CAPITULO XXIII...DESESPERACIÓN


CAPITULO XXIII

DESESPERACIÓN.

Edward PROV

Al ingresar a la habitación de la clínica y ver la cama vacía.
Creí que me moría en vida.
Todo el cuarto, aún impregnado por su olor, ingresaba por mi nariz, quemando y arrasando por mis vías respiratorias.
Mis pulmones no recordaron tomar oxígeno, para transportarlo por mi venas, solo la consternación corría por mi sangre.
En un lamentable ingreso de sangre, para bombear hacia mi corazón, la desesperación se alojo allí, quedándome mas vacío y sin latidos.
Me sentí abatido.
Vencido.
Impotente frente a la situación.
Una vez más  recordé que no era capaz de cuidar a Bella, como las circunstancias lo amerita.



–Hermano, lo siento. Es mi culpa. No debí…-no permití que su sentimiento de culpa me atormentará, era mi amada hermana, pero esta vez su amor incondicional a Bella la había puesto en peligro.
–Hijo, te dejaremos solo. Necesitas pensar.- mi mueca de dolor, paralizó las palabras de mi padre. Me giré y conecté la mirada con Alice.
–Exactamente, ¿Cúales fueron las palabras que dijo?- me odie a mi mismo por el tono en el que había realizado la pregunta.
–Solo que caminaría dos o tres cuadras alrededor de la clínica y que seria una niña buena, que tomaría su medicina y regresaría en diez minutos. – supongo que dijo todo, ¿Qué estaba pasando con mi familia, hacía  muchas semanas que no teníamos paz?
Mi padre me animó a ponernos en marcha, me pidió que dejara todo en sus manos, Alice a mi lado llamaba a Emmet y Jasper.
Mi padre se comunicó con Charlie, poniéndolo al tanto de la situación.
Y mis pies, trasladaron mi cuerpo hacia el exterior de la clínica, baje los escalones corriendo, para bordear toda la manzana.
Mi corazón me decía en un susurro cruel, que no la encontraría.
Corrí dos veces alrededor de la gran manzana.
La oscuridad era amenazante, mi rostro se contrajo al pensar  en mi nena, podría haber sentido miedo.
¿Pero dónde estaba?

¿Habría tomado un taxi, para regresar a casa de mis padres?
¿Estaría en un café, comiendo un gran trozo de pastel de chocolate?
¿Se encontraría en el aeropuerto, comprando un boleto para visitar a Renné?
Los agitados latidos de mi corazón por la carrera a contratiempo, me indicaban que estaba en peligro.
No tenía noción del tiempo, pero seguramente había pasado una hora, desde que se desató esta locura.
Aminoré mis pasos, mi corazón bombeaba sangre enloquecido.
De pie, me incliné a la acera, colocando ambas manos en mis rodillas, facilitando a mis pulmones la entrada de aire formando un ángulo de cuarenta y cinco grados con mi cuerpo. Con mis párpados cerrados.
Me encontraba en mitad de una noche tenebrosa, con miles de pensamientos que me negaban la posibilidad de que ella se encontrara bien. y con poco aire en mi cuerpo por la carrera.
Mientras intentaba erguir mi espalda, una suave brisa, colaboró para que un aroma a sales y oxido se calara por mi nariz.
Abrí de golpe mis párpados y la realidad me abofeteo de una manera cruel y despiadada.
Una veta de sangre, casi seca, realizaba un camino serpenteado, desde mi posición hasta el borde de la acera.
¡Basta!, gritaba mi corazón en mi interior, eso era mucho más de lo que podíamos soportar.
Mis músculos se entumecieron  y mis rodillas chocaron contra el suelo, provocando que mi cuerpo cimbrara por el golpe.
Un dedo, entre agónico y vacilante, tocó la mancha de sangre, apunto de secarse.
Mi visión de repente se vio opacada por mis lágrimas.
¿Cuánto más lloraría por ella?
¿Cuánto más soportaría no tenerla entre mis brazos?
¿Cuánto más debíamos soportar para ser felices?
Ensimismado en mis pensamientos, fui testigo silencioso de lo que pasaba a mi alrededor.
Las voces se oían lejanas.
Las sirenas de los coches patrullas, eran arrullos para mis oídos.
No me sentía consiente de mi cuerpo.
Solo flotaba en la inmensidad de la noche.
Mis lágrimas, el agua salada salía del interior de mi cuerpo por mi lagrimal, bañando mi rostro.
Solo repetía una y mil veces su nombre, como si por llamarla, ella posaría su cálida mano y me diría que todo era una pesadilla y estaba todo bien.
–BELLA…BELLA…BELLA…BELLA…-gritaba arrodillado en la acera acunado por la noche.






