nauseabundo inundaba el interior del
coche.
Mis lágrimas corrían por mi rostro y solo podía
pensar en mi bebe y en mi eternamente amado.
Había sido un gran error salir a tomar
aire.
De solo pensar en la situación y en quien me
estaba privando de mi libertad mas angustia sentía mi pobre corazón.
El vómito se deslizaba lentamente sobre el
asiento trasero del coche en donde me encontraba sola.
A lo lejos escuchaba como ellos dos mantenían
una charla seguramente sobre mi posible destino. Mi vida no podía acabar así.
Pero mis sentidos auguraban el final y no se
sentía muy prometedor.
De repente la puerta del coche se abrió y pude
reconocer nuevamente su voz, con quien estaba conversando Rosalie.
Mi cuerpo respondió con desagrado al sonido de
esas palabras, una vez mas mi pesadilla reaparecía en mi vida Jacobo Black el
nombre de todas mis desgracias . Lo que me llamaba poderosamente la atención fue
en detenerme a pensar que relación tenia con la prometida de Emmet.
–¡Puta Madre! pero que olor de mierda sale del
interior. ¡Rosi la maldita ha vomitado!– por que se empeñaba en llamarme
maldita
–¿Y que quieres que haga? Es tu perverso obsequio.
Has con ella lo que desees mi amor. –¿mi amor?¿ pero que sucede aquí desde
cuando están juntos?
Sentí sus sucias manos jalarme de los tobillos
para sacarme del interior del coche he intentar colocarme de pie.
Deje mi cuerpo flácido. No se la iba a poner
fácil. Además intenté parecer inconsciente.
El cabrón no tenía de donde tomarme, sangre y
resto de mi frágil estómago cubrían mi cuerpo.
Por no tomarme y darme equilibrio caí pesadamente al suelo. Ahora
tenía tierra adherida a mi ropa y ese olor que me provocaba más asco.
Los sonidos de los pasos de Rosalie me
anticipaban el momento de que nada bueno podía esperar de ellos.
–Jake abre el grifo.– Ni tiempo a pensar, la hija
de puta me bañó con la manguera del jardín como si fuera una planta que
necesitaba ser regada.
Solo iluminados por la luz de la luna, el impacto del
agua fría me obligó abrír mis ojos apresuradamente.– Pero que tenemos aquí. ¿La princesa de los Cullen ha despertado?
Observe a Jake cerrar el grifo y raudamente
corrió a mi lado, tomó mi cuerpo empapado por el agua y me cargó como una bolsa
de papas a su hombro.
Mis dientes castañeaban sonoramente y mi cuerpo
convulsionaba por el frío.
Intenté mantenerme alejada de su cuerpo, pero me
encontraba indefensa por las ataduras en mis extremidades.
Oí la queja que hizo la pesada puerta de madera
maciza al abrirse, un olor pestilente entre humedad y algo en descomposición se
coló por mi nariz; Lo que provocó una bocanada de vómito con lo poco que aun
conservaba mi estómago.
–¡Maldita Puta!¡Has arruinado mi playera!– el
movimiento que realizó a continuación me tomó por sorpresa. Me arrojó
deliberadamente en un colchón oloroso golpeando mi cabeza lastimada contra la
pared. Me derribé inconsciente nuevamente, lo último que escuche…
–¡Rosalie!,¡ trae unas malditas tijeras!







rayos que mal la está pasando Bella ojala la encuentren pronto...Gracias nena me encanto ,sigue asi ...Besos ...
ResponderEliminargracias por ser mi fiel lectora...y disculpa por la tardanza ...pero tengo otros blog que actualizar.....besotes
ResponderEliminarHola por aqui.
ResponderEliminarNo puede ser, es imposible que tanto uno como otro sufran de esa manera. Por favor dejalos respirar un poco ya. No dejes que el chucho la violé o la fuerce de algun modo, o la maltrate, por el bien de un bebé que si lo pierden va a ser horrible. Lo dos se van a culpar por ello, por favor, dales un respiro ya y dánoslo a nosotros.
Me quedo muy compungida y mal con lo que he leído.
Gracias por avisarme cielo, que hoy ando un poco grogi despues de a ver ido a ver Amanecer.
prometo en dos capitulos mas darte un respiro...para empezar a cerrar de a poco algunas cosillas...Besotes
EliminarJoooooo dos capítulos en los cuales el chucho pude hacer lo que le de la gana y yo temo por el bebé que estoy segura de que lo va a perder y si lo pierde no sera igual para ninguno de los dos y el amor no bastará para superarlo.
ResponderEliminarNo se pero lo veo muy negro.