Alice PROV
Jasper y Emmet no entendían nada sobre mi llamado, entre lo nerviosa y asustada que me sentía, hablaba sin respiro como una desquiciada, caminando como una loca por toda la habitación.
Por el momento mi padre decidió que no era bueno preocupar a mi madre hasta que no supiéramos bien que había sucedido.
Que por cierto estaba cien por ciento segura que no era nada bueno.
Mi padre, por otro lado, detallando por su móvil al padre de Bella, los últimos acontecimientos y pidiéndole que se acercará a la clínica.
Mientras mi hermano caminaba en piloto automático hacia el exterior de la clínica.
Su rostro reflejaba el terror y la agonía que padecía en su interior.
Miré la hora en mi móvil y habían pasado cincuenta minutos desde el instante que me despedí de Bella, para ir al encuentro de mi hermano y engatusarlo para darle vía libre a su locura de tomar aire.
En mi vida, me sentí tan culpable por cubrirla.
Mi corazón me decía que estaba en malas manos.
Solo un nombre, Rosalie, aparecía en mi mente una y otra vez.
Gracias a Dios que Jake se encontraba en las inmediaciones de la estación de policía junto a Charlie.
De estar con ambos, tanto Rose como su ex esposo, le darían pocas esperanzas de seguir con vida.
De pasar algo así, mi hermano seguramente me odiaría y despreciaría su vida a tal punto de ponerle fin para reunirse con ella, con su alma, en algún lugar del cosmos.
Mi padre me pasó la palma de su mano por mi espalda y su mirada intentaba transmitirme seguridad, lo malo era que ni el se lo creía.
–Vamos  hija…busquemos a tu hermano.-pasó su mano por mis hombros y nos dirigimos a la puerta vidriada de salida.
Dentro de la clínica, sentía que me encontraba en una burbuja, ajena a todo lo que pasaba en el mundo exterior, propiamente dicho, en la calle y en la acera.
La realidad se plantó frente a mis ojos.
El sonido ensordecedor de los coches patrullas, Charlie a los gritos, dándole indicaciones a la veintena de uniformados que bajaban presurosos de los coches. Era digno de admirar al padre de Bella, como mantenía la cordura en una situación tan límite, como esta, en la que su hija corría peligro.
Pero la escena más devastadora, fue ver a mi hermano, de rodillas en el suelo, junto a un camino de sangre, totalmente ido, con su mirada pérdida y gritando una y otra vez el nombre de mi amiga, mi hermana.
Mi padre corrió hacia Edward. Mientras Jasper me tomaba en sus brazos en el momento justo que mis piernas se flexionaron por no soportar ver a mi hermano así y por mi culpa.
Carlisle  le ordenó a Emmet que no lo tocará, dijo algo así como que se encontraba en estado de shock.
Dos enfermeros salieron del interior de la clínica con una camilla y una jeringa.
Las patrullas, sonaban indiscriminadamente, en todo el predio y varios enfermos se asomaban por las ventanas a observar el espectáculo sin saber que sucedía.
Entre varios, inclusive mi padre, intentaron montar a Edward en la camilla, que les resultaba imposible por la resistencia que ofrecía entre patadas y golpes de puño y sus gritos agónicos llamando a su mujer.
De pronto el silencio.
Mi padre le había inyectado un sedante y lo llevaban al interior de la sala de urgencias.
Eso es todo lo que recuerdo.
Hasta que abrí mis ojos y me encontré acostada en la habitación de Bella y Jasper a mi lado.
–¿Qué pasó?- mi voz apenas en un susurro le pregunté a mi novio.
–Te desmayaste en mis brazos, mi amor.-su tono dulce de voz, tranquilizaba mis sentidos alterados.
–¿Se sabe algo de Bella?

Bella PROV

Al abrir mis ojos, recorrí todo el lugar con la vista. Me encontraba en el interior de un coche, que se trasladaba a gran velocidad.
Incliné mi cabeza hacia atrás y al observar por encima de mi coronilla, a través del cristal de la puerta del vehículo en movimiento, solo se veía el pasaje veloz de la vegetación.
Sobre el cabezal del asiento del conductor, caía hacia  atrás en cascada una melena rubia que pertenecía a Rosalie.
Mi corazón se estremeció al recordar su rostro al gritarle a Edward que lo amaba.
Palabra que fue la causante de que por consecuencia me encontrará aquí.
Cerré mis párpados angustiada por la circunstancia, lo que provocó que una lágrima furtiva rodara por mi mejilla.
Me resultaba difícil respirar por la nariz, por lo que mi pecho ascendía y descendía rápidamente.
La cinta de embalaje apretaba mis muñecas al igual que mis pantorrillas lo que me causaba un hormigueo acompañado por un gran dolor.
A estas alturas las lágrimas rodaban por mi rostro, convirtiéndose en una cascada al recordar mi estado de gravidez.
¡Mierda! Que estúpida fui; si por un momento hubiese escuchado a Alice, en estos momentos estaría descansando entre los brazos de mi amado respirando su fragancia embriagadora.
Que arrepentida me sentía, una vez mas Edward, estaría angustiado por mi culpa, seguro notaron mi ausencia.
Peor me sentía al pensar en mi amiga, quizás iba a tener problemas con su hermano por cubrirme.
Esme al enterarse estaría triste por ver a su hijo sufriendo.
Y Emmet quedaría destrozado al saber quien me secuestro.
Me sentía de como la mierda, todo a mi alrededor, todas las personas que amaba sufrían por mi culpa.
Me merecía todos los planes que ella tenía para mi.
Sumergida en mis pensamientos mi cuerpo percibió por el movimiento abrupto que el coche detenía la marcha.
Intenté mantener mis párpados cerrados y agudicé el sentido del oído.
La voz de Rose ingresó a mi mente donde mi cerebro proceso la amenaza.
–La consentida de los Cullen sabrá lo que es bueno.– intento sonar dulce, pero su voz cargado de ironía , me llevo a pensar que sus planes no eran nada bueno para mi. ¿Qué tenía pensado hacerme?¿A qué lugar me había traído?¿Pediría un rescate por mi?
Miles de preguntas se agolpaban en mi cabeza. 
Solo una oración de ruego por mi hijo, intentaba aplastar mis interrogantes.
La incertidumbre colmaba mis sentidos.
Un golpe seco, tras cerrar la puerta de un coche, me indicaba que no estábamos solas en este lugar.
¡Que no sea Jake! Mi corazón golpeaba frenético contra mi pecho, la respiración oscilaba entre errática y conmovida por la anticipación al otro integrante de mi tragedia.
En un intento por tomar oxígeno, mis fosas nasales se dilataban continuamente, presa de un ataque de pánico. 
Nada bueno para mi bebe. Por el sonido de la grava, mi cuerpo se tenso, unos pasos se dirigían hacia el coche y escuche a mi raptora bajar del que me encontraba secuestrada.
Presioné rudamente mis párpados como queriendo agudizar al máximo mi sentido auditivo.
Solo un murmullo de voces en la oscuridad de la noche, daban la pauta que la rubia engreída no había ideado  esto sola.
No se si fueron los nervios o la situación lo que provocó que mi bebe realizará su primer movimiento.
Mi sentimiento por Rosalie no era nada bueno.
Mis manos se encontraban impedidas para conectarme con mi hijo en este maravilloso momento y me había separado de Edward, privándolo de esta sorprendente experiencia.
La odie.
Una voz conocida inundó el interior del coche, mi cárcel personal.
–Rose ¡Es perfecto mi obsequio!– su voz ronca provocada por el deseo, me revolvió las tripas. Podía sentir su mirada lasciva sobre la extensión de mi cuerpo.
–Jake, has con ella lo que quieras. Después de todo sigue siendo tu esposa, ¿no?– las risotadas de ambos aturdieron mis sentidos.
– Supongo que es una buena noche para abandonar mi celibato. – respondió entre risas.
 Ruego a lo más sagrado que no me ponga una mano encima. Las imágenes de la noche en que tomó mi cuerpo sin mi consentimiento en la caravana, aparecían una a una en mi mente.
Poco a poco sentía mis tripas convulsionarse como si se tratará de un volcán gestionando una colosal erupción.
De seguir presionando mis párpados, mis globos oculares terminarían hundidos.
Por gracia divina, ambos se marcharon, no se adonde. Sentí el sabor metálico ascender por mi garganta. Una bocanada de vomito surgió como un torrente desde mis entrañas. El líquido viscoso salía a borbotones ensuciando mi cabello y mi rostro. Mis arcadas contraían mi estómago y ese líquido, mezcla de sangre y alimentos me traían contrariada. Por instinto desee poder acariciar mi vientre pero mis manos aprisionadas por aquella maldita cinta me imposibilitaban el tan necesitado movimiento.
Un olor nauseabundo inundaba el interior del coche.
Mis lágrimas corrían por mi rostro y solo podía pensar en mi bebe y en mi eternamente amado. 
Había sido un gran error salir a tomar aire.
De solo pensar en la situación y en quien me estaba privando de mi libertad mas angustia sentía mi pobre corazón.
El vómito se deslizaba lentamente sobre el asiento trasero del coche en donde me encontraba sola.
A lo lejos escuchaba como ellos dos mantenían una charla seguramente sobre mi posible destino. Mi vida no podía acabar así.
Pero mis sentidos auguraban el final y no se sentía muy prometedor.
De repente la puerta del coche se abrió y pude reconocer nuevamente su voz, con quien estaba conversando Rosalie.
Mi cuerpo respondió con desagrado al sonido de esas palabras, una vez mas mi pesadilla reaparecía en mi vida Jacobo Black el nombre de todas mis desgracias . Lo que me llamaba poderosamente la atención fue en detenerme a pensar que relación tenia con la prometida de Emmet.
–¡Puta Madre! pero que olor de mierda sale del interior. ¡Rosi la maldita ha vomitado!– por que se empeñaba en llamarme maldita
–¿Y que quieres que haga? Es tu perverso obsequio. Has con ella lo que desees mi amor. –¿mi amor?¿ pero que sucede aquí desde cuando están juntos?
Sentí sus sucias manos jalarme de los tobillos para sacarme del interior del coche he intentar colocarme de pie.
Deje mi cuerpo flácido. No se la iba a poner fácil. Además intenté parecer inconsciente.
El cabrón no tenía de donde tomarme, sangre y resto de mi frágil estómago cubrían mi cuerpo.
Por no tomarme y  darme equilibrio caí pesadamente al suelo. Ahora tenía tierra adherida a mi ropa y ese olor que me provocaba más asco.
Los sonidos de los pasos de Rosalie me anticipaban el momento de que nada bueno podía esperar de ellos.
–Jake abre el grifo.– Ni tiempo a pensar, la hija de puta me bañó con la manguera del jardín como si fuera una planta que necesitaba ser regada. 
Solo iluminados por la luz de la luna, el impacto del agua fría me obligó abrír mis ojos apresuradamente.– Pero que tenemos aquí. ¿La princesa de los Cullen ha despertado?
Observe a Jake cerrar el grifo y raudamente corrió a mi lado, tomó mi cuerpo empapado por el agua y me cargó como una bolsa de papas a su hombro.
Mis dientes castañeaban sonoramente y mi cuerpo convulsionaba  por el frío.
Intenté mantenerme alejada de su cuerpo, pero me encontraba indefensa por las ataduras en mis extremidades.
Oí la queja que hizo la pesada puerta de madera maciza al abrirse, un olor pestilente entre humedad y algo en descomposición se coló por mi nariz; Lo que provocó una bocanada de vómito con lo poco que aun conservaba mi estómago.
–¡Maldita Puta!¡Has arruinado mi playera!– el movimiento que realizó a continuación me tomó por sorpresa. Me arrojó deliberadamente en un colchón oloroso golpeando mi cabeza lastimada contra la pared. Me derribé inconsciente nuevamente, lo último que escuche…
–¡Rosalie!,¡ trae unas malditas tijeras!

CAPITULO XXII-A RÍO REVUELTO, GANANCIA DE PESCADORES.



CAPITULO XXII
RÍO REVUELTO, GANANCIA DE PESCADORES.
Parada frente a la atenta mirada de él, caminé hacia el sillón donde se encontraban mis pertenencias, que eran muy pocas.
Necesitaba ropa para salir de la clínica y de la presencia de Edward
 Necesitaba pensar.
Mierda, que fue todo eso. La presencia de Rosalie me tenía aturdida.
La escena vivida apenas unos minutos con Rosalie, el te amo y el silencio por parte de él, tenían a mi pobre cabeza patas para arriba.
– ¿Me permites tu móvil?-extendí mi mano hacia su pantalón. Me encontraba parada apenas a unos centímetros y podía percibir su dificultosa respiración, aun no se si provocada por la ira o el temor.
– ¿para que lo necesitas? Mi amor hablemos.-la expresión de su rostro me partía el corazón.
– ¿Me lo prestas o que? Sabes que puedo conseguir unió necesito tiempo. Puedes irte. Necesito pensar.- me faltaba el aire y mi corazón comenzaba a luchar por unas inoportunas taquicardias que golpeaban con fuerza mi pecho.
–Hablemos, mi amor- me rogó en un susurro. Acortó la distancia con un abrazo, el cual rechace dolorosamente y  por la forma en que me miro, le había destrozado el corazón.
–No lo pongas difícil. Necesito pensar. Tomar aire fresco.-me tendió su celular, en la expresión de su mirada podía leer la incertidumbre que le ocasionaron mis palabras. Tomó su chaqueta y al salir cerró suavemente  la puerta de la habitación.
Me senté a la orilla de la cama y con dedos temblorosos, marque el único número de la persona que me podía ayudar en estos momentos.
–Edward… ¿Qué sucede?
–Ali…soy Bella. Escucha, necesito algo de ropa. ¿Podrás hacerme ese favor?
– ¿Y Edward? ¿No esta contigo? bella, dime que pasa.-la voz de mi amiga sonaba desesperada.
–Alice…por favor. Te necesito…-exhale emitiendo un leve suspiro.
Confiaba en que mi amiga, no me iba a fallar.
Me sentía algo cansada y mareada. seguramente me hacia falta la transfusión de sangre que me había indicado Carlisle.
Gracias a dios, que nadie había regresado a la habitación, me imagino que él se los habría pedido.
El día de hoy había sido un día complicado, cerca del mediodía encontrar a mi padre, allí en la  entrada de la clínica, para conversar con Edward, la visita de Rosalie por la tarde…
Demasiados pensamientos para un día.
Por la ventana de la habitación podía observar como avanzaba la noche un tanto oscura e incierta como todo lo acontecido hasta este momento.
Me levanté algo tambaleante, me metí en el baño y tome una ducha ligera, desde el interior del cuarto, mientras secaba mi cuerpo, oí abrirse la puerta de mi habitación y la voz chillona de mi amiga que me llamaba.
Salí apresurada a su encuentro, me arroje a sus brazos y lloré desconsoladamente.
–shhhh, Bells- mi amiga me acariciaba con la palma de su mano, mi pelo.- tranquila, estoy contigo.- me sorbí la nariz con la punta de la toalla y seque mis lagrimas.- Bells, en mi bolso tienes lo que me pediste. Espero que te quede bien, no pude traer tu ropa, así que traje algo de la mía.
–No importa.-tomé su bolso y rebusque en su interior.-con este jeans y la remera, estaré bien. Me vestí con premura. Me faltaba el aire, aunque no tuviera el alta, saldría sola a caminar unas cuadras y a mi regreso conversaría con Edward, para aclarar las cosas, no me gustaba verlo así.
Seguro que todo tendría una buena explicación y regresaríamos a la normalidad.
–Alice, necesito pedirte un favor…
–Dime, ¿si puedo ayudarte?
–Necesito que entretengas a tu hermano, saldré a dar una vuelta alrededor de la clínica para tomar aire y pensar. A mi regreso te contaré lo que me  pasa.-Alice negaba con su cabeza.- Por favor amiga, dame un espacio, mientras tanto, habla  tú con Carlisle y dile que me dé el alta, necesito ver a mis hijos.
–Bella, es una locura lo que me estas pidiendo.- su rostro horrorizado, me hizo plantear por una fracción de segundo mi salida, no me pareció  lo correcto. – no lo se. Edward se enojara conmigo si te cubro en esta. Estas embarazada, Bells.
– Solo un momento. Caminaré dos o tres cuadras.-uní mis manos en gesto de ruego.– Te lo prometo, por favor, por favor.- con mi insistencia seguro mi amiga cedería.
 – De acuerdo. Solo unas cuadras. Y caminaré a tu lado, por si te sientes mal.
– Iré sola, tu hablaras con tu hermano para que te de la versión de los hechos. Necesito que averigües lo que paso.
– No entiendo ni jota.- se encogió de hombros. – Tienes solo diez minutos para despejarte.-salté a sus brazos emocionada, sabia que una vez mas me  iba a cubrir y no me  dejaría  sola.
–Prometo ser una niña buena, tomar mi medicina y quedarme aquí acostada si es necesario.- le obsequié mi mejor sonrisa.
– Ni bien regresas, te diriges al despacho de mi padre, ahí te estaremos esperando. Por favor, no hagas que mi hermano se angustie, de pasarte algo, nunca me lo perdonara. ¿Me lo prometes?
–Te lo prometo.-y sellé mi promesa con un gran y sonoro beso en su mejilla.
La observé a Alice salir por la puerta y escuché su voz mientras le pedía a su hermano de ir al despacho de su padre, argumentando que tenia que darle un mensaje mío.
 La pequeña duende era demasiado hábil, para su pobre hermano.
Aguarde unos minutos, tomé la chaqueta de Alice, sentía algo de frío, la noche cálida, cambio bruscamente para mi , como si fuera una de esas noches de invierno, presentía que algo se avecinaba y para nada bueno.
Hice caso omiso a mi sexto sentido, abrí la puerta, saque la cabeza detrás de la puerta y al ver la sala de espera vacía, me encaminé con paso seguro hasta la puerta de cristal que me conduciría hacia la calle.
Al pisar la primer baldosa, los pensamientos que  me atormentaban en mi interior, luchaban por salir.
Lo primero que necesitaba hacer con  Edward seria sincerarme.
En apenas tres pasos dados había decidido que le contaría la historia de mi segundo hijo.
No quería que los secretos, nos separaran o que comentarios mal intencionados me alejaran de mi eterno amado.
Seguramente, él me diría la verdad de ése “te amo” de Rosalie, que sonó tan vulgar.
Parecía cual zorra, le declaraba su amor a un desconocido y fuera rechazada. Una y otra vez y ella nunca se cansaba de repetírselo.
Ahora que la escena de Rose hacia acto de presencia en mi cabeza, podía ver con mas claridad, lo sucedido.
Me imagino que sacarla de ahí, casi a las patadas, lo habría hecho por mi. Había caminado solo una cuadra, en la calle no se veía un alma.
Solo un coche aparcado en toda la cuadra y abandonado.
Sonaba sólo el silbido del viento o el aullido de algún gato en celo en algún  tejado lejano.
Solo daría una vuelta al edificio.
Recién me había separado de Edward y lo extrañaba.
Alice PRO

Luego de hablar con Bella salí de la habitación preocupada.
Algo en mi interior me decía que no había cedido ante una idea brillante, más bien había firmado mi sentencia de muerte y mi hermano seria mi verdugo.
Mientras caminaba los escasos pasos que me separaban de un Edward pensativo, con su cabeza entre sus manos y sus codos apoyados en sus rodillas, dejaban al descubierto una gran congoja, podría jurar que esa sala de espera, fue testigo silencioso de la presión que padecía quien sabe porque o por quien...mi mente disparaba una pregunta seguida de una conclusión.
Al escuchar el sonido de mis tacones, elevó su rostro y conectó su mirada a la mía.
Dios, mí hermano, ése ser maravilloso que tanto amaba, tenía los ojos detrás de una incesante caída de lagrimas involuntarias.
Me senté a su lado, coloqué mi brazo sobre sus hombros.
–Hermano. ¿Que es lo que ha pasado con Bella?-sus lágrimas apresuraron su  caída libre, para luego chocar contra su rodilla o estrellarse contra el suelo.
–No lo se. ¿Has hablado con ella?¿ Te ha contado lo que paso? Ella te ha dicho seguramente  que esta confundida. No me ama.-el rostro de él, denotaba cierta tortura interior. Podía sentir por su mirada como  su corazón se desgarraba interiormente.
–No .no me dijo nada. Solo que necesitaba pensar.-no me animé a contarle sobre su salida a tomar aire.-me levanté, tire  del brazo para ponerlo de pie. Me miraba entre confundido y molesto.
–Sígueme. Conversaremos en el despacho de papá y me contaras que es lo que te tiene tan triste. Con Bells hablamos, pero mas bien me dijo que tú debías explicarme. Edward...dale un momento a solas para que analice la situación.-supongo que entendió lo que le pedía tiempo, algo que el en este momento no tenia.
Se puso de pie y camino silenciosamente por el pasillo que nos colocaría frente al despacho de mi padre, el cual veíamos la puerta a medida que avanzábamos.
Al llegar la luz se encontraba encendida, al rodear el escritorio, corrió el sillón con ruedas y se desplomó sobre él, me miraba por debajo de sus tupidas pestañas, como estudiando en su percepción que palabras usar para iniciar la conversación.
–Hace menos de dos horas Rosalie se encontraba sentada ahí-señaló mi lugar-donde te encuentras tu ahora.
–Bien.-mi mueca de disgusto paso desapercibida para mi hermano.-Pues entonces comienza a contar que mierda hacía esa zorra aquí contigo, seguro que Bella los vio.-me apresuré a inventar una escena y darle un motivo más que justificado a mi amiga, por el que necesitaba el  aire.
-¿Que dices?-me preguntó ofendido –jamás provocaría a mi mujer con otra mujer.
-No entiendo. Aclárame las cosas por que...-ni tiempo a terminar la frase cuando comenzó a soltar una palabra tras otra, sin respiro.
–Recuerdas cuando le arrojé la carpeta del informe de Jake a su rostro?
–Si-en ese momento decidí irme. la odiaba por hacer sufrir a mi hermano. Y me imaginaba que Edward me estaba a punto de dar mas motivos para desatar mi odio cargado de furia hacia la  zorra que se calaba en lo mas hondo de mis dos grandes amores.
Mis hermanos.
-La desgraciada venía a negociar, me pidió hablar a solas. La escuché por la insistente mirada de papá por miedo a protagonizar un escándalo.
–Dime que te dijo. ¡No me tengas en ascuas!
–Es muy largo de contar. Solo te diré resumiendo que me exigió que abandone a Bella, que le demuestre que la amo a ella,  porque de lo contrario nuestra vida será una pesadilla. Sabes la turra se ha aliado con Jake. Jamás en mi vida se me cruzó que ellos dos podían estar juntos y supongo que no es de ahora
El odio se iba acrecentando conforme escuchaba las palabras de mi hermano. Que bien lo había hecho, metido en nuestras vidas como una boa, deslizándose sigilosamente por años en nuestro corazón.
La consideraba una amiga desde que comenzó a estar en pareja con Emmet. Desde siempre, desde adolescentes.
Vivía prácticamente con mi hermano, convivía con todos nosotros, que ciega había estado.
Aún no logro entender como dormía con Emmet y amaba a Edward en silencio.
La odio.
Ahora cierra todo. La escena en la cabaña, cuando debíamos proteger a Bella, el alejamiento repentino de la familia.
Solo me atreví a preguntar en un susurro…
– ¿Pero Jake -que papel jugaba en todo esto. Aun no podía atar los cabos sueltos.
Me perdí en mis pensamientos. Me di cuenta cuando mi hermano me pregunto.
– ¿En que piensas Alice?
–No entiendo como encaja Jake en todo esto. Y si tu hablaste con Rosalie… -pronuncié su nombre con mi mandíbula apretada- aquí, como es que Bella se siente tan confundida.
Mire mi reloj pulsera y Bella seguramente se encontraría recostada en su habitación. Había pasado más de treinta minutos desde que salí del cuarto.
–Alice es que no te he contado lo mas relevante-su rostro se contrajo como si reviviera ese momento-cuando regresé a su cuarto, luego de buscar a papá para contarle lo sucedido, me encontré con Rosalie en el momento justo que hablaba con Bella, actúe por impulso como un troglodita, la tomé del cabello con fuerza y la arrastre fuera de la habitación-mientras me confesaba su comportamiento, se puso de pie y apoyó sus nudillos sobre el escritorio del despacho.-y la muy hija de puta me soltó en la cara que me amaba en la presencia de mi Bella. Cuando reaccione, Bella me miraba sorprendida, intenté abrazarla y me rechazo. -me partió en mil pedazos al ver aguarse sus ojos.
–Dale tiempo, hasta que lo asimile.-trate de darle esperanzas. – veras que todo va a volver a estar como antes. Esta muy  sensible y extraña a sus hijos. Trata de ser comprensible.
–¡Alice por dios! ¿Te parece que no soy comprensivo? me ha pedido tiempo y se lo he dado contra mi voluntad. Me ha pedido el móvil y se lo he dado sin preguntar a quien llamaría. Te parece que no lo  soy. Maldita sea-pegó un grito y golpeó su nudillo sobre la madera. Ocasionando que me sobresaltara, asustándome por el impacto ensordecedor.
Carlisle ingresaba al despacho con un gran pesar en su rostro, no sabia si era por el cansancio de su guardia o por algo que lo preocupaba.
–Hijos… ¿que esta pasando? desde el pasillo se escucho el grito. ¿Y Bella?- preguntó, realizando un rastrillaje con su mirada por todo el cuarto.
–En su habitación-le respondí inmediatamente. De reojo observé a mi hermano. Sus ojos se entrecerraron en señal de agonía y confusión.
–Vengo de allí. Pase a ver como se sentía y estaba totalmente vacío.-me puse de pie como impulsada por un resorte y salí velozmente hacia la habitación, con los dos hombres pisándome los talones.
Al corroborar los dichos de mi padre,  solté una frase en apenas un susurro.
–Solo serían diez minutos.-dos brazos musculosos se aferraron a los míos exigiéndome entre sacudidas que repitiera lo dicho.
-Edward. Me lastimas.
–Que sabes de Bella. ¿Donde esta?
–No lo se.-mis lágrimas comenzaron a brotar, no se si por el dolor punzante en mis brazos o por haber ayudado a mi amiga.-Solo dijo que tomaría un poco de aire. Que saldría diez minutos.-comenté como argumentando una disculpa inocente.
– ¿Alice en que mierda estabas pensando? es de noche-caminaba como un poseso por toda la habitación, rastrillando su pelo alborotado.
–Salgamos a buscarla.-sugirió mi padre. alertemos a la seguridad del edificio, quizás se encuentre en el inmueble dando vueltas.
–Cuando Bella aparezca. Tu y yo tendremos una charla-su fría mirada me calo hasta los huesos. Mi amiga me había fallado. Ella también tendría una charla conmigo.
Salimos los tres rumbos a la calle.

Bella PROV

Conforme avanzaban mis pies, mi cuerpo se alerto ante un inminente peligro, me planteaba si realmente había sido buena idea salir a tomar aire, de noche, sola y en un vecindario que no conocía.
Las posibilidades de pedir ayuda, se reducían a la misma nada, en caso de que me pasase  algo.
Intenté ignorar las señales de mi cuerpo, ante un inminente ataque de pánico, la noche estaba muy oscura y solo se escuchaban mis pasos sobre la acera.
Caminé inmersa en mis cavilaciones, a mi regreso le hablaría de mi hijo, le pediría perdón y le imploraría de ser necesario que me lleve a la casa de mi madre a ver a mis hijos.
Luego me iría con él a realizar ese famoso y anhelado crucero por las costas de Europa y definitivamente disfrutaría de su compañía y mi embarazo.
Apresuré mis pasos para regresar a la clínica.
De pronto me encontré en el suelo, húmedo por el rocío de la noche, mi visión se torno borrosa y la oscuridad de repente apareció ante mí.

Rosalie PROV

– Conoces la salida.- las palabras indiferentes de Edward habían sacudido a la perra mal nacida, que aguardaba  en el fondo de mi alma para salir a destruir todo a su paso. Sus gélidas palabras la habían despertado de su eterno letargo.
Al encontrarme sola en el despacho de mi ex suegro, la mente de la perra envidiosa, comenzó a trazar su maléfico plan, en un principio era solo contra Bella, pero ante su rechazo y demostrarme que aun la amaba por sobre todas las cosas, él también seria incluido en la venganza, en la dulce y perniciosa venganza.
Mi paso seria buscar a Bella y ponerla al tanto de la situación, lógicamente que le contaría lo de aquella noche, la noche en la que ella se enredo en los brazos de Jacobo y yo me deleitaba entre los de Edward, aunque disfrazaría un poco la realidad de ese día, total ella no tenia posibilidades de dudar de la veracidad de mis palabras.
Sembraría la duda.
 Y en una mujer en la cual su autoestima estaba por debajo de lo normal, iba ha resultarle muy fácil hacer tambalear su historia de amor montaba sobre palillos de escarbadientes.
Con paso decidido ingresé a la habitación en la que se encontraba Bella, intenté saludarla lo mas dulce que mi mente puso en práctica.
Ante una sorprendida Bella, comencé a contarle lo que tenía pensado, cuando no se de donde, un Edward furioso arremetió contra mis cabellos, sacándome a la rastra del lugar.
Bronca, odio, ira, venganza, todos los sentimientos luchaban por entrar a mi alma.
Victoria, gritaba la venganza.
Salí triunfante del lugar.
Ejecutaría el segundo paso a mi dulce desquite.
Desactivé la alarma de mi coche, me senté en el asiento, con la respiración algo agitada como mi interior.
Tenía en mi mente miles de posibilidades para llevar acabo mi plan.
Una risa escandalosa y  maquiavélica surgió del interior de mis cuerdas vocales inundando el interior del coche.
Cuando mi agitado  pecho recupero la compostura, me sentí como un cruel roedor.
Lo disfrutaba, escondida entre las sombras, esperando la oportunidad para regodearme entre la mugre, entre la miseria ajena.
Aun no tenía planeado como.
Un destello de inteligencia, atravesó mi mente.
El plan iba tomando forma.
En unos segundos, llamé a mis asistentes, les indique que tomaran de mi escritorio una nota para Charlie para trasladar a Jake a una clínica psiquiatrica y les ordené que le colocaran una camisa de fuerza para que el circo montado fuese más creíble.
Una vez que Jake estuviera en la camioneta, debía comunicarse conmigo.
Al cortar la llamada. Me sorprendí ver a una Alice totalmente apurada por ingresar a la clínica cargando en su brazo, más bien al hombro, una mochila.
Mi próximo movimiento dependería de la llamada de jake.
Pero como dice el dicho…”uno propone y Dios dispone”
Sonreí ganadora ante la pequeña figura que descendía la escalinata de la clínica.
Maldita buena suerte.
A la mierda con Jake. Cambio de planes en el acto.
Esperé agazapada en el interior del coche, haciendo tiempo, por ver la salida del maldito Cullen tras su amada.
Debo reconocer, que sentí decepción al comprobar que el hidalgo caballero, no corrió tras su damisela en apuros  y que mas  me sorprendió al ver que ella comenzaba a caminar y sola.
Bendita sea mi suerte.
Al verla doblar la esquina, encendí en silencio el rodado, lo adelanté hasta la bocacalle y me digné a esperar, cual rata de alcantarilla.
Si mis cálculos no me fallaban, Isabella tendría que desandar sus pasos para volver a la clínica.
Y luego de unos minutos, vi la figura escuálida de la mujer, con pasos acelerados, como si percibiera mi presencia.
Me quité mi zapato de tacón, descendí del vehículo a  prisa  y en un rápido movimiento, incrusté el tacón de mi zapato en su cabeza con un golpe certero, dejándola tendida en el suelo.
Su cabeza sangraba.
La tomé de ambos tobillos.
La jalé   por el suelo humedecido, unos pasos, dejando un camino de sangre que pintaba su cabello por el arrastre.
Abrí la puerta trasera del coche, la tiré en el interior, sin una pizca de mortificación por el solo hecho de saber que estaba esperando un hijo.
Mierda, mañana debería llevar a lavar el tapizado, que quedaría manchado por su sangre.
Me estiré desde el asiento trasero hacia la guantera, tomé una cinta adhesiva de embalaje, amordacé su boca y uní sus manos juntas y la misma acción realicé con sus pies.
La princesa, la mimada de Edward, la  muy puta había perdido el conocimiento.
Me senté frente al volante y encendí el coche.
Una sonrisa perniciosa  asoma por mis labios.
Teniendo a Bella en mi poder, disfrutaba el triunfo sobre Edward.
Retomé la marcha hacia nuestro destino, iríamos a un lugar alejado, a las afueras de la ciudad.
Cuando había avanzado varios kilómetros, ha pocos metros de salir de la ciudad, sonó mi móvil.
Verifique el número de la llamada entrante y conteste.
–Rose, amor mío.- el muy idiota de Jake me hablaba de manera libidinosa, decidí seguir su juego.
– Hola mi amor. Me alegra escucharte. ¿Recuerdas la casa en donde teníamos nuestros encuentros amorosos?
–Como no recordarlo.
–Me encuentro a dos horas de ahí. Dile a mis hombres que te den la camioneta y ven.
–Tus deseos son órdenes para mi, mi reina.
–Tengo un regalito para ti.-corté la llamada y volví a carcajearme.







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